Por José Obdulio Gaviria
Hay incertidumbre sobre el futuro inmediato de Venezuela. Podría parecer que Trump y Marco Rubio han cambiado a un comunista estúpido y malvado por una comunista inteligente y malvada. No es así.
Estados Unidos tiene una clara estrategia de transición, basada —quién lo hubiera imaginado— en las dinámicas internas del propio chavismo. Así lo afirmó el analista Martin Rodil en una entrevista concedida a los periodistas Agustín y Carlos Acosta en el programa de Actualidad Radio de Miami.
Rodil, que exhibe un impresionante caudal de información, está convencido de que la operación estadounidense —denominada “Resolución Absoluta”— persigue una “transición pacífica” y el definitivo “desalojo de los chavistas” del poder.
Según Rodil, Washington consideró seriamente transferir el poder a Edmundo González Urrutia, presidente electo en julio de 2024. La idea se sustentaba en informes de inteligencia que indicaban que “parte importante de los militares colaborarían con el nuevo gobierno”. Sin embargo, esa opción fue descartada: un gobierno de González “duraría menos que el de Carmona en 2002”. Las indagaciones de la CIA y el Pentágono demostraron que no existía colaboración militar real, pues las lealtades de las Fuerzas Armadas siguen atadas al chavismo, lo que haría inviable una transferencia rápida sin una cruenta resistencia interna.
Rodil aportó un dato estremecedor: salvo el movimiento de María Corina Machado y el exalcalde Antonio Ledezma, la oposición ha sido “manejada y comprada” por el chavismo. Esta infiltración debilita estructuralmente a la oposición y arriesga que, incluso en un escenario poschavista, extensiones del régimen conserven el control. En consecuencia, los estadounidenses optaron por una decisión paradójica: convertir en sus rehenes a los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez y obligarlos a ejecutar la transición desde dentro. Porque, como dice el refrán, no hay mejor cuña que la del mismo palo.
Tras la captura de Maduro, Delcy asumió la presidencia interina —con el Tribunal Supremo de Justicia legitimando la maniobra bajo presión estadounidense—. Ambos Rodríguez operan ahora bajo control directo de Washington como piezas clave para desmantelar el régimen. La primera orden drástica: ¡desmantelen El Helicoide»!
Rodil es tajante sobre las consecuencias: “Si Delcy falla y no coopera para poner fin al chavismo, le espera una celda al lado de la esposa de Maduro. Si obedece, puede que le den un exilio dorado en Dakar, de donde es su novio yihadista”. No hay riesgo de que se perpetúe, es una “carta desechable”, es arte efímero. Su tarea principal es debilitar y entregar a Diosdado Cabello y a Vladimir Padrino López.
En el cuento borgiano “Tema del traidor y del héroe”, un revolucionario irlandés descubre que él mismo es el traidor de la causa. Condenado a muerte, pide que su ejecución sea escenificada como un asesinato grandioso, plagiado de Shakespeare, para que su traición se transforme en martirio heroico y fortalezca la rebelión. Algo similar ocurre aquí: la carta estadounidense contra el Cartel de los Soles es precisamente que sus ideólogos más puros, los hermanos Rodríguez, lo traicionen y se conviertan en el arma que lo destruya. Un ejemplo histórico de versatilidad. Los Rodríguez son los únicos jefes chavistas verdaderamente marxistas-leninistas; los demás son simples “negociantes del marxismo”. Representan el vínculo del Cartel con Rusia y China (además de Hezbolá y Hamás), y los únicos que aún creen en el “destino comunista de la humanidad”. Ahora serán los enterradores obligados del comunismo en Venezuela o, de lo contrario, les espera “igual o peor suerte que la de Maduro”.
El cronograma de la presidencia de Delcy es estrictamente efímero: semanas o meses, nunca años. Tiene condiciones rigurosas para un acelerado desalojo de los chavistas bajo supervisión internacional. Su acción equivale a una traición explícita; de lo contrario, “cárcel o muerte”. La mirada asesina de Diosdado en el primer Consejo de Ministros lo dice todo: está enterado e intentará resistir. No será raro que entre ellos se vaya desgranando la mazorca y caigan primero los más débiles o menos astutos.
El destino de Diosdado, según Rodil, no son las Cortes de Nueva York: “Los americanos no tienen ningún interés en llevarlo ante la justicia. Ese va a tener la suerte final de Soleimani en Irán”. Finalmente, Rodil sorprende al afirmar que “Maduro es susceptible de pena de muerte” por la gravedad de los cargos de narcoterrorismo en jurisdicción estadounidense, una posibilidad que nadie había mencionado hasta ahora.
Las revelaciones de Martin Rodil delinean un panorama de alta tensión donde la “transición pacífica” depende de una cooperación forzada que podría implosionar el chavismo desde su núcleo ideológico más puro. El mundo observa expectante un cambio que, por primera vez, parece inevitable.


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