26 septiembre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Periodistas e información ¿quién es el protagonista?

Por Claudia Posada

Mientras los periodistas no aterricen en su compromiso con la información y las audiencias, seguirán cual arrogantes actores de los medios, saliéndose de los parámetros de la verdad y confundiendo con sus posturas insolentes. Es la información y no el informador el protagonista. El periodismo viene perdiendo rápidamente credibilidad, hasta el punto que, a la par con la clase política, entre los ciudadanos crece la desconfianza con respecto a este y a ellos. Es triste aceptar que cala más entre la gente del común lo que les llega a través de redes sociales, que lo transmitido en medios tradicionales, masivos o alternativos, llámense radio, televisión, revistas, diarios impresos o virtuales. El periodismo tiende a desaparecer como oficio que canaliza la información para entregarla completa, veraz y oportunamente, enmarcada en las técnicas que garantizan comprensión del mensaje, de acuerdo con los formatos y canales.

Y somos los mismos periodistas, profesionales y empíricos -buenos, malos y regulares, como los hay en todo oficio- quienes estamos cayendo en pecados contra el ejercicio cabal del periodismo. “Vender” información, amarrada al deseo del “comprador” de la divulgación, sin la suficiente claridad del rotulo “Informe empresarial pagado”, o “Publicidad Política Pagada”; lo mismo que hacer opinión en formato de información, son, entre otras, maneras carentes de ética profesional. Y ni qué decir de tomar decisiones amañadas o por presiones políticas para el manejo y dirección de contenidos. Es lamentable que se trate de estar al día en tecnología de la información periodística, mientras al igual se trasladan los vicios más aberrantes del oficio a las nuevas modalidades.  Lagartería, tergiversación, lambonería, son algunas de esas mañas detestables en quienes, por lo demás, dicen ser coherentes con sus deberes. Más parece que en sus escalas de valores y ética, hay tal distorsión que la conciencia no se les altera con actuaciones a todas luces vergonzosas.

Nos están ganando las redes sociales con el sartal de mentiras que se inventan, con sus difamaciones, con la utilización del ingenio y la creatividad para sembrar dudas, y lo peor, consiguiendo credibilidad a punta de generar y alimentar odios.

Por lo demás ¿cómo interpretar el episodio reciente de la discusión entre Vicky Dávila y Hassan Nazzar? Una entrevista en vivo en la que se ultrajan, demuestra el grado de mordacidad, ínfulas de protagonistas, o desapego al compromiso con quienes nos debemos; totalmente irrespetuoso con las audiencias lo sucedido al aire; y no se trata de juzgarlos a ellos, se trata de empezar a pensar que, somos humanos e irritables, por lo tanto nos sacan de casillas si nos tocan ciertas fibras, pero es insoslayable controlarnos para no pasar del campo de la información al de la confrontación personal. Recordemos aquella sencilla formula que impide desbordarnos: Qué, Cuándo, Quién, Dónde y Por qué. Eso de meterle componentes personales a los contenidos, hay que dejárselo a las columnas de opinadores. La información responsable y seria debe llegar a las audiencias limpia de particularidades insidiosas, tales trampas malintencionadas dejémoslas a las redes sociales malignas.