15 febrero, 2026

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Otras lecturas sobre la felicidad

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Jose Hilario Lopez

Por José Hilario López Agudelo 

“La pobreza y la impotencia de la imaginación nunca se manifiestan de una manera tan clara como cuando se trata de imaginar la felicidad. Entonces comenzamos a inventar paraísos, islas afortunadas, países de cucaña. Una vida sin riesgos, sin lucha, sin búsqueda de superación y sin muerte. Y por tanto también sin carencias y sin deseo: un océano de mermelada sagrada, una eternidad de aburrición. Metas afortunadamente inalcanzables, paraísos afortunadamente inexistentes”. Asi inicia Estanislao Zuleta una conferencia magistral titulada “El Elogio de la Dificultad” dictada en 1980, cuando la Universidad del Valle le confirió el doctorado honoris causa en psicología. La relectura del texto de Zuleta, sumada a reflexiones similares del filósofo y psicoanaliza de origen alemán Erich Fromm sobre el aparente conflicto entre la felicidad y las dificultades propias de nuestra existencia, complementadas con las lecciones de Mahatma Gandhi, uno de los máximos símbolos universales de la paz, me permiten cerrar esta serie de tres artículos sobre la felicidad, el elemento existencial cuya búsqueda mayormente ocupa nuestras vidas. 

Empecemos con Erich Fromm (1900-1980) y su categórica afirmación: «La felicidad no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de lidiar con él«.  En una época marcada por la fe ciega en el progreso material y la promesa de una felicidad sin sobresaltos, cómo lo fue el Siglo XX, que vivió y padeció nuestro filosofo-psicoanalista, situación que se ha extendido hasta nuestros días, este filósofo y psicoanalista de origen alemán, pero que desarrollo su trabajo intelectual en EE. UU, lanzó una idea tan incómoda como vigente: “vivir bien no consiste en esquivar los problemas, sino en aprender a enfrentarlos, sin perderse a uno mismo por el camino”. Nuestra sociedad obsesionada con evitar el malestar y vender bienestar inmediato, el pensamiento de Erich Fromm vuelve a cobrar fuerza al recordarnos que los problemas no son un error vital, sino parte esencial de una vida auténtica.

La obra de Fromm combina psicoanálisis, sociología y humanismo. No solo le interesa el mundo interior de las personas, sino también las estructuras sociales que moldean nuestros deseos, miedos y expectativas. Para él, la salud mental no puede entenderse al margen del tipo de sociedad en la que se vive. En libros como “El Arte de Amar”, “El Miedo a la Libertad” o “Tener o Ser”Fromm sostiene que el conflicto no es una patología, sino una señal de vida. Donde hay relaciones auténticas, hay tensiones; donde hay proyectos que importan, aparecen riesgos; donde existe crecimiento, también hay incertidumbre. Una existencia completamente libre de conflictos no sería una vida plena, sino una vida paralizada, anestesiada o vacía de compromiso.

La ya citada sentencia “felicidad no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de lidiar con él” encierra un giro crucial para nuestro bienestar emocional. Fromm no equipara felicidad con placer constante ni con calma permanente: La concibe como una capacidad activa, algo que se cultiva. No es un estado que llega cuando todo encaja, sino una fortaleza interior que permite atravesar las dificultades sin renunciar a la propia integridad. Retomando a Aldous Huxley diríamos: «La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede», sentencia esta de la más pura estirpe estoica.

Fromm observó con preocupación cómo el capitalismo de mediados del siglo XX empezaba a vender una idea de felicidad rápida, cómoda y sin aristas. El mensaje era claro: si consumes lo adecuado, si encajas en el molde correcto, los conflictos desaparecerán. El malestar, el miedo o la duda pasaban a interpretarse como fallas personales o anomalías que había que suprimir cuanto antes. Frente a esa lógica, Fromm alzó la voz.

Para Fromm la felicidad deja de ser un premio y se convierte en una práctica. Implica asumir el malestar cuando aparece, comprenderlo y responder a él de forma consciente. Requiere valentía para amar sabiendo que existe el riesgo de perder, y compromiso para actuar aun cuando el resultado no esté garantizado. Evitar sistemáticamente el dolor acaba empobreciendo la experiencia humana y cerrando la puerta a las alegrías más profundas.

Esta reflexión resuena con fuerza en nuestro tiempo. No invita a glorificar el sufrimiento, pero sí a dejar de tratarlo como un enemigo inevitable. El conflicto, entendido como desafío, puede ser una oportunidad para desarrollar autonomía, sentido crítico y madurez emocional. Cuando la vida se organiza en torno al “tener” en lugar del “ser”, cualquier contratiempo se vive como una amenaza intolerable. Aprender a lidiar con los conflictos supone, en cambio, fortalecer el “ser”: la capacidad de pensar, amar, decidir y asumir responsabilidades.

Sigamos con Mahatma Gandhi.

Para Gandhi (1889-1948), quien movilizó al pueblo indio para la desobediencia civil y la resistencia pacífica contra la dominación el Imperio Británico, la felicidad no tiene nada que ver con alcanzar metas o acumular logros, por el contrario, la veía como vivir sin contradicciones, en armonía con uno mismo: “La felicidad es cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces están en armonía”.

Muchas veces nos dejamos llevar por las preocupaciones cotidianas, olvidando lo realmente importante, y otras veces actuamos como si fuéramos los más sabios del mundo. A este respecto, Gandhi decía: “Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir por siempre”. También criticaba la separación que a veces se produce entre lo que decimos y lo que hacemos: su vida fue un vivo mensaje de coherencia. Para Gandhi las palabras pierden valor si no se sustentan con hechos. Todo lo que hagamos en el presente genera consecuencias futuras. (Opinión).