Por Francisco Becerra
Confesar públicamente sentimientos no muy santos no deja de ser vergonzoso, pero, a veces, tenemos que aceptar nuestras debilidades humanas.
Alegrarse de los males ajenos no es una virtud. Por el contrario, atenta contra la misericordia que se debe tener con el prójimo. Con todo y eso, debo decir de forma abierta que me he alegrado de ver a Maduro cargando esposas en pies y manos, al lado de la arpía de su compañera.
Gocé viendo su cara de susto, su cojera y su falsa sonrisa cínica, esa mueca ensayada de quien cree que el miedo todavía puede disimularse. Me acordé de la cantidad de venezolanos que he visto caminar por toda Suramérica, huyendo del régimen asesino de Maduro y sus amigos.
Excusen mi franqueza. Gocé pensando en lo que le va a pasar en los próximos años, donde se pudrirá olvidado, como cualquier Noriega.
Un criminal despiadado no merece otra cosa que morir en inmundas mazmorras, como aquellas en las que él y su banda torturaron e hicieron morir a quienes persiguieron por razones políticas, convencidos de que el poder era eterno.
Hago abstracción de las formas de su captura y de lo que está pasando en el mundo por esa causa. Creo que entramos en otra era de las relaciones internacionales y que hay, cuanto antes, que rediseñar la ONU y cosas parecidas, que quedaron desdibujadas con estos hechos.
Esta verdad dolorosa ya no tiene vuelta atrás. A partir de la intervención gringa en Venezuela se acabó el multilateralismo y comenzamos una historia que no sabemos dónde va a terminar.
Ojalá tenga tiempo para ver caer a Diosdado, Padrino y Delcy, la malévola, para que paguen en vida sus tremendos crímenes.
Abuso tras abuso ya nos tocará vivir. Ver cómo se traicionan los asesinos y conviven con quienes los están devorando, en una simbiosis dantesca de masoquismo, donde se compite por quién puede hacer más cosas inhumanas.
Nadie esperó que este 2026 comenzara en este despiporre como empezó: goce y pánico. Y lo peor es que apenas estamos entrando en materia.
Ñapa: Tranquilos, el 93.5 % de la encuesta realizada por este susurrero se delata al confirmar que ya rompieron la dieta que juraron hacer a partir del 1 de enero.
¡Somos humanos!
Ñapita: No se afanen. En la tarjeta de crédito de diciembre no aplican los aumentos del salario mínimo ni los impuestos nuevos. Febrero será candela. (Opinión).
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