Rabosos

 

Por Carlos Alberto Ospina M. (foto)

Uno de los viejos trucos de las facciones radicales consiste en victimizarse a sabiendas de atropellar la razón y el sentido elemental de las justas proporciones. Alegan haber sido engañados con la firma de los acuerdos diseñados a su medida; a un tiempo, en tono dudoso, acusan de traidor al Estado Colombiano. Siempre adquieren el antifaz de martirizados e incomprendidos. El drama, la puesta en escena, el mostrar indignación por los yerros ajenos y, por el contrario, justificar maliciosamente los delitos cometidos, forman parte de su camuflado discurso de odio.

La imposibilidad moral de la nueva banda criminal, apoyada por un grupo de intelectualoides de oficio, alimenta la lucha de clases para justificar sus ambiciones de poder, en vez de modificar la base de la inequidad e injusticia social. Aquella idea tan solo aplica para crear otro código de absolutismo que siembre la animadversión y la radicalización, ésta sí, con fines de legalizar el delito y desconocer el Estado de Derecho. De ayer a hoy el anuncio de Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez, trae el lápiz de plomo, sin borrador, de las 198 medidas de aseguramiento y 28 condenas. ¡Qué manos tan limpias!

Resulta inverosímil que alguien de esa calaña acusado de delitos de lesa humanidad se atreva a exponer su “recta conciencia” para plantear varias leyes de la moral con el fin de “instalar en el Palacio de Nariño un nuevo gobierno” * (YouTube, video Rearme de un sector de las Farc. 29 de agosto de 2019). La verborragia de mínima calidad poética a la que recurrió en la arenga de titularidad como comandante de la escisión de las Farc, muestra el fondo de su psicopatía. Dicho mensaje invita a “un gobierno eminentemente popular, eminentemente justo, eminentemente moral que encadene la opresión, la anarquía y la culpa. Donde reine la inocencia, la humanidad y la paz.” *  Además, se aventura a colgar la perla del amor y el “compromiso colectivo de nunca más”. ¡Qué patología tan brava! se observa en un individuo que no rindió cuentas ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) ni dijo la verdad y menos aún, pidió perdón a las víctimas del conflicto armado. Así mismo, ignoró otro de los sustentos del Acuerdo de La Habana, no volver a reincidir; es decir, rearmarse.

Sólo, Iván Márquez, se cree el papel de arquetipo al estilo de Robin Hood que llegó a salvar a los hambrientos de la dominación. En verdad, se trata de un forajido folclórico con graves alteraciones de conducta y torcidas percepciones de la realidad, el cual exhibe su iWatch de Apple, reloj inteligente de $1.500.000, al momento de invitar a acabar con la pobreza. El “héroe” ilustra su patética actitud mafiosa que, dice delinquir, para repartir las migajas y quedarse con el oro.

En reiteradas columnas periodísticas he dicho que el acuerdo firmado con las Farc no significa ni representa la paz integral de la nación. Sí, encarna una línea más de los múltiples fenómenos de violencia que hay que subsanar con base en el Estado de Derecho, la justicia social y la Constitucional Política. La normatividad actual no es perfecta y en materia de la JEP, tampoco está exenta de errores o de sufrir paquidermia en la toma de decisiones fundamentales, tales como los incidentes de desacato, determinación de los hechos, reconocimiento u órdenes de captura. La Justicia Especial para la Paz, elevada a norma constitucional, debe afinar los procesos y los procedimientos relacionados con el componente del Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición. ¡Basta ya! de dilaciones argumentando tiempos y recursos interpuestos por aquellos que comparecieron ante la JEP. El Paisa, Romaña, Santrich e Iván Márquez; entre otros que traicionaron, ellos sí, las garantías ofrecidas por el Estado de Derecho deben ser capturados y juzgados a la luz de la jurisdicción ordinaria. No más manoseo del pacto firmo entre las Farc y el gobierno de Santos Calderón que, dicho sea de paso, en el video de marras el exgobernante, Juan Manuel, es señalado de mentiroso e impío.

La presidente de la JEP afirmó que “las partes han venido cumpliendo”, léase en términos del actual gobierno y exmilitantes de las Farc. En la página Web del Tribunal Especial encontramos las cifras que dejan sin piso algunas afirmaciones de los rearmados:

Es claro que no se puede juzgar al calor de las redes sociales, la presión de la opinión pública o bajo la sombrilla del escándalo mediático y mucho menos, adoptar medidas cautelares en el marco del Caso 01 que, se refiere al secuestro, argumentando proteger los derechos de todas las víctimas. ¿Acaso, esa Sala no cuenta con otros recursos e instrumentos legales diferentes a los esbozados? El 29 de agosto de 2019 la Sala de Reconocimiento de Verdad, de Responsabilidad y de Determinación de los Hechos y Conductas de la JEP a través del auto 184 “ordenó revocar el beneficio de la suspensión de las órdenes de captura y de las libertades condicionales a los comparecientes vinculados en el caso 01 que aparecen en el video conocido por la opinión pública y en el que anuncian su rearme.

A Iván Luciano Márquez Marín, Henry Castellanos Garzón, José Vicente Lesmes y José Manuel Sierra Sabogal se les revoca el beneficio de la suspensión de las órdenes de captura y las libertades condicionales, beneficio que obtuvieron tras la firma del Acuerdo de Paz. En el caso de Seuxis Paucias Hernández Solarte, la Sala revoca también este beneficio y se une a la orden captura que expidió en días pasados la Corte Suprema de Justicia contra el exjefe guerrillero”. (Comunicado 122 de 2019, La JEP adopta medidas cautelares y ordena captura de exmiembros de FARC que se rearmaron).

La paz no estriba ni pende de las amenazadas de las disidencias de las Farc. Existe la necesidad de bajar al tono falsario, rechazar las injurias vía twitter, rebatir la teoría de la conspiración a cambio de la armonía entre los colombianos, eliminar la incitación al desorden, cuestionar la radicalización de las contradicciones, controvertir los titulares de la prensa amarillista y dejar de especular sobre escenarios caóticos.

Debemos poner fin al discurso del aborrecimiento promulgado por los extremos políticos, a las bodegas de falsas noticias y a creernos de mejor familia que el otro.

Las dos vertientes de las Farc: Una por fuera de la ley proclamando el terrorismo, el tráfico de armas, la explotación ilegal de oro, la destrucción del medio ambiente, el narcotráfico y el concierto para delinquir de la mano del ELN. Por su parte, el partido político Fuerza Revolucionaria del Común con más del 90% de los excombatientes, luce reflexivo sobre las dificultades en la implementación de acuerdo; no obstante, afirma seguir en el proceso de paz y en la JEP.

Iván Márquez en nombre de los deshilachados y rearmados habla de “fragancia y de piña madura”, más bien quiso decir Maduro, con el objeto de justificar una segunda Marquetalia, dizque, bajo el amparo universal de levantarse en armas contra la opresión. El Partido Político y la nueva banda delictiva cuentan con las normas legales vigentes, la Constitución y el Estado de Derecho, cada uno recibirá lo que merece en vista de sus actos.