Por José Obdulio Gaviria
En salida dramática del poder de Nicolás Maduro evoca al El Príncipe y Los Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, de Nicolás Maquiavelo.
El régimen colapsó sin el caos esperado. Lo que comenzó como una serie de contactos discretos entre la vicepresidenta Delcy Rodríguez, la CIA y el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, culminó en la captura de Maduro y su esposa Cilia Flores por fuerzas estadounidenses este 3 de enero, lo que marca el fin de una era de autoritarismo chavista e ilustra cómo los consejos de dividir al enemigo, usar la astucia sobre la fuerza bruta y mantener el control a través de transiciones calculadas han sido aplicados con precisión quirúrgica.
Datos creíbles revelan que Rodríguez facilitó información crítica a los estadounidenses, incluyendo detalles sobre el búnker residencial de Maduro. Fotografías y descripciones muestran un refugio palaciego subterráneo, protegido por una guardia elite compuesta íntegramente por combatientes cubanos. Este fue el escenario de un asalto donde cayeron 32 de ellos, honrados como héroes por el gobierno de Cuba. En contraste, las bajas venezolanas fueron mínimas, lo que sugiere una resistencia selectiva y posiblemente una traición interna que evitó un derramamiento de sangre mayor.
Marco Rubio emerge como el arquitecto principal de esta operación, guiando el escenario hacia la caída inevitable de Maduro sin desencadenar el «levantamiento popular» que este y Diosdado Cabello anhelaban para justificar una represión masiva.
Rubio, siguiendo el consejo de Maquiavelo de que «es mejor ser temido que amado, pero no odiado», «anestesió» al chavismo progresivamente: sanciones económicas, presiones diplomáticas y ofertas de inmunidad diluyeron su ímpetu homicida, evitando una reacción violenta que podría haber unido a sus seguidores.
La paciente política de Rubio dejó claro que lo que conviene a Venezuela es recuperar la industria petrolera, destruida por la corrupción e incapacidad del chavismo, y que esto lo hará la mejor capacidad empresarial del mundo: la norteamericana, en un juego donde todos ganan, no como la cultura socialista donde solo prosperan los corruptos jefes del partido único.
Maquiavelo enfatiza la importancia de dividir al enemigo para conquistarlo; aquí, los EE.UU. aplicaron esta receta al expandir la tesis de que Rodríguez «entregó» a Maduro, sembrando desconfianza dentro del propio chavismo.
Contrario a las expectativas globales de una instalación inmediata de Edmundo y María Corina —líderes de la oposición con amplio apoyo popular—, los EE.UU. optaron por humillar y amilanar al régimen instalando a la marxista Rodríguez como presidenta interina para una transición incruenta, aunque no pacífica. Esta movida prioriza la estabilidad sobre la ideología, obligando a Rodríguez a cooperar bajo amenaza de mayores sanciones, como lo advirtió Rubio: «Pagará un precio mayor si no hace lo correcto».
Un video viral del primer consejo de ministros muestra a Diosdado Cabello y sus aliados visiblemente «aculillados» —sumisos y desmoralizados—, un símbolo de cómo el chavismo ha sido desarmado internamente. Ya se habla de la reconstrucción de la infraestructura, una tarea de la que es incapaz la chavista Delcy Rodríguez, pero que sí podrá liderar con eficacia la liberal María Corina Machado, restaurando carreteras, puertos y servicios públicos colapsados bajo décadas de negligencia.
Especulando hacia el futuro, el chavismo —ya políticamente vencido— podría verse desbordado por una ola democrática en meses. El papel magnífico que puede cumplir en la nueva Venezuela el empresariado colombiano, al que los venezolanos esperan con los brazos abiertos, será clave para revitalizar la economía, aprovechando la proximidad cultural y geográfica.
Ojo que corresponde a la fuerza pública colombiana recibir en acuartelamiento de primer grado al ELN y las FARC, que actuaban como fuerzas paramilitares del régimen de Maduro y la vicepresidenta Delcy Rodríguez, desmantelando así las redes de guerrilla que sostenían el autoritarismo transfronterizo. Petro intentará sabotear ese trabajo constitucional y legítimo de nuestra fuerza pública.
El complemento ideal para el triunfo de una política global sería el triunfo en Colombia de un candidato presidencial serio y poderoso que, al reconstruir su nación tras el paso arrasador de Petro por la presidencia, complemente la visión de Marco Rubio, generando el mayor ímpetu de crecimiento y riqueza que hayan vivido nunca Colombia y Venezuela.
Con elecciones libres en el horizonte, María Corina Machado podría posesionarse como presidenta con el mayor apoyo electoral en América Latina, restaurando la institucionalidad y cerrando el ciclo de división maquiavélica con una unificación bajo principios republicanos. Sin embargo, el riesgo persiste: si la transición falla, Venezuela podría caer en un vacío de poder, recordándonos la advertencia de Maquiavelo de que «los hombres olvidan más fácilmente la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio».
El verdadero desafío comienza ahora.


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