Hacedor de milagros

 

Por Carlos Alberto Ospina M. (foto)

“¡Papi, tienes que engordar, tienes que engordar!”. Luis, no comprendía el tono de súplica de su hijo hasta que supo el diagnóstico médico. Tres años atrás padecía unos fuertes dolores en la parte superior del abdomen, a la vez que comenzó a cambiar la esclerótica o membrana blanquecina de los ojos. Tampoco había visto que la piel estaba amarilla.

“El médico dijo que no vas a recuperar los 10 kilos perdidos, porque tienes cáncer en la vía biliar”. A partir de ese momento entendió la energía enmarcada en la frase de su hijo y comenzó a vivir el proceso que lo llevaría al trasplante de hígado.

Durante el transcurso de la entrevista realizada en el consultorio del Hospital Pablo Tobón Uribe, a manera de play back, la sonrisa abierta y pícara de aquel doctor, por unos segundos, me llevó a las aulas del colegio de la Bolivariana de Medellín. Él dice recordarme con total precisión, en cambio remotamente vi la imagen de un niño travieso y “plaga” que nos hacía reír con sus constantes locuras. Varias décadas más tarde estoy sentado frente a un hacedor de milagros. La alegría de encontrar a un científico, un especialista, un hepatólogo y en particular, a un hombre que desde el 2000 ha participado en la realización de más de 626 trasplantes, pone en primera línea a Juan Carlos Restrepo Gutiérrez y a un grupo de hombres de buena voluntad.

“El doctor Juan Carlos es un ser humano con una sensibilidad única”, festeja, Luis, trasplantado en 2018. Restrepo Gutiérrez tiene 56 años recién cumplidos. Una intachable hoja de vida como profesor de Medicina, Jefe de Sección de Gastrohepatología, coordinador de la especialización en ese ramo de la U. de A., PhD y director de la Unidad de Hepatología y de Trasplante de Hígado del Hospital Pablo Tobón Uribe de la capital antioqueña. Ninguno de esos títulos le pesan sobre los hombros; por el contrario, su sencillez, criterio y espontaneidad permiten que luzca más en el ámbito profesional.

La ley 1805 de 2016 convierte a todos los colombianos en donantes de órganos y tejidos, salvo que haga una declaración de voluntad ante notario público y la envíe al Instituto Nacional de Salud (INS). Otra vía consiste en manifestar su negativa a ser donante en la etapa de afiliación a la EPS. No obstante, al instante del deceso del potencial donante se sigue con el protocolo de la entrevista familiar para establecer los antecedentes de salud; tales como trasfusiones, enfermedades, países a los que viajó recientemente, etc. (Circular No.000007 de 2017 Ministerio de Salud y Protección Social). Por un lado, van las disposiciones legales y por el otro, la cultura de la donación de órganos. En algunos sectores de la sociedad existe el equivocado concepto que los trasplantes son para gente rica o que a un individuo declarado con muerte cerebral no se le presta la atención debida con el fin de vender sus órganos; entre otros mitos urbanos que faltan a la verdad.

“¿Ya comiste?, no vaya a comer que llegó la hora del trasplante” con este tipo de llamada telefónica, Juan Carlos Restrepo Gutiérrez, le avisa al paciente que llegó la hora de una nueva oportunidad de mejorar su calidad de vida. Contrario a la divulgación de falsas noticias y diferentes prejuicios sociales, las personas candidatas a un trasplante de órgano están apuntadas en una lista denominada MELD por sus siglas en inglés (Model for End-Stage Liver Disease) o Modelo de diagnóstico para enfermedad hepática. Dicha guía de clasificación establece el grado de prioridad de la intervención y a la par se inscribe en el Instituto Nacional de Salud.

“Uno no trasplanta seres humanos perfectos, uno interviene personas con todas sus dificultades”. Con esta afirmación, Restrepo Gutiérrez, elimina cualquier posibilidad de discriminación. Hace un tiempo alguien de una aseguradora le indicó que “para qué iban a perder el dinero trasplantando a una vendedora ambulante”. Similar resistencia pasó con una campesina en silla de ruedas, quien presentaba secuelas de un padecimiento cerebrovascular o encefalopatía. A la humilde mujer le tuvieron que sacar 19 dientes debido a la enfermedad periodontal, y 16 años después, sigue criando a sus hijos. Ambas madres desvirtúan la errónea percepción sobre los trasplantes.

Cada donante es multiorgánico. De aquí la importancia del lapso de 12 a 24 horas en seguida de decretar la muerte cerebral. En nuestro medio las causas más comunes de fallecimiento se relacionan con proyectil de arma de fuego, derrame cerebral, traumas laborales y accidentes de tránsito; en especial, motociclistas. Al respecto, en distintas salas de urgencias se escuchan expresiones desatinadas: “¡Claro! Quieren que sea donante, olvídense, para no hacerle nada, para ganar plata”. Este es uno de los obstáculos a vencer, junto a los trámites administrativos del aseguramiento para que el paciente trasplantado obtenga las citas, los exámenes de laboratorios y los medicamentos de forma oportuna.

Constatar el excelente estado de salud de Luis y ver el brillo en la expresión de la mirada del hepatólogo al referirse a la joven de 26 años que, dos días antes había trasplantado, son motivos suficientes para reconocer que hay milagros manifestados a dos manos, de Dios y de las de Juan Carlos Restrepo Gutiérrez.