Por Enrique E. Batista J., Ph. D.
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Nunca hubo en la historia acontecimientos en los que muy pocos dominaran y esclavizaran a tantos. Y que, a la vez, ganarán tanto a costa de millones de personas en todo el mundo. Es la globalización del saqueo y la depredación de mentes, voluntades. Esos muy pocos dominan la economía global; establecen un sistema propio de gustos y disgustos, de creencias, de nuevos valores y moldean el devenir global según sus intereses comerciales. Son la nueva forma histórica de consolidados imperios, ahora de naturaleza tecnológica, con emperadores cuyos nombres son bien conocidos. Reinan desde las cinco grandes empresas tecnológicas, las «Big Tech», conocidas con el acrónimo de GAFAM: Alphabet (Google), Amazon, Meta (Facebook) Apple y Microsoft.
Con esas cinco grandes se ha creado la «Gafamización» de la sociedad global con sus efectos en la economía, la política, la privacidad y seguridad personal, la formación escolar y ciudadana, y en las actitudes, los valores, la ética y la moral. Cada una de ellas es un conglomerado de empresas controladas. Se enuncian algunas. Así, Alphabet (Google) que, además de su navegador, es dueña de Gmail, YouTube, Android, DeepMind (IA), Wing (drones). META (Facebook) posee a Instagram, WhatsApp, Threads, Oculus/Meta Quest y Onavo. Microsoft controla a Windows, Azure, Linkedin, Xbox, Zenimax Media, GitHub y Minecraft.
Amazon controla cerca de 16 empresas, entre ellas: Amazon Web Services – AWS, Metro-Goldwyn- Mayer, IMDB, Whole Foods Market, Zoox (vehículos autónomos), Alexa, Fire TV, Kindle; su dueño controla al Washington Post. Mucho poder mundial en manos de muy pocos, dueños de casi todo. Apple integra sus adquisiciones a su denominación comercial; no las mantiene como marcas independientes; entre las integradas se pueden mencionar a Beats Electronics, Shazam, Prime Sense, Siri, Face ID y Dark Sky.
Las «Big Tech» no sólo controlan empresas, controlan a las personas, incluidos infantes, niños y jóvenes, con tanta fuerza que, una vez atrapados por ellas, es casi imposible liberarse de un avasallamiento mental y económico que ha sido denominado el «Efecto Red». (https://shorturl.at/PEBWZ). El recurso esencial para ellas no son los productos en sí, sino las personas con todos sus datos, voluntad e identidad. Se vive ahora el feudalismo digital, en donde las personas, desde la primera infancia, son vasallos, súbditos plebeyos, de los nuevos señores feudales, los «Señores» que, con sus poderosas infraestructuras digitales, los someten y obligan a seguirlos con la cerviz agachada, con la voluntad y autonomía cognitiva y moral sometidas y perdidas.
Si la escuela es liberación, niños y jóvenes deben ser liberados de la atadura que tienen sus mentes secuestradas por las grandes empresas tecnológicas. No puede la sociedad mantenerse pasiva frente a semejante atropello que compromete no sólo el futuro de ellos, sino el de la sociedad en general. No cabe un mundo en armonía en donde el quehacer diario esté determinado por una adicción intencionalmente creada de estar conectado y dominado por las empresas tecnológicas.
Se carece de conocimiento consciente de qué se hace cuando se conceden autorizaciones y permisos de acceso a la vida privada, a contactos y a toda clase de datos personales; no reconocen qué poderes ocultos los manipulan y determinan su quehacer diario, mediante el ofrecimiento, supuestamente gratuito, de un conjunto de plataformas a las cuales quedan atados de por vida con un reconocido amplio efecto negativo en la existencia psicológica y social de ellos. Muchas de las cotidianas acciones y actividades, sociales y personales más productivas, se enredan y se pierden en la maraña bien construida para que queden atrapados sus pensamientos, deseos, mentes y voluntades en esa red que bien la han denominado como esclavitud digital. (https://shorturl.at/MijO9).
Se ha acrecentado el temor de que los nuevos desarrollos tecnológicos informáticos anulen la motivación de los estudiantes para realizar los esfuerzos arduos que siempre ha significado aprender y desarrollar el conjunto de habilidades sociales, cognitivas y afectivas que cada uno requiere para insertarse productivamente en la sociedad. Internet introdujo ya cambios sustanciales en los modos de acceder a la información y, con esta, la posibilidad de construir conocimientos; para algunos representó sólo una manera fácil de copiar información para satisfacer determinados requisitos académicos escolares. De otra parte, muchos estudiantes encontraron en el ambiente informático la posibilidad de derrotar procesos educativos centrados en dictar y copiar información en cuadernos. En otros ambientes escolares en donde se entendió y se aplicó la importancia de esos recursos, permitieron crear modelos de aprendizaje exitosos y escuelas más motivadoras.
Pero, en los últimos cuatro años, el mundo, con los chatbots de IA, ha cambiado sustancialmente. Este desarrollo, como ya es bien sabido, ha afectado de manera sustancial no sólo los modos de acceder a información, sino también los de generar contenidos. Pareciera, sin embargo, que se perfilan ambientes en donde, más que la habilidad de preguntar o de indagar para aprender, predomine la habilidad de usar los «prompts» (instrucciones o textos) apropiados para generar el producto deseado, sin que medie ningún esfuerzo adicional para quien el chatbot genera nuevas formas de contenidos, ahora en distintos formatos: impreso, sonoro, icónico, visual, audiovisual, multimedial y háptico.
En esencia, se ha dado una redefinición del rol de los maestros, pero también en el conjunto de las acciones y actividades que deben desarrollar los estudiantes para ir más allá de ser meros recipientes pasivos del impacto que en ellos causan las «Big Tech», en las que son un botín impresionante de ganancias y que, por lo tanto, realizan una variedad amplia de estrategias para perfilarlos, alinearlos con determinados productos e influir sobre sus actitudes y pensamientos en diversos campos de la vida social, moral, política y económica.
Es decir, las «Big Tech» asumen el rol de maleducar para el beneficio monetario de esas empresas. Son ellas los nuevos maestros, manipuladores, muy hábiles para motivar a niños y jóvenes estudiantes, atraer su atención y su concentración por períodos extensos de tiempo. El maestro de escuela está en una competencia muy cuesta arriba y muy ardua frente al ominoso poder de los gigantes tecnológicos que han usurpado su papel social esencial y distorsionado los modos de formación escolar y familiar.
Se ha configurado una situación en dónde el propósito fundamental de la formación de las nuevas generaciones ya no está en manos de los padres de familia y de la escuela con sus maestros, sino de quienes controlan los ambientes informáticos en donde, infantes, niños y jóvenes, como se ha mencionado, son reclutados y mantenidos, a manera de esclavos digitales, por quienes realizan con ellos pingües ganancias monetarias, sin importarles el bienestar y el progreso de ellos víctimas de sus feroces y voraces emprendimientos informáticos.
El pensamiento inteligente y disruptivo tienen que seguir siendo objeto fundamental de la formación de las nuevas generaciones con miras a la consolidación de seres sociales que activa y conscientemente dependan para su progreso del compromiso y esfuerzo intelectual y social, independiente de la marca y rumbo que intente seguir fijando las cinco grandes empresas tecnológicas ya mencionadas, empresas que hoy deciden qué pensar, qué hacer, qué disfruta, qué y cuándo aprender, por quién votar, qué consumir e, incluso, a quién y cómo amar.


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