19 septiembre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

Elucubraciones: Gran responsabilidad del periodista

Por Eduardo Aristizábal Peláez

En estos días de febril actividad  del periodismo, hago propicia la ocasión y me tomo el atrevimiento de interpretar el Dodecálogo del Periodista, del magín del escritor, periodista y ensayista gallego Camilo José Cela, Premio Nobel de Literatura. Espero nos sirva de repaso de principios que debemos tener siempre presentes en nuestra cotidiana labor los periodistas profesionales y mucho más ahora con el manejo de tan delicada información y opinión.

  1. Decir lo que acontece, no lo que quisiera que aconteciera o lo que se imagina que aconteció.

Empieza Saramago refiriéndose a la objetividad, que si existe y algunas personas niegan. Es la información, no opinión que parte  del objeto, de ahí su nombre. El objeto es en este caso la información acerca de una persona, de un  animal, cosa o hecho. No comuniquemos lo que nos imaginemos, transmitamos la realidad

2. Decir la verdad, anteponiéndola a cualquier otra consideración y recordando siempre  que la mentira no es noticia y aunque por tal fuere tomada, no es  rentable.

Principio,  fruto del mandamiento anterior. Es un valor- Definitivo e inconmensurable, porque los periodistas perseguimos la verdad por encima de cualquier consideración. Etica y constitucionalmente es nuestra obligación.

3. Ser tan objetivo como un espejo plano; la manipulación y aún la mera visión espectacular y deliberadamente monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra, cabe no más que a la literatura y jamás al periodismo.

Otro mandato que complementa los dos primeros y que confirma la obligación con la verdad, y la información real y material que nace del objeto.

4- Callar antes que deformar; el periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni el museo de figuras de cera.

Es mejor guardar silencio prudente, que arriesgar y  equivocarse. Ante la duda abstente.

5. Ser Independiente en su criterio y no entrar en el juego político inmediato.

Valor inconmensurable que cada vez se pierde más. El compromiso de los periodistas es con sus lectores, oyentes y televidentes y prácticamente es su representante ante les fuentes de información.

6. Aspirar al entendimiento intelectual y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.

Este principio lo resumimos  de una manera muy sencilla. El periodista tiene que pensar y comunicar con la cabeza, nunca con el corazón; con razón, no con emoción.

7. Funcionar acorde con su empresa – quiere decirse con la línea editorial – ya que un diario ha de ser una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades: en el supuesto de que la no coincidencia de criterios fuera insalvable, ha de buscar trabajo en otro lugar  ya que ni la traición – así mismo fingiendo o a la empresa, mintiendo – ni la conspiración, ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles. En cualquier caso, recuérdese que para exponer toda la baraja  de posibles puntos de vista  ya están las columnas y los artículos firmados. Y no quisiera seguir adelante – dicho sea al margen de los mandamientos – sin expresar mi dolor por el creciendo olvido en el que, salvo excepciones de todos conocidas y por todos celebradas, están cayendo los artículos literarios y de pensamiento no político en el periodismo actual, español y no español.

El periodista al firmar un contrato de vinculación, no puede pensar únicamente en la parte económica. Fundamental, conocer la filosofía del medio, el criterio de sus superiores y sus intereses de todo tipo.

8. Resistir toda suerte de presiones: morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económica, sindicales, etc, incluidas las de la propia empresa.

La verticalidad, independencia de criterio siempre nos tienen que acompañar.

9. Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada, sino el eco de todo.

Podemos traducir éste mandamiento, recordando que los periodistas somos medios, nunca protagonistas. Otro principio también muy olvidado, pues muchos periodistas ya se sienten artistas y a veces quieren ser más importantes que sus interlocutores.

10. Huir de la voz propia y escribir siempre  con la máxima sencillez y corrección posibles y un total respeto a la lengua. Si es ridículo escuchar a un poeta en trance ¡qué podríamos decir de un periodista inventándose el léxico y sembrando las páginas de voces entrecomilladas o en cursiva!

La excelente comunicación es un axioma en la actividad profesional. Dominio de la sintaxis y de la ortografía para estructurar siempre una perfecta y clara redacción o discurso.

11. Conservar el más firme y honesto orgullo profesional a todo trance y manteniendo siempre los debidos respetos, no inclinarse ante nadie.

El periodismo es una devoción, una pasión  y una profesión de la cual nos tenemos que sentir siempre orgullosos, respetando a los demás para que estos nos respeten.

12. No ensayar la delación ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla del fondo de reptiles: al murmurador se le acaba  cayendo la lengua  y al adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda.

El periodismo presta un servicio social, a la comunidad, a los demás. Busca siempre la información y la opinión de interés general, nunca particular.