27 noviembre, 2022

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Las falsas revoluciones del petrismo  

Dario Ruiz


Por Darío Ruiz Gómez 

Si de verdad el petrismo fuera un movimiento de izquierda a dos meses de gobierno no hubiera mostrado de manera tan flagrante ante la ciudadanía y ante el mundo su lamentable carencia de un coherente discurso político.  

Para que exista el petrismo se necesitaría como es lógico que hubiera petristas agrupados en un común ideario y solamente se ha contado con arribistas de bajísimo nivel como Roy Barreras o castristas como la Ministra de Salud, como la Ministra de Minas,  leninistas como la Ministra de Cultura, como los siniestros abogados del Colectivo “José Alvear Restrepo” que tanto mal le han hecho al país, todos ellos, repito, practicantes de un populismo tan primario como para proponer que se condene el petróleo y el carbón –necesarios para la humanidad en este momento de depresión mundial económica y social- y se defienda la coca.  

Lo que una vez analizado es solamente un revoltijo de populismos ya desacreditados por las monstruosas dictaduras de Maduro, Ortega, Díaz-Canel. Persecución sistemática a las libertades, pobreza económica, destrucción del campo y miseria de los campesinos como en la actual Venezuela. O sea el fracaso de las llamadas “revoluciones proletarias”  propuestas en Colombia como parodias del “Socialismo Siglo XXI”.  

¿No han leído el más reciente informe de la ONU sobre las torturas, desmembraciones de cuerpos, desapariciones ejecutadas presencialmente por Maduro y sus narcoministros para sentir vergüenza ante la comprobación de que un ser humano pueda ser tan depravado? ¿Qué diferencia hay entre Iván “Mordisco” y Diosdado Cabello? 

Más de tres millones de colombianos que se lanzaron a las calles de Bogotá, Medellín, Cali y muchas ciudades y pueblos salieron al espacio público para recordar su repudio al populismo petrista, a sus intentos de destruir el Estado de Derecho, tal como gloriosamente lo hicieron cuando se opusieron a la firma de una Paz amañada hasta reaparecer hoy convertidos en una verdadera fuerza de resistencia  como un gran movimiento cívico desligado de los desacreditados Partidos políticos y encaminados hacia la restitución de una Democracia (burguesa) históricamente necesaria.  

Aquel logro de nuestro civilismo no agotado a través del cual pudimos considerarnos durante algunas décadas como un país moderno. La República, es necesario repetirlo, ya había planteado retos como la recuperación del campo, la libertad en la educación, los derechos de las mujeres, el intervencionismo de Estado.  

En el colectivismo del petrismo desaparece el derecho de cada mujer, hombre, niño, a ser considerado un individuo, la oportunidad a escapar de ese colectivismo que los somete y ultraja. Pero además recordemos que para este populismo el campesinado de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, los Santanderes, crisol de nuestro mestizaje, en una demostración de racismo al revés, ha sido borrado del proyecto de gobierno como si fuera culpable de la tragedia de las comunidades indígenas, de la miseria de las comunidades desplazadas o confinadas por el narcotráfico o la guerrilla que es lo mismo. 

El “blanco” como chivo expiatorio a través de políticas de odio. Esta protesta de artesanos, trabajadores, pequeños  y grandes comerciantes y empresarios, cafeteros, manufactureros, tenderos, azucareros, exportadores de confecciones, o sea la nueva clase popular en perpetua dinámica social, las nuevas clases medias y altas de todo el país, la Colombia que – recordemos el triunfo del No en Chile a un caricaturesco proyecto de nueva Constitución y sus “pueblos originarios”— vigorosamente estuvo  avanzando hasta el presente para dar respuesta a un condenable y sobre todo perverso populismo.