20 junio, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Hugo, cumple el primer año en tiempos del coronavirus

Por Oscar Domínguez G. 

Es el primer poeta sonsoneño  que presenta un libro luciendo su camiseta de bachiller modelo 58 de la Pontificia Bolivariana. Lo hizo alguna vez en la Fundación Otraparte, de Envigado, en el lanzamiento de  “Mis versos, sonetos y décimas”.

Hoy 4 de mayo está cumpliendo el primer año en tiempos del coronavirus. O sea que llegó a sus primeros 81 y hoy le darán huevo entero en casa y la presa más grande.

A Hugo Álvarez Restrepo, Huguis para su furioso colectivo de admiradoras, lo llaman para hacer un soneto, invento italiano, o una décima, creación del español Vicente Espinel, y está ocupado redactándolas.

Este “boquisucio” que suelta madrazos como quien desgrana rosarios, interpreta su visión del mundo en “los catorce versos dicen que es soneto”, o en una de las jijuemil décimas o espinelas que ha parido.

Filántropo y profesor de arquitectura, vive debajo de un sombrero. Si las modelos exitosas no repiten cucos, Hugo, el de cuidado bigote exlibidinoso, no repite sombrero. Usted ve a “Penjaus” Hugo sin sombrero y lo desconoce. Se lo quita para fornicar. Dicen.

Nada de lo humano le ha sido extraño. Es arquitecto-poeta de la UPB y sus casas, como sus versos, son firmes. Imposible encontrarle un edificio Space en cualquier soneto.

Parte de su diploma lo invirtió en el diseño y construcción del Palacio Municipal de Envigado. Los alcaldes envigadeños  y su gente, pueden dormir, perdón, trabajar tranquilos.  Lo mismo se puede decir del Edificio de la Cámara de Comercio de Medellín, en cuya estructura también tiene acciones.

Es fotógrafo primero y sonetista o decimero después. Se luce como pintor de brocha frágil. ¿Hay que componer alguna canción? Pídansela al coleccionista y miembro de la Corporación Daniel Uribe. Siendo piernipeludo, le montó la perseguidora al seco Agustín Lara. Descansó cuando logró coronarle autógrafo al amor de María Bonita, María Félix.

Para el canal TELEVIDA hizo dos series de 24 capítulos. Una llamada Abuelos de hoy, y otra, más tierna, Canas al aire. La noche de Otraparte pasó la ponchera en demanda de fondos para sus cuchitos sonsoneños. (Esta columna es una infame lagartada para que acepte mi hoja debida de aspirante al ancianato “… cuando llegue la ocasión”).

Le ha rendido el batido vital para ser modelo de la agencia Informa. No fue modelo siendo muchacho pispito de ojos sino ahora, gechón, como le gusta escribir esta palabreja dándole un patadón en las partes nobles a la ortografía. Hizo comercial para pañales desechables y “espero que me tengan en cuenta para uno de Campos de Paz”, pontificó, irónico, mamagallista siempre, en alguna de las tertulias que frecuenta. Porque se tiene confianza para echar paja.

Según doña Lucila González de Chaves, quien presentó el libro, Hugo “es un ser humano excepcional, gentil, alegre, leal, buen amigo de sus amigos, inteligente… “. Mejor dicho, lo hicieron y botaron la horma.

Sus amigos esperamos un soneto con décima de ñapa para inmortalizar un  tromboembolismo pulmonar que lo mandó a la Cardiovascular en algún momento. Está demoraito. Médicos, su esposa María Isabel “i”hijos  dicen que hay “Huguis” para rato.

UN MENSAJE AL ARQUITECTO

Hugo, muy bonita esa profesión tuya, pa qué. Con razón ustedes los arquitectos echan la casa por la ventana, por debajo de la puerta, por donde sea.

 Donde soñamos, mínimo, hay un arquitecto. Ustedes tienen el espacio, el infinito, como materia prima.

Con razón tus colegas de la torre de Babel quisieron desafiar al arquitecto del universo, tu colega, y echaron pa´rriba. Pero Dios no admite competencia y los puso a hablar y a entender pendejadas.

En ese entonces, un “máistro” de obra pedía un ladrillo y le hacían llegar el brasier (¿¡) de la primera vieja que pasaba por allí. Otro pedía cemento y le entregaban dos botones para que hiciera un yo-yo. Y así no se puede, gran Hugo.

Dios está en todas partes, ustedes en casi todas, respirándole en la nuca.

Ven un lote de engorde y se les chorrea la baba.

Desde donde te escribo estas líneas de felicitación todo me dice que un arquitecto, muchos, pasaron por aquí. Miro a la “remota lontananza” de los poetas de dos pesos y veo arquitectos en forma de torres de toda clase. Parecen decir: “Un Huguito pasó por aquí. Feliciten, bobos”.

Que en tu penjaus, María Isabel y el resto de tu tribu te den huevo entero. Te lo merecés. Y seguí construyendo décimas y sonetos.