30 Mayo, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Pilladas

Por Carlos Alberto Ospina M.

“Tuve que abandonar la vereda junto a mi marido, porque un grupo paramilitar nos sacó a las patadas de allí”.

“Voy aprovechar estos dos días de paro para hacer  una vueltica en Jardín, porque el fin de semana me gusta descansar”.

A simple vista esas dos frases no tienen nada en común. La primera, al parecer, es un relato más de la violencia que lleva a cuestas la nación. La segunda oración, apunta a sugerir el aprovechamiento del tiempo por parte de una persona determinada.

A decir verdad, esas situaciones revelan un alto grado de corrupción dado que, el trasfondo de las historias, está marcado por la mentira y el sacar utilidad de los recursos públicos en provecho propio con fines indecentes.

Luzdary, omito su identidad, la aparente desplazada, logró el reconocimiento como víctima del conflicto armado en Colombia al igual que 7.227.885 sujetos de atención y reparación directa del Estado. La mañosa movida que busca la indemnización administrativa para ella y su compañero, gusta del mismo carácter camuflado que, aquel uniforme de las Farc, que ambos portaron por años.

La confrontación armada por el control territorial en el Bajo Cauca antioqueño entre el ‘Clan del Golfo’, los ‘Caparrapos’, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc), los ‘elenos’ y los disidentes de los antiguos frentes 18 y 36 de las Farc, pone en el escenario de horror una disputa de gran calado. Seis años atrás, Luzdary, dominaba con propiedad los corredores de movilidad entre el sur de Córdoba y el Nudo de Paramillo. La pareja de combatientes disfrutaba de una doble vida. En el día, ordeñaban vacas y en la noche, se las robaban.

Esa combinación de roles de simples campesinos a perpetradores de mecanismos violentos de control social en el Bajo Cauca, les permitió colarse en el Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas, SNARIV.

Olga, también prescindo de su nombre real, es profesora de primaria en un colegio público del barrio San Javier de la Comuna Trece de Medellín que, en la actualidad, sufre desplazamientos forzados, asesinatos y reconfiguración de algunas bandas delincuenciales. A ella, poco le importa el derecho fundamental de los niños a la educación y la cultura, puesto que el paro de maestros es la ocasión ideal para adelantar una diligencia personal en el suroeste antioqueño.

¡Caradura y desvergonzada! Enarbola la bandera sindical en las redes sociales por el “respeto a la vida y los profesores amenazados” sin importarle un cuerno dejar a la deriva a los alumnos y a los padres de familia. La docente, indecente, prefirió idear un “puente festivo” de jueves a domingo y deleitarse con la juntada de ombligos; en lugar de transformar el país a partir de la formación. “Defendemos la vida, la paz y la democracia. Reivindicamos la escuela territorio de paz”. De las palabras a los hechos existe una profunda incoherencia; a tal punto, que el presidente de la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, Fecode, Nelson Javier Alarcón Suárez, afirmó en su discurso que “entre todos está la solución”. Palomo ladrón que mientras más posee, más desea, engatusando a unos cuantos durante el tiempo que, otros, están de viaje.

La exguerrillera se beneficia de la oferta institucional, los servicios, los planes, los programas, los proyectos y la indemnización reparadora a las víctimas del conflicto armado. Las fallas de validación e identificación son responsabilidad absoluta de la Unidad para la atención y reparación a las víctimas. Luzdary y su hombre, demuestran la ausencia de contextura moral, ¡les importa un rábano el orden jurídico! Ya entiendo la expresión de “aquí te pillo, aquí te mato”.

En las marchas proliferan las vallas de “dignificar y triunfar” y “docentes orientadores”. ¿Instructores de qué y para quién?, cuando sus intereses personales no respetan el derecho fundamental de los niños a la educación. Mucha habladuría para quitarse unos a otros de las manos el botín, a la vez que varios cierran las aulas para irse de paseo.

Lo digo deletreado: atrevida simulación de compromiso social, apariencia sindical e incongruencia. Por esto, a otra cosa, mariposas, Olga y Luzdary, aún hay tiempo para deshacer el engaño.

Enfoque crítico – pie de página. La Comisión de la Verdad de la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, recibió la declaración del corrupto y cínico, Ernesto Samper Pizano, expresidente puesto por el Cartel de Cali. Con base en su conducta mitómana y descocada, otra vez, se lavó sus sucias manos aduciendo que “efectivamente comenzaron a llegar cantidades de cheques y cantidades de dinero en efectivo que nosotros entendíamos que eran el resultado de la monetización en pesos de los recursos que ya estaban comprobado que estaban recogidos en Estados Unidos. Sin embargo, los recursos que estaban ingresando eran los recursos que habían convenido los administradores de la campaña que entrarían de parte del Cartel de Cali … pero todo lo manejó y se quedó en la cuenta bancaria del director de la campaña, Fernando Botero Zea”. (Sic) (Comisión de la Verdad, Bogotá 20-02-2020) No le sirve ni hacerse el tonto, aunque cara sí…

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