18 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Ganaremos con quien mejor interprete al pueblo colombiano

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Por Claudia Posada 

Es indiscutible. Las figuras visibles -y no tan visibles pero agentes mediadores- que pertenecen a las clases dominantes, las mismas que en Colombia han decidido por centurias el rumbo del país en los distintos ámbitos del acontecer público, están muy preocupadas. Dirigentes (y sus escuderos) del mundo financiero, empresarial y político, andan de “pelo parado y ojo brotado”. No lo pueden disimular. Es lógico. Las elecciones que se avecinan para votar por quien vaya a suceder el mandato de Gustavo Petro, tienen muy asustados a todos aquellos que, con seguidores y maquinarias bien aceitadas, siempre se han movido en las esferas de poder y decisión saliendo favorecidos, de una u otra manera. La jornada electoral que puso en la Casa de Nariño al exguerrillero del M-19 sorprendió a la hora de los resultados, aunque mientras transcurrió la campaña electoral, inclusive para la definición en segunda vuelta, los temores por un potencial fracaso, fueron, digamos, los normales; en general “se tenían confianza”. Ahora, en cambio ¡cunde el miedo!

Repasemos. Así ha transcurrido la corrida en la pintoresca plaza de los colombianos: Al principio desconcierto y también buenas expectativas, por partes iguales; luego la plaza se animó y avivó al torero que arrancó con excelentes toros pero, tal vez, faltos de nobleza, resultaron inferiores a lo que se esperaba pues no respondieron debidamente a los pases con el capote; además ¡increíble! ignoraron el porqué de la muleta para los naturales (El pase Natural siempre se ejecuta “con la izquierda”). Y casi todos los toros se amorcillaron. Al cambio de tercio empezaron los engaños aquí y allá. La plaza está dividida. Banderillas y muchos desplantes. Lidia magistral para unos, un maletilla engreído para otros. Las embestidas no paran.

Es tal el miedo a tener que seguir en la oposición, con lo jarto que debe ser estar inventando babosadas que, al fin y al cabo, acostumbrados a repartirse “pequeñas bondades”, andan aturdidos: la carencia de los grandes privilegios que da el poder los tiene atarantados. A estas alturas siguen en encontrones muy inconvenientes, se salen de la ropa y se sacan los trapitos al Sol. Esta vez, sea quien sea, se enfrentará, muy posiblemente, a un torero sereno, no tan amigo de las banderillas, pero sí con técnica analizada en una larga trayectoria.  Hay temple y respeto, nada de improvisar, nada de dar papaya y sacar la espada, hay preparación mental y física, y demostrada paciencia que impide reacciones primarias de las que toca después arrepentirse. La gran plaza colombiana en la que desde algunos tendidos gritan sandeces, mientras en otros cantan alegres notas de entusiasmo, se nos está convirtiendo en un circo romano.

 Desde la barrera anhelamos entendimiento, discernir con claridad para acertar el camino a seguir y con quiénes o con quién caminarlo. No es fácil, las ambiciones enceguecen; pero si hicieran de cuenta que es de verdad el amor que dicen tener por nuestra patria, si comprendieran que esas frases huecas las pueden llenar de real empatía, les irá mejor a la hora de tomar la tan difícil decisión. Aquellas posturas repletas de mensajes necios, irónicos y hasta envenenados por el rencor acumulado, a cada uno en particular les hace daño, lo mismo que al país.  Mejor evitarlo, ganaremos todos cuando en mayo (o en junio si hay segunda vuelta) elijamos al candidato o candidata con los mayores conocimientos para gobernar, con valores y principios probados en su recorrido,  fiel representante de lo que es el alto sentido de la honradez, y que no carezca de la sensibilidad social necesaria para interpretar al pueblo colombiano.