Por Gerardo Emilio Duque G.Â
En el famoso crucero a inicios del siglo XIX, el Titanic se hundÃa y los músicos de planta tenÃan las instrucciones de tocar en medio del pánico y la zozobra por el trágico insuceso.
La gente gritaba, corrÃan desesperados, pedÃan auxilio y los músicos seguÃan tocando. Uno de los músicos le dijo a otro: no nos están escuchando y el otro le contestó: de todas maneras, nunca nos han escuchado.
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En el municipio de Segovia Antioquia estaba un campesino un dÃa de mercado vendiendo una mula, pero lo hacÃa con un desencanto y una frialdad que nadie le paraba bolas. Un parroquiano que pasaba por ahà le dijo: asà no la va a vender, venga yo le ayudo. Y empezó: vengan vean que hermosura de ejemplar, la mejor mula de la región, trochera, galopera, miren ese perfil, puede hasta con dos toneladas de carga y empezó la gente a arrimarse y preguntar. Y el voluntario le dijo al dueño: ¿Por cuánto vendemos la mula? Y este le contestó: ah no, ya tan buena no la vendo.
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En el municipio del Carmen de Viboral existÃa un restaurante famoso que se llamaba Mi Tacita. Un dÃa cualquiera le dije a mi conductor: ¿Rigo llévame a Mi Tacita a almorzar? Y arrancamos para el sitio. En el camino Rigo se encontró con otro conductor amigo quien le preguntó: ¿Rigo pa’ dónde vas? Y Rigo contestó: voy pa’ la tacita del doctor.
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Le llegó la invitación a un amigo mÃo para el matrimonio de un allegado y en la tarjeta decÃa en cual almacén estaba la lista de regalos para darle de presente a los cónyuges. Cuando el invitado llegó al almacén notó que habÃa llegado tarde a la compra porque solo quedaba el televisor. O sea que a comprar televisor mijo. Con cuotas a seis años sacó un televisor de 40 pulgadas y se lo regaló a la pareja.
Se celebró al fin la boda y al año el invitado se encontró con el contrayente y le preguntó: ¿qué hubo hombre cómo va su matrimonio? Y le dijo: muy mal, eso se acabó. Preguntó el invitado: no han hecho nada por volver… Y el otro respondió: no porque esa vieja está loca. La última vez que se regó contra mà me quebró un televisor y, no me acuerdo ni quién me lo regaló. Lo despedazó contra el suelo. Y el otro pobre pensó: qué maricada, todavÃa me faltan sesenta cuotas pa’ pagar ese hijueputa y no se acuerda ni siquiera quien se lo regaló.


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