26 octubre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Pandemia, política y Cultura en la «Carta Encíclica Fratelli Tutti»

Por Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/

El 3 de octubre de 2020 el Papa Francisco divulgó la «Carta Encíclica Fratelli Tutti»(“Todos Hermanos”) centrada en la fraternidad y la amistad social. Detallo algunas de mis reflexiones centradas en la pandemia COVID-19, democracia y política, y cultura y educación. Esta y otras encíclicas y documentos pontificios los encuentra el lector en la página web del Vaticano: http://www.vatican.va/content/vatican/es.html.  

La Pandemia del Coronavirus 

Entre sus primeras anotaciones menciona el Papa que redactaba la encíclica cuando surgió de súbito la pandemia del coronavirus, hecho insólito que lo ayudó a él, y a todos, a descubrir las falsas seguridades con las que hemos vivido y la manifestada incapacidad de actuar de manera conjunta y efectiva a pesar de estar hiperconectados. Coincide el Papa con la aseveración, que tantas veces se ha dicho y sostenido en esta crisis pandémica de pena y dolor para toda la humanidad, que la esperanza y esfuerzos no deben estar focalizados en superar la crisis para regresar pronto a la «normalidad» anterior. 

El Papa reconoce a la pandemia como una tragedia global que despertó por un tiempo la consciencia de comunidad mundial, facilitó volver a pensar sobre todos los seres humanos, más que en el beneficio de algunos, todos navegando en la misma barca con la convicción de que el mal de uno perjudica a todos, que nadie se salva solo y que únicamente es posible salvarse juntos. Hoy, a pesar de que estamos llenos de conexiones, se ha perdido el sabor de la fraternidad con la búsqueda de una solución rápida, abrumados por la impaciencia y la ansiedad. El retorno no significa que estaremos felices en una «nueva normalidad». Por el contrario, como afirma Su Santidad: «Si alguien cree que sólo se trataba de hacer funcionar mejor lo que ya hacíamos, o que el único mensaje es que debemos mejorar los sistemas y las reglas ya existentes, está negando la realidad. Sueños que se rompen en pedazos». 

Esa «nueva realidad» que pregonan algunos no equivale a volver a encender los motores de la civilización que fueron puestos en reposo y en aislamiento selectivo para regresar a nuestras condiciones precedentes como si nada hubiese pasado en la salud física y en la estabilidad psíquica de todos, en el desempleo y la economía familiar, la recesión económica, el agudizamiento de la pobreza, la deserción escolar, la pérdida de oportunidades de aprendizaje de niños y jóvenes, entre muchos otros males y consecuencias. A esto se suma el dolor por la pérdida de miles y miles de vidas. Para algunos, por el arte fantasioso de su pensamiento mágico, todos podemos regresar al mismo mundo con las mismas reglas asumidas como «normales», mundo que piensan fue sacudido por sólo unos cuantos meses por un evento puntual de salud pública. 

Todos los que así piensan están negando la realidad y sus sueños se enfrentarán con la dureza de los nuevos acontecimientos que los romperán en miles de pedazos. No hay ninguna «normalidad» a la que sea posible regresar, no bastará re – aceitar los sistemas y sus máquinas, no se podrá seguir pensando y tolerando que parte de la humanidad es sacrificable. Por ello, agrega el Papa Francisco, han sido objetode descarte no sólo los alimentos y bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, lo cual se manifiesta de diversos modos como en la obsesión por reducir los costos laborales. No debe ocurrir lo de la crisis financiera de 2007-2008 donde las respuestas se orientaron hacia más individualismo, más desintegración y a más libertad para los poderosos que, como siempre, hallaron los modos de salir incólumes. 

Estamos frente a una oportunidad para una etapa, esa sí nueva, para construir un espacio de corresponsabilidad capaz de iniciar y generar nuevos procesos y transformaciones para que todos seamos parte activa en la recuperación y el apoyo a las sociedades heridas. Es una oportunidad para que impere la solidaridadcomo virtud moral y la actitud social que significa servir y «cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo… luchar contra las causas estructurales de la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo, de tierra y de vivienda, la negación de los derechos sociales y laborales». (Carta Encíclica
«Fratelli Tutti» 
aquíhttps://rb.gy/9ahva1)

Política y Democracia  

Bajo el acápite “La Mejor Política” se lee en la encíclica «Fratelli Tutti» que hace falta la «mejor política», la que es puesta al servicio del bien común, la que hace posible la creación de una comunidad mundial que fraternice a los pueblos y naciones para que vivan la amistad social. Ha dicho el Papa que el objetivo de ayudar a los pobres tiene que ser un conjunto de políticas y acciones para que, mediante el trabajo, ellos lleven una vida digna. No hay peor pobreza que aquella que los priva tanto del trabajo como de la vida con dignidad. Se aumentó la riqueza en el mundo, pero con inequidad, y así lo que ha ocurrido, dice el Papa, es que «nacen nuevas pobrezas». El sólo cambio de los procesos de producción no puede llevar a que la política renuncie a la construcción de una sociedad solidaria con los aportes y esfuerzos de todos.  

Agrega el Papa Francisco que para muchos la política es hoy una mala palabra porque está con frecuencia recorrida de errores, corrupción, falta de respeto a las leyes y por la ineficiencia de algunos políticos. Pero, a la vez, concurren las estrategias que buscan debilitarla y reemplazarla ya sea por la economía o por alguna ideología. Plantea el Papa las preguntas de si ¿puede funcionar el mundo sin política? y ¿Puede haber un camino eficaz hacia la fraternidad universal y la paz social sin una buena política? Ante estas preguntas responde que «la política que se necesita» es aquella que no se somete a la economía y ésta al modelo eficientista de la tecnocracia. Si bien hay que rechazar las distorsiones que se crean con el abuso del poder y la corrupción «no se puede justificar una economía sin política». La «política que se necesita» es la de «una sana política» que pueda transformar a las instituciones para superar presiones e inercias viciosas, reto que no se le puede poner a la economía y menos que ésta asuma el poder real del Estado. 

La «sana política» implica la prevalencia de los derechos humanos fundamentales, el cuidado de la fragilidad de los pueblos, de las personas y la salvaguardia de la condición de dignidad de la persona humana. «Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la “cultura del descarte”». Quien sufre la injusticia tiene que defender con fuerza sus derechos y los de su familia precisamente porque debe preservar la dignidad que se le ha dado. El político, como constructor con grandes objetivos, debe tener una concepción y comprensión realista y pragmática del mundo y de sus comunidades focalizado en la resolución efectiva de la exclusión social y económica con sus lamentables consecuencias. El político no debe mantener como preocupación central su posición en las encuestas. 

Cultura, Formación y Educación 

Como se sabe, desde la época de la civilización griega clásica, cultura, formación y educación concurren en una unidad e indisoluble vínculo para el ejercicio de la ciudadanía y la humanización de las relaciones entre todos los seres humanos. Así, educar es formar, formar para la cultura, la propia y la universal. En su encíclica el Papa Francisco bien resalta que la tarea educativa implica el desarrollo de hábitos solidarios y pensar la vida humana de manera integral. Es una educación de hondura espiritual que dé calidad a las relaciones humanas, es una formación para que sea la misma sociedad la que enfrente inequidades, desviaciones de los poderes económicos, tecnológicos, políticos o mediáticos. Empezando en la familia, está el ineludible deber de formar en las normas. La educación es un proceso para formar a todos en la humanidad, en la acción solidaria para solucionar los problemas que recorren a las sociedades. 

En una nueva cultura, resalta el Papa, que «la vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida». La cultura de un pueblo no es una idea abstracta, sino que incluye deseos, ganas, entusiasmo y una forma particular de vivir. Se precisa una nueva cultura del diálogo y la amistad social que tenga como base la caridad social y la política. Una cultura donde la ciencia no se convierta en el único medio para comprender la vida, la sociedad y al mundo. La verdad con la justicia y la misericordia son una unidad esencial para construir la paz, cada una impide que las otras sean alteradas.  

En el mundo globalizado los medios de comunicación pueden ayudar a la construcción de cercanía entre todos y a un renovado sentido de unidad de la familia humana basada en la solidaridad y en el compromiso formal. Esos medios se pueden apoyar en las redes de la comunicación humana y en Internet con sus acrecentadas posibilidades de encuentro y de solidaridad humanas para acercarnos a la búsqueda de la verdad íntegra y a la tarea de construir el bien común«El problema es que un camino de fraternidad, local y universal sólo puede ser recorrido por espíritus libres y dispuestos a encuentros reales»

Como un mensaje para todos recuerda el Papa que acceder a información no es sabiduría, ya que ésta supone encuentro con la realidad. «La sabiduría no se fabrica con búsquedas ansiosas por Internet, ni es una sumatoria de información cuya veracidad no está asegurada. De ese modo no se madura en el encuentro con la verdad», más bien se ha llegado a confundir la libertad con la libertad de navegar frente a una pantalla. 

Ha llegado el tiempo, siguiendo a la encíclica «Fratelli Tutti»(“Todos Hermanos”), para la fraternidad y la amistad social, para cambiar este mundo que olvida el «nosotros» y crea una cultura de muros en el corazón y en la tierra para evitar encuentros con otras culturas y con otras personas. «Y cualquiera que levante un muro, quien construya un muro, terminará siendo un esclavo dentro de los muros que ha construido, sin horizontes», afirma el Papa Francisco.