“Fuego” y “veneno” en el Congreso

Por Claudia Posada

Si más colombianos quieren convencerse por sí mismos de cómo en el Congreso pierden el tiempo en cháchara y en discrepancias subidas de tono para esquivar el deber que les es propio, no necesitan más que el esfuerzo de ver, de cuando en cuando, por ejemplo, las transmisiones de sesiones plenarias del Senado. La de la noche de este martes 2 de diciembre, evidenció, como tantas otras de esta corporación al igual que de la Cámara, que no es solamente en las redes sociales en donde se incendia con la palabra; en este Recinto de la Democracia, a punta de ardides y arabescos idiomáticos, pasaron del lenguaje engañabobos a elaborados malabares dialecticos para dejar que corra el tiempo sin concentrarse en el tema o asunto   para el que son convocados; más bien lo aprovechan en apostarle a fortalecer lazos de rencor finamente tejidos con veneno mordaz para dirigirse a otros con igual curul, sentados frente a ellos.

Pero no todos los congresistas son virulentos, no todos usan el sarcasmo para defender sus posiciones; si nos tomamos el trabajo de revisar cómo trascurrió la plenaria de referencia, entenderemos el porqué de la “pena ajena” del Senador  Juan Felipe Lemos, quien intervino para hacer un llamado de atención sumamente pertinente; con la ponderación y respeto que le son característicos, les dijo, palabras más palabras menos,  cómo es de vergonzoso que se dediquen a discusiones totalmente ajenas a lo que debería tratarse, refiriéndose a esa manera afrentosa de dirigirse unos a otros.

Por su parte, desde la bancada del Partido Verde, los Senadores Antonio Sanguino y Juan Luis Castro en consonancia con Lemos, Senador de la U, también y de manera igualmente mesurada, hicieron alusión a cómo algunos de sus colegas utilizan el tiempo de sus intervenciones para derrochar improperios, mientras urge en el Congreso deliberar sobre la dificilísima situación originada en el Paro y cumplir con la responsabilidad que les toca para ayudar a resolverla. “No es un asunto de partidos o posiciones ideológicas sino un delicado asunto de País”, lo dijo el Senador Castro con toda razón, ahí es donde está la sensatez que les falta a las bancadas que expelen odio en la mirada que es complemento a sus discursos incendiarios. En el reinado de la incoherencia, lo ilógico señala a sus contrarios de moverse inspirados por el resentimiento. “Vencer el odio, el rencor y la desigualdad” decía alguno de ellos, cuando la expresión de su rostro comunicaba el aborrecimiento que les es imposible ocultar. En cambio, muy bien expuestas sus razones para disentir, al igual que los motivos históricos para salir a protestar; así fueron las intervenciones de congresistas que representan la izquierda colombiana en el Congreso, a la verdadera izquierda que, aunque sea minoría en el “recinto de la democracia” tiene los mismos derechos de quienes piensan distinto, sean de centro o de derecha.

Cuando se cierra la mente a la sana percepción, es imposible la cordura. Es lamentable concluir que, mientras se generalice con rabia a los ciudadanos que han participado en las movilizaciones del momento en Colombia, señalándolos por igual de vándalos, están desconociendo que los merecedores de este rotulo son unos cuantos antisociales que por obedecer a otros, más perversos que ellos mismos o por su propia iniciativa, se ocultan en capuchas para destruir; e  ignoran las expresiones de inconformidad manifestadas pacíficamente por personas de todas las edades, social, geográfica y culturalmente diversas. Definitivamente no esperemos que el malestar ciudadano pueda ser comprendido por aquellos quienes, en vez de buscar y lograr pactos ajenos a la polarización y afines a la pacificación del país, sacan a relucir en sus intervenciones desde el Congreso, los votos que los subieron al poder como argumento para seguir botando fuego y llamando a los opositores incendiarios.