La paz nació cansada

 

Por Armando Cardona Cataño (foto)

armandoca@une.net.co

Hace algunos años el poeta Luis Flores Berrío escribió un poema que lo tituló de esa manera y que frente a lo que se vive en Colombia y en otros países, cobra inusitada actualidad,  porque como dice el verso “la paz no tiene paz, nació cansada, creció enfermiza y navegó en las sombras”.

Eso es lo que se vive en Colombia, porque así se hubiese llegado a un acuerdo con el movimiento guerrillero más antiguo del mundo, la anhelada paz total no se disfruta, porque los discrepantes de ella no podrán entenderlo así y mucho menos admitirla, no porque no lo deseen, sino porque su profundo ego los aleja de un escenario protagónico del cual están ausentes y prefieren más bien que las cosas sigan iguales.

El anuncio de Iván Márquez respaldado entre otros por Jesús Santrich, de continuar con la lucha armada después de un generoso proceso de paz, es demostrativo de que la ilusión colombiana de la paz total está lejana, por lo que no queda otra alternativa que continuar la lucha armada con el estado colombiano.

Otros movimientos guerrilleros como el ELN, han estado renuentes a buscar entendimientos de paz con el estado colombiano, con lo cual se confirma que la paz en este país sigue cansada, sin posibilidades por ahora de un  esperanzador acuerdo, quedando como única alternativa la continuidad de lucha armada.

La insurgencia en Colombia creció dividida porque obedeció a la discrepancia de la ideología comunista internacional, para darle paso a  la Línea Pekín, a la Soviética, a la Castrista y a otras más, por lo que cualquier proceso exitoso de paz con cualquiera de ellos, solo tiene el carácter de parcial.

Y este hecho, en el caso colombiano, cobró vigencia cuando el Che Guevara vino a este país como primer paso para extender el modelo de la revolución cubana a Suramérica, pero se encontró con la sorpresa de que la izquierda  aquí estaba dividida, y suya fue la frase contundente, de que en Colombia la izquierda no podría triunfar por su profunda e irreconciliable división.

Recordemos que el Che Guevara de Colombia se fue para Bolivia a continuar su proceso castrista, pero allí, en el sitio la Higuera, el 9 de Octubre de 1967, encontró la muerte, con lo cual su ilusión socialista terminó.

En otro escenario,  la situación ha sido parecida, mirada desde la óptica de la clase dirigente: al finalizar los años cincuentas Alberto Lleras Camargo ante la guerra fratricida entre liberales y conservadores, tramitó primero con Laureano Gómez  y luego con Mariano Ospina un entendimiento que permitiera a los militantes de los dos partidos entenderse y dejar la violencia. Fue cuando nació el Frente Nacional y liberales y Conservadores se repartieron por iguales partes el ejercicio del poder democrático, lo cual  se extendió por 16 años. Y hubo convivencia a ese nivel.

Empero, la paz total no llegó, porque ya la guerrilla había tomado partido ideológico y no admitió la convivencia política de las mayorías colombianas.

Cualquier paso que se dé en dirección a la paz, hay que recibirlo y aplaudirlo, como se festejará, el día, y ojala no esté lejano, en que la clase dirigente colombiana entienda que la paz es necesaria a todos los niveles, eso sí alejada de protagonismos para que el ego y la envidia no prevalezcan sobre el bien común.

Qué lástima que la paz en Colombia siga cansada, enfermiza y a la sombra.