15 julio, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Qué lee el maestro Gardeazábal: Alpe d´Huez

Gardeazabal

 De Ricardo Silva Romero, editado por Alfaguara

La novela experimental en Colombia hacía dias que no se veía. Ricardo Silva Romero, el mesurado y sufrido columnista de El Tiempo, que había intentado en el pasado acercarse tímidamente a variantes posibles de la narrativa lo ha logrado paradójicamente con este libro, tan pero tan colombiano, pero sobre la carrera de ciclismo más universal, el Tour de Francia.

El tema central es la hazaña de Lucho Herrera, el ciclista nuestro que subía cuestas con la misma facilidad con que los viejos sabemos rodar loma abajo, cuando ganó la etapa reina de ese certamen, en la cima de Alpe d´Huez, el 16 de julio de 1984, hace 40 años.

La narración está montada como si el autor llevara una cámara para filmar a los actores principales del episodio, el ciclista Herrera, un par de locutores que transmitían con técnicas prehistóricas desde la carretera para el Grupo Radial Colombiano, usando hasta teléfonos públicos de moneda, un ciclista holandés a punto de retirarse y, obviamente los dos grandes derrotados de aquel día, Bernard Hinault y Laurent Fignon. Sobre ellos construye una trama tan apasionante como lo fue esa carrera para millones de colombianos que nos paralizamos viendo al de Fusagasugá ganarse lo imposible y le resulta una novela cojonuda, aunque solo la puedan entender los colombianos que vibrábamos entonces (y ahora muchos todavía) por nuestros ciclistas. Es una novela novedosa, salpicada de la poesía filosófica del agradable columnista de los viernes en El Tiempo.

Obviamente la prolonga quizás en demasía con historias paralelas poco interesantes, pero mientras mancha de humanidad común y corriente a sus personajes consigue momentos de apoteosis trascribiendo las narraciones de los locutores en plena carretera.

Leerla es revisar un mito moderno colombiano que a los muchachos de ahora poco o nada les interesa y a muchos mayores de 40 años no les gusta recordar porque se sienten viejos.

Es una novela para aplaudir. Es la demostración de que los historiadores narran lo vivido y a los novelistas nos corresponde mitificar las hazañas.

Escuche al maestro Gustavo Alvarez Gardeazábal.