15 julio, 2024

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

La crueldad como espectáculo

Dario Ruiz

Por Darío Ruiz Gómez 

Estamos asistiendo en Colombia a un espectáculo de permanente crueldad por parte de los grupos criminales a la vez por el espectáculo melancólico de la justicia transicional convertida igualmente en espectáculo gracias a la t.v. “La sociedad del  espectáculo” es un texto fundamental de Guy Debord sobre lo que en la sociedad moderna ha supuesto la conversión  de la cultura, de la ciudadanía, del espacio público en espectáculo de masas, lo cual supone previamente la transformación del individuo que piensa, en un robot que ha dejado de pensar y ahora es manipulado a su antojo por las luces, los juegos  digitales, los grandes escenarios que han venido a sustituir el ágora de las ciudades  en este espectáculo de sumisos fans.

“El espectáculo señala el momento en que la mercancía ha alcanzado la ocupación total de la vida social” Vargas Llosa hizo al respecto en la línea de Debord un extraordinario análisis de lo que esta plaga está suponiendo en el derrumbe de nuestras democracias con el blanqueo de los verdugos y la delincuencia a través de aquellos medios de comunicación que se han prestado a la mercantilización cuando deberían mantener ante la realidad una perspectiva crítica que comience por defender los valores sobre los cuales se asienta una comunidad civilizada.

Las expresiones de barbarie brindadas por el llamado Comando Central de las Disidencias y el Eln, las Autodefensas gaitanistas son exactamente iguales por su crueldad a las de los Khmer rojos en Cambodia: matar por matar, humillar por humillar mientras las llamadas Mesas de Conversaciones son pantomimas de un estribillo de paz falso como lo demuestra la impunidad sobre estas demostraciones de crueldad. Y el hecho de que no se condenen radicalmente sus cruentas acciones contra las poblaciones i y se conviertan en motivo fugaz de algunos noticieros y no en una rápida respuesta de la fuerza pública, lo que nos está demostrando que la guerra se ha convertido en un espectáculo ya que quienes están encargados de acabarla y restituirle a campesinos, ciudadanos rurales sus tierras y sus derechos estarán durante años pendientes de lo que acuerden quienes no los representan.

¿Dónde se ha pronunciado el quisquilloso Comité de Derechos Humanos sobre esta crueldad desatada? 

Como lo he repetido, vaguedades, hipócritas comunicados de la ONU, silencio cómplice de la Iglesia de Puebla: esta violencia que ya no es la revolucionaria está renovando las economías emergentes, afirmando a los violentos en sus “derechos” sobre los nuevos territorios abriendo la puerta a una planificación totalitarista tal como ha pasado en Bolivia donde el cultivo de la coca pasó de ser propiedad de los campesinos ancestrales a ser dominado hoy por los barones del terror. Ya el campesino, el barequero, el pescador, el minero solitario sobran para esta economía impuesta, como lo vemos, a sangre y fuego en tanto se impone con los acuerdos una casta de estos poderosos, virtuosos en el arte de la crueldad. Judith Sakhlar, autora entre otros textos de “Los rostros de la injusticia”, “El liberalismo del miedo” pensadora liberal que renueva la respuesta democrática frente al totalitarismo disfrazado y a las farsas que lo acompañan, denuncia ante todo la crueldad, crueldad entendida  como “La deliberada imposición de daños físicos –y secundariamente emocionales- a una persona o a un grupo más débil por parte del más fuerte con el objetivo de alcanzar algún fin tangible e intangible, de estos últimos”. Temor, sufrimiento que la falsa información disimula, que los llamados defensores de “Derechos Humanos” disfrazan en cifras y admoniciones. Ante lo cual como recuerda Judith Sahklar, “al liberalismo del miedo, más modesto y discreto, le basta evitar el mayor de los males en política, la crueldad arbitraria” Ya que quienes ven y callan son, repito, cómplices de primera línea de esta crueldad, liberales cómplices.