Postergada coherencia

Por Carlos Alberto Ospina M.

La credibilidad supera el sentimiento de identificación con alguien. La fragilidad de lo probable está ligada a la conexión del discurso, a la sensatez de las expresiones, a la fidelidad y a la libertad de acción.

La locución coloquial, “más claro que el agua”, sintetiza que uno es consecuente con los principios; en oposición, a la persona veleta que, cambia de dirección, según los soplos favorables o adversos. No hay que ir muy lejos para sentir u observar los comportamientos mudables, no adaptativos, de ciertos individuos que arrastran el barro de la inmoralidad.

En procura del efímero poder, el dinero y la egolatría algunos le venden su alma al diablo, hacen pactos secretos con los enemigos, denominándolos “nuevos mejores amigos” y, de la noche a la mañana, sufren la metamorfosis de la transparencia y la pulcritud en la conducta. Esto huele a imputado.

En diferentes ámbitos de la vida social, la capacidad de fingir desprecia la disciplina de las relaciones públicas y el buen trato. Para alcanzar el reconocimiento y la aceptación, el método actoral consiste en aparentar una sonrisa y escupir un abrazo, aunque manche la dignidad de los demás.

Las excusas van y vienen acicaladas a la manera enmienda, la brújula gira de un eje a otro extremo, perdiendo el tino en la supuesta coincidencia ideológica, la forzada empatía y el juego de naipes que apuesta al ganador. Farsantes, aduladores y fantoches sin carácter mezclados sobre las heces de la ambición desmedida.

La inconstancia y la hipocresía entorpecen varios procesos, dilatan decisiones, abusan de la necesidad del otro, promueven la subordinación y dan a morder el polvo a quien pretende superarlos con base en criterio y personalidad. Utilizan el verbo transitivo manosear para ponen el complemento de liberación, verdad absoluta, oposición, nuevo paradigma, inclusión, proceso interno o “me cansé del estado de cosas”.

Engañar a cualquiera o ser blando a nivel de las normas representa los tipos de corrupción. Atentar contra el amor propio y destruir la confianza mutua; manipular el sentido y el significado de los hechos; estrujar cuerpos y oprimir almas; calumniar e injuriar; condenar sin juicio previo ni presunción de inocencia; bombardear pueblos e iglesias repletas de feligreses u ocultar los daños “colaterales” de unos operativos; desaguar en lecho forastero y enfriar la cama propia; tomar el yogur y romper la bolsa de los aguacates en el supermercado; robarse la herencia y asentarse en propiedad ajena; reclutar niños para la guerra y pasar de agache en relación con los delitos de lesa humanidad; validar la destrucción de los bienes públicos y excusar a los  infiltrados en las marchas; alabar a Dios antes de matar, y proceder como confesor y pedófilo al mismo tiempo; en pocas palabras, como raza humana no existe conformidad de lo que se dice con lo que se piensa.

Enfoque crítico – pie de página. Tanto baboso que anda por ahí enarbolando la bandera de la “verdad moral” y solo consigue rayar la caricatura del amor excesivo a sí mismo.