15 abril, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

La mujer, la más afectada con la pérdida de trabajo

Por Javier Hoyos Arboleda 

Entre febrero del 2020 y 2021, la tasa de desempleo nacional pasó del 12.2% al 15.9%, y en las trece principales ciudades del 11.5% al 18.1%, como consecuencia de una mayor caída en la ocupación frente a la caída registrada la oferta laboral.  

La razón fundamental está asociada a la presencia del COVID 19, ya que las medidas para enfrentar la pandemia afectaron el consumo y la inversión, y por ende la demanda.  

Las variaciones en los indicadores laborales dependen, además, de la severidad de las restricciones impuestas a la movilidad y por ello, el impacto mayor se sintió en el segundo y tercer trimestres del año pasado y en enero del 2021. De todas formas, debe tenerse en cuenta que en febrero del 2020 aún no se había declarado la pandemia. 

El aumento en el desempleo fue mayoritariamente un fenómeno urbano. En efecto, las trece principales ciudades del país representan el 50% del mercado laboral, sin embargo, el 90% del aumento de desempleados se dio en estas ciudades. Bogotá y Cali concentran el mayor número de empleos perdidos y de nuevos desempleados. 

En el país, la población ocupada disminuyó en 1.188.000 entre febrero del 2020 y 2021. En esta oportunidad la pérdida de puestos de trabajo afectó más a las mujeres, (60% vs 40% hombre), a los de menor nivel educativo, a las empresas de mayor tamaño (antes venía impactando a las de menos de 10 trabajadores), y a nuevos sectores, que antes no aparecían tan afectados, nos referimos a electricidad gas y agua (-36%), transporte y almacenamiento (-6.6%) y salud y educación dentro de la administración pública (-11.6%). 

Las actividades artísticas también registran una caída importante del (-13.6%) pero este sector sí ha estado afectado a lo largo de toda la pandemia.       

Sin embargo, comparando desde el inicio de la pandemia, febrero fue el mes con mejor desempeño desde abril del 2020: menor pérdida de puestos de trabajo, menor aumento en el número de desempleados y menor paso de la población económicamente activa a la inactiva. 

Las políticas públicas de empleo deberían hacer un mayor esfuerzo en los jóvenes, en los de educación media, en el empleo femenino y desde luego avanzar en la formalización laboral.  

Las cifras de empleo femenino son de las más afectadas desde cuando se declaró la pandemia por el covid-19; a mejorar su empleabilidad no contribuye la serie de proyectos que se radican en el Congreso que, buscando mejores disposiciones y “protección” al empleo femenino, conducen al efecto contrario, por cuanto implican mayores cargas o limitaciones para los empleadores. Vale la pena una discusión amplia en el Congreso sobre estos temas. 

Cuidado especial amerita el anuncio de nuevos impuestos. La comisión que estudió los beneficios fiscales recomendó de alguna forma gradualidad con las medidas de manera que no fuesen ni tan fuertes que paren el crecimiento, ni tan suaves que lleven a una reducción en las calificadoras de riesgo.  

De acuerdo con lo que se ha dicho de la inminente reforma tributaria y sin conocer el texto, el gobierno se va con todo en el corto plazo. Pretende recaudar $25 billones de una, lo que equivale a tres reformas tributarias de la última que se hizo en el país. El impacto será fuerte en contra de la recuperación de la economía.  

Vemos que muchas de las recomendaciones, como otras tantas anteriores, se quedarán escritas. 

Entonces el enfoque parece seguir actuando en lo coyuntural y no en lo estructural. (Análisis y cuadros).