Pequeño secreto

 

Por Carlos Alberto Ospina M.

Los derechos fundamentales a la privacidad y a la libertad civil se desvanecen en medio de la revolución tecnológica y el peligro de inexactitud de las diferentes bases de datos de reconocimiento facial.

“En la actualidad, cientos de millones de información personal de los estadounidenses son recopiladas por entidades privadas como proveedores de servicios de Internet y celulares, así como por agencias públicas como los departamentos de vehículos motorizados. El anonimato en público está disminuyendo con el uso generalizado de cámaras de vigilancia. Los gobiernos locales, estatales y federales están acumulando bases de datos que contienen nuestras huellas dactilares, ADN, imágenes de la retina y fotos de nuestras caras en una escala sin precedentes. La nueva tecnología de reconocimiento facial podría permitir al gobierno utilizar estas bases de datos para determinar sin esfuerzo la identidad de todos en una reunión o incluso en toda la ciudad.” (Constitutional Principles. Facing the Future of Surveillance by The Constitution Project’s task force on facial recognition surveillance & Jake Laperruque | Filed under report | March 04, 2019).

“Sonría está siendo grabado” adquiere la representación de slogan en muchas zonas públicas, empresas, centros comerciales, urbanizaciones, moteles de paso, farmacias, salones de belleza o cualquier recoveco donde sitúe el cuerpo.  La gente es feliz colgando instantáneas de distinta índole sin medir las consecuencias de sus actos narcisistas que, buscan el aparente examen social, al margen del riesgo que trae consigo la exposición abierta o encriptada de la iconografía particular. La mayoría ignora que hace parte de los insumos esenciales para el perfeccionamiento de software, plataformas y aplicaciones de reconocimiento facial* al servicio de la industria, el comercio y los movimientos de las fuerzas de orden.

El almacenamiento “gratuito” en la nube esconde otro negocio lucrativo que pasa por las narices de los usuarios y que apunta a la creación de sistemas con opuestos fines, desde la pérdida del anonimato hasta la seguridad informática, pasando por la brumosa sombra de la huella digital que deja cada individuo. El acento lo pone la industria que dice no compartir las imágenes ni la identidad del cliente y tampoco, el URL de los datos, al mismo tiempo que usa algoritmos para combinar las características del rostro e información biométrica con el objeto de desplegar programas de reconocimiento. Entramos en la órbita del tipo de empresa Human Analytics: “Él ama todas las cosas en la nube y hace que los grandes productos cobren vida”, puntualiza Cole Calistra, CTO en Kairos AR, Inc.

 Cada vez que alguien ingresa al sitio web o a la aplicación gratis para organizar álbumes, desconoce que participa en una especie de focus group que potencializa la oferta comercial; a la vez que ayuda a perfilar, codificar y entrenar un software para las prácticas invasivas de la intimidad y el reconocimiento facial, las cuales pasan de largo el procedimiento del consentimiento informado y real. Al parecer somos ratones de laboratorio al servicio de los ecosistemas de internet y la inteligencia artificial. Les suena familiar la cláusula proforma: “Sus archivos pueden usarse para ayudar a mejorar y capacitar a nuestros proveedores, mejorar los productos y estas tecnologías…”

IBM Diversity in Faces o IBM Watson Visual Recognition, Facebook, Google Images, Wikipedia, Ever Álbum, Face++, Amazon Rekognition, Flickr, Yahoo, Microsoft, FaceFirst, Geofeedia y decenas de bases de datos requieren de millones de fotos con el fin de pulir las plataformas, las aplicaciones, las herramientas comerciales y en última instancia, la precisión de sus tecnologías de coincidencia fisonómica.  Acá no hay espacio al libre albedrío en virtud de que concurre una especie de sometimiento disimulado y perverso.

En el diario acontecer, la verificación en tiempo real supera la ficción y como todo, puede ser traída para la vigilancia, la prevención de actos terroristas, la persecución de violadores, la tipificación de desaparecidos y la captura de sospechosos, entre otros usos loables. A la par, consigue emplearse para el espionaje, la discriminación, la intromisión en la vida privada y la violación del debido proceso a causa de la falta de precisión o errores en el diseño de los algoritmos, tal como sucede con las mujeres y los sujetos negros.  ¿Cuál es la demarcación de la política de privacidad, el manejo reservado de los datos, el poder oficial y los derechos humanos?, ¿Dónde está el límite ético, el derecho civil y legal al momento de usar retratos de prójimos desarmados para desarrollar nuevas tecnologías de reconocimiento? La respuesta es concreta: no se tiene en cuenta y menos, cuando millones de seres en el mundo comparten en línea sus fotos e información de carácter propia, y en algunos casos, de naturaleza íntima, omitiendo las exclusiones apuntadas en la letra menuda y la necesidad del consentimiento real. Todo bajo el disfraz del almacenamiento virtual.

Estamos en presencia de otro tipo de delito cibernético que alienta la violencia, la discriminación étnica, el constreñimiento, la negación de la libertad civil y la injusticia a espaldas de desprevenidos usuarios, cuyos “mejores momentos” o recuerdos son utilizados para la creación de herramientas comerciales y sistemas de identificación que alimentan más de 60 bases de datos a nivel global, cualquiera que sea su aplicación. No se escapan las instantáneas, las capturas de pantalla, los escaneos, las transmisiones de video en vivo o el autoguardado de archivos.

¿Calculan el impacto sobre aquellas almas que llevan años enviando información en línea y manejando sistemas de almacenamiento en la nube? Tal vez, sin dar el consentimiento y peor aún, no tener noticias que las estampas de sus hijos, parejas, amigos, aficiones, fetiches, gustos, sexting entre adultos y coqueteos virtuales están siendo manipuladas para “afinar” sistemas de vigilancia de empresas privadas, caracterización de amenazas, seguridad nacional, actividades de inteligencia policial y demás prácticas invasivas de la intimidad.

Detrás de la organización de sus archivos y compartir “momentos memorables” con las personas autorizadas por usted, se oculta la instrucción de un programa de computador que realiza el emparejamiento de los rostros, establece el grado de emoción, define el género y la edad, aún bajo el etiquetado facial, nadie se salva de la enmascarada intromisión.

Enfoque crítico – pie de página. *“El reconocimiento facial es un método que utiliza el software informático para identificar a las personas según las características de su rostro. Estos sistemas utilizan “puntos nodales” faciales, como la ubicación de los ojos en relación con la cara en general, desde una foto o conjunto de fotos pre-identificadas para crear una “impresión de cara” única para una persona.” (Constitutional Principles. Facing the Future of Surveillance by The Constitution Project’s task force on facial recognition surveillance & Jake Laperruque | Filed under report | March 04, 2019).