· De Gilmer Mesa, editó Random House.
Aranjuez era para mí el barrio del Manicomio de Medellín, donde había muerto el tío Joaquín, el ebanista, abuelo de Memo Gardeazábal, quien murió ahogado en Juanchaco.
Aranjuez era el barrio donde el doctor Uribe Calad, el papá de Amparo, la Reina del Mar de 1947, que casó con Eduardo Sarmiento Lora, el hijo menor de don Jesús, el hombre más rico de Tuluá, tenía el Manicomio donde encerraban a los locos de Medellín.
Aranjuez era el barrio por donde pasaba el tranvía en el que me montaron la primera vez que me llevaron a Medellín y, cada que el tranvía iba o venía para visitar a la tía Mercedes que vivía en Manrique, me tenían que repetir que ese era Aranjuez y que ahí estaba el manicomio del doctor Uribe Calad, el abuelo de Jesús Eduardo, el único hijo que tuvo la Reina del Mar con el putañero de Eduardo Samiento, al que le injertaron un pedazo de nalga en la nariz para componérsela porque se la había arrancado la noche en que se chocó borracho cuando iba para Piamonte con el carro lleno de putas más borrachas que él, pero menos locas que las pacientes de su suegro en el Manicomio de Aranjuez.
Ese era mi Aranjuez y no el hervidero de malandros que la mala prensa lo volvió con los años hasta convertirlo en un barrio maldito. Era Aranjuez en mi cerebro octogenario hasta que leí las novelas de Gilmer Mesa y recordé que en ese barrio también vivía Ester, la mamá del Loco Arroyave, el de Millos, la que siempre vestía de negro guardándole luto a los hijos que se llevó la muerte cuando su marido era alcalde de El Bagre.
Vestía de un negro extraño, como deben cubrirse los fantasmas cuando salen al mundo que se los inventó. Era toda de negro, bañada en el dolor, como se visten la colección impactante de mujeres de Aranjuez en la última novela de Gilmer Mesa, LOS ESPANTOS DE MAMÁ, editada por Random House.
Una novelota berraca y abrumadora, la que recomiendo tratar de leerla aunque advierto que está escrita en el estilo de cantaleta que Fernando Vallejo volvió escuela literaria, imponiéndoselos a las narraciones antioqueñas. Gracias. (Opinión).
Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.


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