Por Adriana M. Cardona López
Dicen los que saben que el respeto y la cortesía se mezclan y que en manos del abogado-exsenador José Obdulio Gaviria Vélez está su lenguaje político para dirigirse a quien hoy ejerce una considerable fuerza política para sacar adelante este país.
Una mujer como la politóloga María Fernanda Cabal, formada para opinar y tomar decisiones políticas sin miedo y que hoy vemos como el Centro Democrático, permite que un dirigente con su juego de palabras impregnado de sátiras, acidez, señalamientos y mensajes ofensivos y mucho toque de subjetividad nos traslade al mundo de la reflexión política.
Palabras van, palabras vienen; esa que no brinda la certeza de lo afirmado y que con su agudeza verbal se mueve dentro del partido político sin importarle la posición, los derechos y ambiciones políticos de esta mujer, resaltando su carácter y supuestos defectos.
Así este hombre entretiene a los seguidores y miembros del partido. Se analiza que las mujeres siempre han podido aprovechar su posición para influir en las grandes decisiones políticas, y hoy vemos cómo este ilustre hombre pone en entredicho el buen o mal actuar de la señora Cabal, y que un buen alumno con molde propio de esta sociedad atrapada entre las mieles de la izquierda y la derecha concluirá que todo lo que haga ruido no funciona.
La neutralidad política es escasa en estos tiempos; no transmiten su opinión con altura, recato y sutileza. Sobrevivir en estos ambientes políticos tan complicados obliga a los votantes a optar por estar atentos.
Dicen los que saben que a la entrada de los recintos de sus directorios debería existir un espejo especial.


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