Por Rafael Nieto Loaiza
La Gran Consulta jugará un papel fundamental en estas elecciones. En ella participan nueve candidatos, con trayectorias y experiencias distintas pero muy valiosas: Cárdenas, Dávila, Galán, Gaviria, Luna, Oviedo, Peñalosa, Pinzón y Paloma Valencia. Aunque no formalmente, en los hechos será una primera vuelta. Quien la gane saldrá con posición ventajosa de cara a las elecciones de mayo.
Hay quienes se están dedicando a sabotearla. Invitan a no votarla o a anular el voto. Los argumentos son abiertamente falsos o errados.
Dicen que es la consulta del 1%. En las últimas encuestas, cinco de los nueve candidatos marcan por encima del 2% y entre todos suman el 23,3% de la intención de voto. Si se considera que el ponderado de la intención por Cepeda es de 25,5% y el de la Espriella es 20,5%, el 23,3% no solo no es poca cosa sino que significa que el ganador de la Gran Consulta superaría a de la Espriella y estaría, dentro del margen de error, empatado con Cepeda.
Sostienen que hay que dejar de votar en la consulta porque divide a la derecha. Olvidan que en esa consulta participan candidatos que van desde la centro izquierda a la derecha. Y ese no solo no es un defecto sino que es uno de sus méritos. Recoge candidatos y votantes de centro, algunos de los cuales hubieran podido terminar con Fajardo. Un centro que sí existe y que, además, si bien no es mayoritario ni puede por si mismo alcanzar la Presidencia, sí es indispensable para ganar las elecciones. En la búsqueda de la unidad de quienes defendemos la democracia y las libertades, hay que sumar al centro y la Gran Consulta es el principal camino.
Alegan que votar en la Gran Consulta impide que de la Espriella gane en primera vuelta o, la otra cara de la moneda, permite que Cepeda lo consiga. Olvidan que para ganar se necesitan el 50% más uno de los votos. Salvo Uribe en el 2002 y en el 2006, nadie ha llegado a la Presidencia en primera vuelta. Una realidad que no cambiará en estas elecciones. Ni con la Gran Consulta ni sin ella, habría quien gane en primera vuelta. La intención de voto está altamente fraccionada y no hay quien pueda aglutinar suficientes votos como para ganar en primera vuelta. Habrá segunda vuelta.
Además, la ley sostiene que los candidatos que participan en una consulta tienen dos obligaciones. Una es apoyar al ganador de la misma. No pueden no apoyarlo o apoyar a un candidato que no haya estado en la consulta. La otra es que el ganador inexorablemente debe ir a la primera vuelta. Quien triunfe en la consulta no puede renunciar a hacerlo o sumarse a un candidato que no estuvo en la consulta. Así, ninguno de los nueve participantes en la Gran Consulta podría apoyar a Cepeda, a Fajardo o a Abelardo. Solo pueden apoyar al ganador de entre ellos y, a su vez, quien consiga la candidatura tendrá que presentarse a la primera vuelta.
De manera que quienes piden que, por ejemplo, Paloma Valencia y el Centro Democrático renuncien a la consulta y se sumen a de la Espriella ignoran la ley. A estas alturas, sería imposible hacerlo. La ley lo impide. En cambio, Abelardo, que no está atado a una consulta, sí podría renunciar a su candidatura y sumarse al ganador de la Gran Consulta, si en verdad su preocupación no es su aspiración personal sino la unidad de quienes se oponen a la continuidad de Petro y sus políticas y evitar una segunda vuelta.
Por cierto, por esas mismas obligaciones legales es que Cepeda no puede participar en una segunda consulta. Su obligación es ir con su candidatura a la primera vuelta. Recuérdese el antecedente de la consulta de De la Calle y el partido Liberal.
Quienes afirman que no hay que participar en la Gran Consulta olvidan que un mal resultado de la misma solo favorece a Petro, a Cepeda y a la izquierda extrema. Lo mejor que puede pasar es que la Gran Consulta tenga muchos votos y sea una amplia ganadora y no que, al revés, su votación sea floja y el frente de izquierda tenga más votos. La debilidad de la Gran Consulta solo beneficia a la izquierda extrema. ¿Es eso lo que quieren quienes sabotean la consulta?
En cualquier caso, es muchísimo mejor tener un socio de segunda vuelta, el ganador de la Gran Consulta, fuerte y sólido y no uno frágil. Y, en la otra hipótesis, ¿no sería ideal que a segunda vuelta pasaran de la Espriella y el ganador o ganadora de la Gran Consulta y que Cepeda quedara de tercero? Difícil pero no imposible. Es el caso de Bolívar para la alcaldía en Bogotá.


Más historias
Vistazo a los hechos: las extravagancias de un dictadorzuelo
Qué lee el maestro Gardeazábal: Los Pizarro
Elucubraciones: La crisis de identidad del periodismo.