25 enero, 2026

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Elucubraciones: La paradoja de la fe y el voto

Haga Click

Image Map

Eduardo Aristizabal

Por Eduardo Aristizábal Peláez 

En Colombia, país donde cerca del 70 % de los ciudadanos se declaran católicos y alrededor del 90 % afirma creer en Dios, las encuestas presidenciales recientes muestran una paradoja que desconcierta, los candidatos con mayor preferencia son ateos, y aventajan con holgura a sus competidores. Este contraste invita a una reflexión profunda sobre la relación entre religión y política.

La primera pregunta que surge es si, en el momento de votar, la fe queda relegada frente a otros intereses. La aparente contradicción revela que, aunque la religión sigue siendo un componente con principios claros, los electores priorizan factores distintos: propuestas económicas, promesas de seguridad, carisma personal o incluso la capacidad de confrontar a las élites tradicionales. El voto, más que un acto de coherencia doctrinal, parece convertirse en una herramienta pragmática.

El fenómeno también sugiere que muchos ciudadanos votan desde la óptica de sus necesidades inmediatas, más que desde una visión colectiva. La pregunta es inquietante: ¿se elige al candidato más idóneo para el país o al que promete resolver problemas personales? La democracia, en este sentido, corre el riesgo de fragmentarse en un mosaico de intereses particulares, debilitando la noción de proyecto nacional.

No puede ignorarse el papel de los medios de comunicación masivos, en gran medida controlados por grupos empresariales con intereses políticos definidos. La capacidad de moldear percepciones, instalar narrativas y fijar agendas es enorme. El ciudadano, expuesto diariamente a mensajes repetidos y dirigidos, puede terminar votando más por influencia mediática que por convicción propia. La pregunta sobre la autonomía del voto se vuelve entonces inevitable.

La situación real me lleva a recordar la crítica de Sócrates a la democracia ateniense. El voto universal, decía, debía ser reemplazado por un voto calificado, reservado a quienes tuvieran conocimiento y formación. Aunque su postura resulta polémica y difícil de aplicar en sociedades modernas, no deja de resonar en un país donde la desinformación y la manipulación mediática pesan tanto como la reflexión crítica. ¿Es la democracia colombiana un ejercicio de libertad consciente o un ritual condicionado?

La paradoja entre fe y voto en Colombia parece que se debe interpretar como un síntoma de la complejidad social. Los ciudadanos, creyentes o no, enfrentan dilemas que van más allá de la fe: la desigualdad, la violencia, la corrupción, la falta de oportunidades. En ese contexto, la política se convierte en un terreno donde la religión se diluye y los intereses personales, mediáticos o colectivos, marcan la pauta.

La pregunta que queda abierta es si la democracia colombiana logrará superar la tensión entre convicciones íntimas y presiones externas, para convertirse en un verdadero ejercicio de ciudadanía consciente y responsable.