17 enero, 2022

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Formar a niños y jóvenes en los valores, actitudes y acciones contra el cambio climático

Enrique-E.-Batista-J.

Por Enrique E. Batista J., Ph. D. 

https://paideianueva.blogspot.com/

Los niños, como siempre, llevan y llevarán la peor parte con los desastrosos efectos del cambio climático. 

El 24 de octubre se celebra cada año «El Día Internacional contra el Cambio Climático» y en Glasgow – Escocia se llevará a cabo el encuentro mundial 26  sobre ese cambio con los objetivos de: movilizar y sensibilizar a millones de personas de todo el mundo acerca de los efectos del cambio climático y del grave peligro que conlleva el calentamiento global; asegurar cero emisión de gases de invernadero para mediados de este siglo; mantener la meta de un incremento global de la temperatura no superior a 1.5 grados Celsius con respecto a la era preindustrial; realizar adaptaciones para proteger a las comunidades y a los hábitats naturales; movilizar recursos financieros contra ese cambio, y trabajar conjuntamente para alcanzar estos logros. (https://ukcop26.org). 

Es común escuchar el voquible «sostenibilidad». El término tiene un solo alcance central bien definido: Sostener la vida en el planeta en condiciones  saludables para todos; esta connotación significa supervivencia de la especie humana y de las demás que nos acompañan en la naturaleza.  

Si queremos sobrevivir como especie es necesario salvar la vida en el planeta. Se precisa recordar que el planeta no nos necesita, el mismo seguirá rotando alrededor de sol con o sin nosotros, pero todos sí lo necesitamos a él, en especial los niños y jóvenes de hoy y las futuras generaciones, razón por la cual es necesaria nuestra responsabilidad consciente como adultos para asegurar que les entregamos un planeta sano, lleno y pleno de recursos para la vida, la creatividad y el florecimiento de las diversas culturas. Es una clara y tajante responsabilidad ética y moral que tenemos los adultos hoy. 

Parte esencial de nuestros compromisos éticos y morales frente a los hechos y factores que amenazan nuestra supervivencia como especie consiste en contribuir a diario y de manera solidaria con la eliminación de todos aquellos factores que han creado, y siguen agudizando, severos cambios climáticos. 

Vivimos en una biosfera que, como se puede inferir por su etimología, es el espacio en donde habitamos todos los seres vivos; espacio que es, a la vez, tanto físico como cultural, constituido por el conjunto interrelacionado de los distintos ecosistemas en los que nos relacionamos con las demás especies. El planeta no nos pertenece sólo a los humanos. La afectación de cualquiera de los ecosistemas crea riesgos inmensos como el agotamiento del agua potable con sus efectos, entre muchísimos otros, en la producción de alimentos, hambrunas, epidemias y exacerbación de la pobreza. (https://rb.gy/lcgokg). 

El desarrollo de las distintas revoluciones industriales y la emisión de gases de invernadero como consecuencia de la quema de combustibles fósiles, entre otros elementos contaminantes y degradantes de los ecosistemas, han producido efectos nocivos y perniciosos, alterando muchos de los ecosistemas necesarios para nuestra supervivencia. Una de las consecuencias bien visible ha sido el aumento de la temperatura, con las secuelas que ello trae como la desertificación, el derretimiento de los glaciales, tormentas tropicales cada vez más poderosas, incendios de bosques y selvas incontrolables, fuertes inundaciones a lo largo y ancho del mundo, fauna y flora en proceso de acelerada extinción, elevación del nivel del mar  y el riesgo de desaparición de muchas ciudades costeras, con los efectos que estos eventos tienen, y tendrán, en el comercio y la economía mundiales, así como en el incremento de  la pobreza y del hambre. (https://rb.gy/xlxq7e).  

Ante el arrasamiento del planeta con sus severos y perversos efectos sobre el cambio climático y la calidad de vida en el mismo, como es usual, los más afectados son los niños y jóvenes. Veamos: 

Los niños son más vulnerables a las olas de calor y a la contaminación ambiental del aire y de las aguas con efectos crecientes en trastornos respiratorios como el asma y variedad de alergias. Sufren ellos de malnutrición y más intensamente el estrés postraumático y las lesiones físicas. A estos sufrimientos se agregan enfermedades inflamatorias y autoinmunes debido a la exposición a rayos ultravioleta, a la humedad y a las altas temperaturas con el riesgo asociado de mayor número de casos con cáncer de piel; por insanidad ambiental quedan expuestos a enfermedades trasmitidas por vectores como piojos, ratas y mosquitos, entre ellas zika, dengue chikunguña y malaria. La contaminación del aire explica el 20% de las muertes de los recién nacidos.  (https://rb.gy/ywb25ohttps://rb.gy/9goeru). 

Tienen además los niños interrupción y retrasos agudos en sus procesos formativos escolares, pérdida de sus viviendas, escuelas y centros infantiles por desastres naturales. En la dimensión psicológica se presentan consecuencias graves como ansiedad, fobias, trastornos del sueño, retraso cognitivo, lingüísticos y del aprendizaje, condiciones que se agravan ante la ausencia de acceso a servicios oportunos de salud. Aparte de desnutrición, sufren de diarreas, infestación por parásitos, dolor y sufrimiento por las muertes de sus familiares o allegados. (https://rb.gy/ywb25o,https://rb.gy/qfbks9). 

A todo lo anterior se suma la predisposición que adquieren para el desarrollo de otras enfermedades cuando sean adultos. De otra parte, el cambio climático ha llenado de aprensión a muchas personas para engendrar y criar hijos temiendo que llegarán a sufrir los efectos devastadores, venideros y previsibles, del calentamiento global y de sus visibles efectos por los devastadores fenómenos naturales. (https://rb.gy/yhzht1).   

Ha reconocido la «Organización Mundial de la Salud» que cerca del 80% de las enfermedades o muertes que ocurren entre los niños se deben al cambio climático. Por su parte, el «Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia – UNICEF» ha estimado que 1000 millones de niños afrontan impactos negativos por la crisis climática, 240 millones están expuestos a inundaciones costeras; 330 millones a inundaciones de ríos,  400 millones a ciclones, 600 millones a enfermedades transmisibles por plagas como los mosquitos, 815 millones a contaminación por plomo, 820 millones a olas de calor, 900 millones a escasez de agua y 1000 millones de ellos a altos niveles de polución. Para que las cifras sumen bien, muchos están expuestos a una combinación de entre cuatro y seis de estos factores, guarismos que, se anticipa, empeorarán a medida que el cambio climático se acelera y se siga violando de manera abierta y cruel al derecho de los niños a una vida saludable y feliz. (https://rb.gy/numfnghttps://rb.gy/sy6ryk).  

La organización «Save the Children» ha señalado con claridad que el cambio climático es una amenaza grave a la supervivencia de los niños. Bien recuerda que las «Naciones Unidas» han indicado que muchas familias tendrán que escoger entre la muerte por hambre y la migración, que el 90% de las enfermedades que resultan de la crisis climática afectarán a los niños de menos de 5 años y que para 2050 se prevé que 24 millones adicionales estarán desnutridos como resultado del cambio climático. Resaltando más cifras, que nos concitan a trabajar contra el cambio climático, para 2040 se estima que uno de cada cuatro niños estará viviendo en áreas con insuficiente acceso a agua potable, cerca de 160 millones estarán expuestos a sequías severas y prolongadas, a otros 38 millones se les interrumpirá el año escolar, cuando hoy ya se cuentan por millones los que están fuera de la escuela. Cerca de 710 millones de ellos viven en países con los más altos riesgos de sufrir los impactos desastrosos del cambio climático. Dada la crisis climática, para el año 2050 se espera que habrá 143 millones más de migrantes. (https://rb.gy/5jg4h5). 

Estas cifras atormentadoras enumeradas obligan a todos, en especial a los adultos, a considerar con seriedad y compromiso profundo que el cambio climático es el reto central que tenemos los seres humanos para nuestra supervivencia y para una vida digna. Nos corresponde asumir los compromisos para detener o mitigar, desde ya, los efectos desastrosos de los gases de invernaderos, el uso de combustible fósiles, la depredación de los recursos naturales no renovables y la extinción de muchísimas especies de flora y fauna. 

Las escuelas y una sólida formación cívica y ambiental de todos los adultos, de todas las edades, son esenciales para ofrecer a los niños y jóvenes actuales, y de generaciones futuras, un planeta con ecosistemas sanos que sean seguros, conducentes a una vida saludable para todas las formas de vida. En las escuelas de todo el mundo, dada la gravedad de lo que ocurre y de lo nublado del futuro, se imperativo adelantar, en todos y cada uno de los grados, formación contra el cambio climático mediante proyectos de aprendizaje transversales a las diversas asignaturas o áreas de formativas. 

Enfrentemos la crisis climática en tiempo presente, asumamos con más plena conciencia ciudadana y humana lo que está ocurriendo ahora, hoy, de tal manera que podamos prever, mitigar o anular con precisión los daños futuros para todos nosotros y en especial para las generaciones de niños y jóvenes de hoy y de las que nos seguirán más adelante.