¿Por qué será que a algunos colombianos nos cuesta tanto trabajo hacer lo correcto?

Por Luis Guillermo Echeverri Vélez (foto)
Documento de reflexión. Hacienda Caballo Bayo.

La calidad de una democracia se conoce cuando los ciudadanos valoran la libertad, cumpliendo con sus obligaciones, antes de salir a reclamar sus derechos o cercenar los derechos de los demás.
Apenas empezamos a ver una pequeña muestra de la magnitud del desorden en que el gobierno anterior dejó al Estado colombiano. Cada día aparecen más compromisos y se incrementa el tamaño de la cuenta social, cultural y económica, que no dejaron con qué pagar.
Entre tanta “culebra” heredada, los críticos en los medios, con contadas excepciones de algunos periodistas cultos, responsables y equilibrados, le tiran al alma al nuevo gobierno y sus áulicos solo repiten como loras mojadas que la culpa es del nuevo presidente que no logra poner la paloma a volar. Sin embargo, les cuesta trabajo pensar en las preguntas que nos deberían ocupar a todos los ciudadanos de bien:
– ¿Cómo hago para obrar correctamente, como un ciudadano de bien?

– ¿Cómo ayudo a mis compatriotas a tener para todos un Futuro con progreso?

– ¿Qué vamos a hacer cada uno de nosotros por Colombia?
Esta sociedad no está pensando en “dejar de beber”, sino más bien a quién echarle la culpa del dolor de cabeza que produce el guayabo después de una juerga de 8 años. Pauta y contratos aseguraban que el gobierno y los delincuentes fueran unos “Santos”, unos héroes campeones de paz. Mientras, el líder de la oposición democrática representaba al demonio, al mal, y fuera quien resultara acusado de todo lo malo que sucedía en Colombia. (Lea el documento de Luigui).

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