27 octubre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

La cultura del café en Antioquia

Por José Hilario López Agudelo

Estas últimas semanas he estado trabajando en la escritura de un libro dedicado a la memoria del ingeniero, profesor y dirigente empresarial, además de respetable dirigente cívico, Juan de la Cruz Posada, a quienes los geólogos consideramos uno de los padres de la geología colombiana. “La Geografía Humana (Antropogeografía), libro publicado por el profesor Posada en 1941, es uno de los estudios pioneros en nuestro país donde se integran las denominadas ciencias de la tierra con la biología y las humanidades, concepto este que mas tarde se conocería como consiliencia. 

Dentro de mi futuro libro que titularé “Juan de la Cruz Posada, Maestro de Maestros”, se incluirá un capítulo sobre el significado del café en la cultura de región de la colonización antioqueña y su relación con el Ferrocarril de Antioquia, la gran obra que abrió el acceso a los mercados internaciones del occidente colombiano, en la cual el doctor Posada fue quien la llevó a ser la empresa modelo de nuestro departamento y del país. 

Luis Eduardo Nieto Arteta fue el primer economista colombiano que se interesó en la importancia del café en la formación de nuestra identidad nacional, quien junto con el profesor Absalón Machado, el gran economista estudioso del agro colombiano, son referentes obligados para entender la importancia del café en nuestra cultura (Machado Absalón, 2012. “El café en Colombia a principios del Siglo XX”. En Internet existe una versión en PDF) 

Según Machado, la historia del café en Colombia — la economía cafetera- se puede dividir en cuatro épocas: 1. El establecimiento de la industria cafetera entre los años 1880 y 1910. 2. La expansión precapitalista de la economía cafetera entre 1910 y 1930. 3. La transición al capitalismo, 1940–1970 y 4. La modernización de la economía cafetera y su crisis estructural, 1970–2000. Según este mismo economista, el café ha sido el único producto que mediante las exportaciones ha logrado estabilizar el crecimiento económico nacional, pese a las recurrentes crisis de precios en el mercado internacional y, además agrega: 

ayudó, de manera significativa, a conformar un mercado interno irrigando ingresos y generando empleo. Integró económicamente las regiones con apertura de vías de transporte terrestre y el estímulo al desarrollo de los ferrocarriles, y dio ocupación a una ingente masa de campesinos y jornaleros en una economía agraria de vertiente que sostuvo el modelo primario-exportador durante buena parte del Siglo XX”.

Alrededor del café se generó y desarrolló uno de los procesos institucionales de mayor impacto en las regiones cafeteras y en el país. La Federación Nacional de Cafeteros, así como las organizaciones de prestación de servicios a la industria cafetera que se crearon con su patrocinio, fueron los impulsores del progreso en todos los municipios y veredas cafeteras. La rubiácea fue también el producto que en la segunda mitad del siglo XIX, junto con la minería aurífera, posibilitó la acumulación del capital requerido para la creación las primeras industrias antioqueñas, proceso que se inició a partir de finales del Siglo XIX y que se aceleró durante la primera mitad de la siguiente centuria. 

El café en la región antioqueña generó una verdadera democratización del acceso a la propiedad rural. Por otro aspecto, en toda la zona cafetera asociada a la colonización antioqueña se formaron varias generaciones de políticos y empresarios, que durante las primeras décadas del Siglo XX tuvieron activa participación en la consolidación del progreso nacional. 

Casos como el de mis antepasados por el lado materno, gentes pobres del valle de Aburrá que llegaron a Amagá en la segunda mitad del Siglo XIX, contratados como peones por los primeros colonizadores, me ayudan a ilustran el proceso de formación de la cultura del café en nuestra región. El propietario ya establecido ofrecía a sus trabajadores una porción de su finca para que en los ratos libres la trabajara por su propia cuenta, con opción de futura de compra, la denominada aparcería. Gracias a la gran laboriosidad y austeridad del aparcero, este pronto reunía los recursos para convertirse en un pequeño propietario, activo que utilizaba como capital semilla para abrir nuevos lotes de laboreo, donde sembraba café, alimentos de pan coger y criaba su propio ganado. En menos de dos generaciones, los antiguos peones se habían convertido en una pequeña clase media con posibilidades de educar a sus hijos y de disfrutar de algunas comodidades y servicios básicos, principalmente con el apoyo de la Federación Nacional de Cafeteros, lo cual permitió que en la subregión del suroeste y en las zonas de la colonización antioqueña, lo que hoy se llama el Eje Cafetero, se formara una sociedad campesina de las más avanzadas de Colombia y aun de Latinoamérica. 

El café también dio origen a la que tal vez ha sido la agroindustria rural colombiana más importante, en términos de ingresos, empleo y estabilidad, como lo fue el procesamiento del grano en la misma finca productora (lavado, despulpada y secado y en algunos casos trilla). Adicionalmente, el café logró articular de manera estable la economía nacional con el mercado externo, aprendizaje y conocimiento que aprovecharon muchos empresarios y comerciantes que incursionaban en el sector industrial y en los mercados internacionales. 

Fue Nieto Arteta en su obra “El café en la sociedad colombiana”, fue quién primero llamó la atención de los colombianos sobre la importancia de este producto en la conformación de nuestra sociedad. Lo hizo siguiendo una visión más sociológica que económica, sin recurrir a cifras macroeconómicas y sectoriales, como lo estilan los economistas de nuestros días. Bajo esta perspectiva, a partir de los años setenta del Siglo XX algunos economistas — entre ellos Absalón Machado, Mariano Arango y Marco Palacios — se atrevieron a romper el monopolio del conocimiento y de la opinión sobre asuntos cafeteros, que mantenía la Federación Nacional de Cafeteros. 

La obra de los economistas, atrás nombrados, abrió el camino para el descubrimiento de muchos aspectos desconocidos por la opinión pública, relacionados con la formación de la economía cafetera y su incidencia en la sociedad colombiana. Tuvimos que esperar casi un siglo para empezar a estudiar lo que ha sido, en términos socioeconómicos y culturales, uno de los procesos más interesantes de nuestra historia nacional. Esto sin desconocer que Luis Ospina Vásquez, el mismo Nieto Arteta y otros historiadores anteriores, ya habían abierto senderos independientes para entender la historia económica del país, origen de la llamada Nueva Historia Económica de Colombia, el proyecto que se materializó en el año 1989 bajo la dirección del historiador Álvaro Tirado. 

(1) En la vereda del municipio de Amaga, donde vivo hace más de veinte años, todavía funciona un acueducto construido por el Comité Municipal de Cafeteros en la primera mitad del Siglo XX y otro más moderno también impulsado y cofinanciado por el mismo Comité.