Galán: Más allá de los principios liberales

 

Por Claudia Posada (foto)

Reconstruir los partidos corresponde a la clase política que dice representarlos, pero sin duda, gozar de los favores del poder superó hace rato los principios consignados en los idearios partidistas.

Hace treinta años sucedió el asesinato de Luis Carlos Galán, fue el 18 de agosto de 1989, tenía 46 años y quería ser presidente de Colombia por el Partido Liberal, colectividad a la que había pertenecido antes de fundar el Nuevo Liberalismo. Asesinarlo fue la forma en la que las mafias de narcotráfico colombiano lo sacaron del camino porque para sus intereses era un estorbo; Galán no temía luchar contra el clientelismo, la corrupción y el negocio ilícito de las drogas. Los discursos de Luis Carlos Galán fueron llanos y sus axiomas coherentes con los principios del liberalismo.

Defender los derechos humanos, propiciar el equilibrio entre las ramas del poder público, luchar por valores como la libertad, la democracia, la justicia y la igualdad de oportunidades, fueron sus banderas. Esto significa que tales fundamentos ideológicos iban más allá de los postulados liberales; son los principios que todo político, arropado por cualquier partido, debería defender.

Los razonamientos que contenían sus discursos, para llevar a la práctica una vez fuera el mandatario de los colombianos, tienen hoy plena vigencia. Esto quiere decir que los planteamientos de Galán, aquellos que en buena parte fueron recogidos en la Asamblea Nacional Constituyente, proclamados por los constituyentes y plasmados en la Constitución del 91, reclamaban modernizar el Estado. Ahí está nuestra carta política, abierta a las reformas y llamando a la democracia participativa, pero tristemente sin materializarse y respetarse plenamente. (Fueron 70 los constituyentes: 25 del PL, 19 del M-19, 11 del Movimiento de Salvación Nacional, 9 del P. Social Conservador, y 6 que con 2 escaños cada uno, representaron un movimiento cristiano, la UP y los movimientos indígenas).

Particularmente llama la atención que los planteamientos expuestos por Luis Carlos Galán para la necesaria reforma educativa, si se revisaran hoy, podrían aplicarse sin discusión. El candidato asesinado hace 30 años fue un apasionado de la Educación; son muchas las veces que se refirió en sus discursos al porqué de su importancia para Colombia y los jóvenes colombianos.

“Bastantes jóvenes, desafortunadamente, piensan que la violencia es el único instrumento eficaz para los cambios sociales. (…) Sin embargo, muchos jóvenes mantenemos la esperanza en conseguir las transformaciones mediante la evolución mental y espiritual que determina la educación”. Así se expresaba Galán a sus 27 años cuando fue Ministro de Educación en el gabinete del presidente Misael Pastrana Borrero.

Impacta que hayan pasado tres décadas y los discursos de Galán suenen como escritos hoy. Su profundidad, y la validez actual de sus contenidos, señalan un camino que no hemos podido recorrer porque en las esferas de poder y decisión libran otras batallas: las de sus propios intereses.

 “(…) resulta necesario subrayar que el sistema ya no sólo tiene que considerar los problemas de la educación intelectual, ética, física, emocional y estética, por ejemplo, sino ciertos problemas concretos de la sociedad colombiana como la necesidad de crear valores para superar los impulsos negativos y destructivos, la violencia individual y social, la injusticia, el atraso, la mediocridad, el aislamiento; la indiferencia por las responsabilidades familiares, el autoritarismo, la intolerancia, el escepticismo y la indiferencia frente a las cuestiones cívicas, la corrupción y la deshonestidad”. Luis Carlos Galán Sarmiento. (De uno de sus discursos hace más de 40 años)