“Esto se hace, valga lo que valga”

 

Por Claudia Posada (foto)

Los tres componentes del proyecto Túnel Aburrá-Oriente, el técnico, el social y el ambiental, este último especialmente, en su momento fueron cuestionados por distintas personas, mandatarios y colectivos. Aunque no es ninguna novedad que toda mega obra tenga críticos al igual que afectos, vale la pena recordar que, con argumentos veraces o no, unos y otros obran en contra o a favor por dos razones: La convicción, o el aprovechamiento personal. Lamentablemente la convicción es derrotada, generalmente, por el aprovechamiento de algunos privilegiados de siempre.

Llámense Proyecto Hidroeléctrico Ituango, Autopistas de la Prosperidad, Túnel del Toyo, Ruta del Sol, Túnel de Occidente, Ruta del Cacao, Vías 4G, etc. como sea que se bauticen las grandes obras de infraestructura en Colombia, todas son el resultado de decisiones políticas.

Hasta aquí nada nuevo, es lo que debemos entender como ciudadanos, nosotros elegimos y ellos deciden.  Lo importante es no perder de vista que muchas obras, sean mega proyectos nacionales, o bien pequeñas o medianas soluciones de carácter regional o local, obedecen a criterios más de conveniencia para unos cuantos, que a bondades aplicables al beneficio común o beneficio a los sectores poblacionales para que mejoren su calidad de vida gracias a ellas.

No hay que analizar demasiado el progreso de algunos territorios con relación a otros que parecen postrados en su miseria, para entender que el desarrollo favorece particularmente a los mismos: a mandatarios, líderes políticos, sectores empresariales, emporios económicos, industriales, y desde luego a los poderosos contratistas a quienes se les adjudica uno u otro proyecto, o varios a la vez. (Y las cifras calculadas inicialmente, sin razón clara aparente, crecen “mágicamente” a medida que el tiempo corre).

Definitivamente lo que menos importa a la clase política, es que sus decisiones podrían llevarles grandes satisfacciones a familias distintas a las suyas o a las de sus amigos. Ante la majestuosidad de los mega proyectos, duele pensar que apenas unos pocos usufructúan los resultados económicos y sociales obtenidos por tales realizaciones.

Lo que menos importa a la clase política es que se destruyan los ecosistemas, que se violente la naturaleza y las montañas crujan. Lo importante, por ejemplo, es que se llegue al aeropuerto más rápido, así sea para quedarse en la sala de espera más tiempo del que se tarda en llegar al terminal aéreo; resulta muy placentero para los que toman las decisiones, sus áulicos y demás del entorno social y político, tener varias alternativas viales para llegar a la finca el fin de semana, para ir de paseo con los parientes que llegaron del exterior, o para tomar el avión que tras 7 horas de vuelo los llevará a su destino.

Es fascinante para ellos, gozar de varias opciones que conducen al mismo punto disfrutando distintos paisajes y climas. Mientras a otros le toca viajes extenuantes a pie, para comercializar el producto de la tierra por el que le dan una miseria.

No les es tan grato calcular, proyectar o diseñar obras que cuestan infinitamente menos pues les dejarán menos ganancias; proyectos que van a beneficiar a comunidades que no reportan agasajos y titulares aduladores, no son nada atractivos; pequeñas soluciones para comunidades empobrecidas de generación en generación, no animan; realizaciones para dar fin a las dificultades de los niños que en la ruralidad toman riesgos para ir a la escuela, no se idean; para ellos y las mujeres enfermas en el campo que tardan horas para llegar al casco urbano, la respuesta es falta de  presupuesto.

Quienes detentan el poder o pertenecen a las clases dominantes, inician, hacen e inauguran lo que amerite voladores y amplio reconocimiento público. Todo lo que signifique mover opinión favorable, aunque esté soportado en falacias, se va a convertir mañana en votos para cumplir metas personales, valgan lo que valgan.