11 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Por un nuevo humanismo

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Dario Ruiz

Por Darío Ruiz Gómez 

Lo que quedó de la sociedad de la Alemania Oriental después de la caída del Muro de Berlín fue una sociedad ultratraumatizada por la sospecha de seguir espiada, lo cual era cierto, y lo cual causó la más desoladora de las tristezas humanas, no tener amigos o sea no contar con confidentes sino estar rodeados de espías del Partido.

Tal como lo explicaba un analista venezolano, el chavismo se ha infiltrado de tal manera en ciertos sectores populares que les ha dado armas y los ha convertido en gendarmes capaces de denunciar incluso a un adolescente de diecisiete años, vecino de barrio, condenándolo como “enemigo de la revolución” a catorce años de cárcel. Este caso ya lo habíamos visto en sociedades totalitarias como la nazi o la comunista donde los hijos denunciaban a sus padres acusándolos de contrarrevolucionarios.

Hablamos del régimen madurista y nos atenemos a esos grotescos funcionarios y militarotes que ilustran la destrucción de una nación, la presencia de un autocratismo sin darnos cuenta hoy de por qué en esta sociedad pauperizada que apenas logra sobrevivir con un dólar al mes se aplicaron y siguen aplicando las técnicas de espionaje, de represión a través de tecnologías de punta, introduciéndose en los WhatsApp, cortando el internet, y esto, paradójicamente aplicado no solo en las esferas de los grupos de represión si no armando a los vecinos de barrio para convertirlos en ciegos guardianes de la dictadura.

¿De dónde provienen estas tecnologías sino de Xing Pin y Putin? ¿Contraste o burla por parte de los representantes de un totalitarismo que por fortuna ha sido detenido en su intento de convertir a Venezuela en un territorio estratégico para sus políticas de expansión?

La denodada tarea de los intelectuales maduristas asesorados por españoles de izquierda, kirchnerianos, colombianos para destruir la “universidad burguesa” contó por suerte con una imbatible resistencia y hoy podemos comprobar que el pensamiento libre no logró ser sofocado, que el cordón umbilical que nos une con el legado del Humanismo Occidental tampoco lograron eliminarlo en su intento de instaurar un colectivo de filósofos con metralleta. Andrés Bello está más presente que nunca ya que la única identidad como seres humanos la dan la justicia y la lengua donde se aloja la memoria responsable.

El Helicoide que fue la muestra del desarrollo de una urbe moderna convertido en el más horripilante centro de tortura. Solamente las mazmorras de Bashar al Asad pueden igualarse a esta ignominia donde las bestias se dedicaron a toda clase de desmanes.

Andrés Bello, hijo preclaro de la Ilustración – al igual que Simón Rodríguez- para la construcción de la República colocó en primer lugar la educación para salir de la esclavitud de la ignorancia llevando a pensar, a discernir para lograr el entendimiento entre los seres humanos y superar la condición del primate tal como el mismo Bolívar lo profetizó.

Delcy y su hermano, Diosdado, Padrino son no el primate sino la perversión de la especie humana y su extensión en Colombia con toda la cúpula del ELN, de las Disidencias, íncubos, súcubos, lascivos, muertos escapados de sus ataúdes en una noche de Walpurgis que al menos en Venezuela, ha terminado.

Pero la captura de Maduro ha dejado al descubierto lo que la internacional del madurismo había ocultado al mundo: una trama de adictos al espectáculo de la tortura de seres humanos, una fétida distopía cuya versión colombiana apenas empieza a ser conocida en todas estas dimensiones de lo que supone el degüello, el descuartizamiento, las ejecuciones en masa por parte de criminales del narcotráfico, los niños abusados, las nuevas tecnologías de la represión. Acabar con todo esto fue lo que Trump en la conversación telefónica le exigió a Petro. Nada más.