13 abril, 2021

Primicias de la pol铆tica, empresariales y de la farandula

Los grandes privilegios

Por Juan Carlos Botero聽

He escuchado la misma m煤sica que un d铆a tron贸 en la mente de Ludwig van Beethoven. He o铆do la perfecci贸n, gracias a Mozart. He visto los colores de los grandes maestros del arte. He contemplado una roca convertida en materia viva gracias a las manos de Miguel 脕ngel. Al prender las luces de mi casa, he apreciado los errores y aciertos de Thomas Edison, quien derrot贸 la oscuridad. Y he observado la luna en el cielo, la misma que pis贸 un hombre llamado Neil Armstrong. 

He sopesado una manzana en mi mano y he sentido la misma fuerza del universo que intrig贸 a Newton. He le铆do las palabras de Shakespeare. He sentido el calor de Macondo y he asistido al sepelio de un rey llamado Jos茅 Arcadio Buend铆a. He acompa帽ado a Juan Preciado a buscar a su padre, un tal Pedro P谩ramo.  

He admirado la limpieza de la f贸rmula de Einstein, la mente de Stephen Hawking, y la curiosidad insaciable de ambos. Me han conmovido la humildad de Gandhi, el coraje de Lincoln, la tenacidad de Bol铆var y la oratoria de Churchill, que salv贸 el mundo.  

Me han erizado los diablos del Bosco y el infierno de Dante. Me han deslumbrado los destellos de los 贸leos de Van Eyck y enternecido los zapatos de Van Gogh. 

Me han hechizado la pureza del arte griego y el misterio del arte egipcio. He absorbido las ideas de Plat贸n y las de Nietzsche, que parecen dinamita. He le铆do la asombrosa frase de Jefferson: que todos los hombres son iguales. Y he pedaleado en un invento imposible, la bicicleta. 

He venerado la belleza y la fortaleza de las mujeres. Mis dedos han rozado la redondez de un seno y he olido la fragancia de tierra fresca que emana una mujer excitada. He sentido un deleite infantil al probar el chocolate. He paladeado la sangre de la tierra llamada vino. He saboreado la sal del mar y la dulzura de los r铆os. He sentido el roce de una brisa similar a la que empuj贸 a Odiseo hasta 脥taca. 

He visto el fulgor de los astros y el parpadeo de las luci茅rnagas. He visto el milagroso verdor del pasto y el n煤mero de granos de la arena, que es infinito. He visto el mar, que disimula y oculta la vida que late bajo las olas. Y he visto las olas, cuyas crestas recogen el viento como la vela de un barco y avanzan hasta quebrarse en la playa. Y en la playa he visto tortugas al nacer, braceando en seco y dirigidas a tropiezos a la orilla. He disfrutado el sabor de la comida y la riqueza de las bebidas. He admirado las haza帽as de los hombres y las proezas de las mujeres. He visto, at贸nito, el despegar de un avi贸n y el vuelo de los p谩jaros. Mis dedos se han mojado con el roc铆o y quemado con el fuego. 

He visto el nacimiento de mis hijas e hijos. Los he o铆do re铆r a carcajadas, les he quitado las l谩grimas de la cara, y he tenido el honor de cargarlos en mis brazos. He apreciado la calidez de un hogar y el amor de una esposa. He gozado del tesoro de la amistad. He sentido la euforia que nace de amar y de sentirse amado. He disfrutado sue帽os tan placenteros que lamento abrir los ojos, y he sufrido pesadillas tan terribles que agradezco despertar. He superado mil malestares menores y una enfermedad mortal. Y me ha tocado el rostro el mismo sol que acarici贸 el rostro de Cristo. 

Estos son algunos de los grandes privilegios de la vida, que reflejan el mayor privilegio de todos: EL HECHO DE ESTAR VIVOS!!!, Conviene recordarlo.