27 octubre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

‘’George Floyd lleva un año de muerto. Su asesino pasará en prisión las próximas dos décadas. Sin embargo su legado sigue en el aire’’.

Rafael Bravo
  • ‘’George Floyd has been dead a year. His killer will be in prison for two decades to come. But his legacy is still up in the air’’. 

Por Rafael Bravo 

La fuerza pública, llámese policía, atraviesa por uno de sus peores momentos. Entender su labor no siempre es entendida por la comunidad. 

Fundamentalmente, la función de esa institución es la prevención y detección de actividades criminales y el mantenimiento del orden y la seguridad públicas. 

Algunos la definen como ‘’un cuerpo conformado por personas empoderadas por un estado con el fin de hacer cumplir la ley, asegurar la seguridad y la salud de los bienes de los ciudadanos’’. Según lo anterior, esas atribuciones legales incluyen la detención o arresto y el uso de la fuerza legítima que les otorga el estado. 

Los recientes acontecimientos de violencia en varios países y la forma como ha respondido la policía han motivado a sectores de la sociedad civil a redefinir su papel a través de una reforma que necesariamente debe pasar por el legislativo. Para comenzar, se podría decir que los criterios de ingreso a ese organismo son muy similares en todas las latitudes, pero lamentablemente la escolaridad y remuneración cambia de acuerdo con cada país. Por lo anterior, la ciudadanía tiene una imagen que en no pocas ocasiones considera al policía un personaje de inferior categoría y que no merece el respeto debido como representante de la ley. 

También debe tenerse en cuenta que dentro de la policía existen otros cuerpos de seguridad especializados que realizan actividades complementarias en su misión de combatir al delito y preservar el orden. Lo que ocurre hoy en Colombia y hace poco en Chile, Ecuador y los Estados Unidos donde una ola de protestas y manifestaciones han desencadenado en violencia y destrucción, se cuestiona la forma tan feroz y vehemente como las fuerzas de seguridad están actuando lo que en algunos casos resulta fatal. 

La protesta social es un derecho universal que se rige por los principios de legalidad, necesidad, proporcionalidad y precaución de acuerdo con el documento que analiza esos movimientos y el uso de la fuerza excesiva en Colombia. No es un secreto que ha habido casos de criminalización del lado de la policía, pero también que hay intereses del narcotráfico y grupos irregulares apoyando a los violentos en su ánimo destructor. Cuando se ataca agresivamente y con intención asesina a las fuerzas, no se puede esperar nada diferente a una respuesta dura e implacable. 

La muerte de civiles a manos de la policía ha convertido a la izquierda y ciertos medios de comunicación en críticos despiadados y en una voz para que se limite su campo de acción a través de un habilidoso manejo político que solo logra polarizar la opinión de los ciudadanos y no conduce a soluciones efectivas. Otra cosa sería reglamentar el uso de elementos de combate que causan heridas graves a los protestantes justificado reclamo de los defensores de los derechos humanos. 

El movimiento Black Lives Matter surgido de la penosa muerte de George Floyd sirvió para que la sociedad norteamericana entendiera que los abusos policiales en contra de las minorías afro han sido una realidad que debe ser abordada mediante una reforma que está muy cerca de convertirse en ley. 

Ciertamente, actores como Antifa y otros grupos afines a la extrema derecha promovieron hechos violentos entre sí y en contra de la policía con el saldo de varios muertos y expresiones de protesta en muchas ciudades. El oficial que asesinó a Floyd acaba de recibir una condena de 22 años y medio. 

A medida que los gobiernos van levantando las restricciones se viene observando un peligroso aumento de la criminalidad. Quienes piden una reducción de los presupuestos de la policía, se verán abocados a una situación donde la delincuencia querrá tomarse a sus comunidades. Los índices de homicidios comienzan a asustar y hay ciudades donde el hampa domina a su antojo barrios enteros. 

Lo que nos lleva a una inesperada ola de retiros de oficiales que ven cómo su servicio no es reconocido y cómo sus vidas se ponen en riesgo enfrentando a los criminales. Además, la remuneración recibida es baja y las presiones a que son sometidos terminan socavando la estructura familiar y la estabilidad mental. La policía no importa el lugar, merece todo el reconocimiento como la única forma de protección ciudadana. Bienvenidas las iniciativas de cambio poniendo de presente los intereses colectivos.