@eljodario: Chapulin Colorado #Juan Paz

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (foto)

gardeazabal@eljodario.co

El lunes pasado El Tiempo le dedicó dos amplios espacios a la ministra de Cultura, doña Carmen Vásquez. El primero de ellos, otra vez una entrevista de página entera, en la 2.5 de la sección de Cultura. El segundo, el mismo día, en media página, otra en la 2.11 de la sección Cali. En ambas la señora ministra da amplias demostraciones de que en seis meses, (desde cuando dio aquella famosa entrevista que yo comenté en esta misma columna recién se posesionó), no ha mejorado su estilo de entender la cultura colombiana y, por el contrario, aunque algunas de las respuestas son casi idénticas a las de hace 180 días, en este par de entrevistas o cambió de asesor o no tuvo tiempo de revisar lo que contestaba.

Que una ministra de Cultura responda, al preguntarle sobre si la prioridad de la cultura son los objetivos económicos y diga :  “…Proteger y promover la cultura nos permitirá generar acceso a la cultura y promover el desarrollo de la industrias creativas y culturales no es una respuesta  de una ministra del gabinete del presidente Duque sino más bien del Chapulin Colorado. Y como si fuera poco, ella, que ha sido capaz de borrar de un plumazo los nombramientos del Museo, la Biblioteca y el Archivo Nacionales para adentrarse en las cuevas del olvido y el racismo de la mano de unos personajes que generan pánico porque pretenden borrar parte de nuestra memoria, responde sin temor: “…para mantener viva nuestra esencia y fortalecer nuestra identidad debemos hacer memoria, conservar las expresiones culturales y artísticas que nos identifican y nos emocionan…”, es decir que para doña Carmen Vásquez la memoria histórica, la que se guarda en las bibliotecas, los archivos y los museos no cuenta. Por eso tal vez entendemos la calidad de directores que ha nombrado al mando de los 3 tabernáculos de la memoria colombiana.

SIN ENERGÍA

Aun cuando hay un dicho repetido que “nada se aprende en cuerpo ajeno”, por estos días que Venezuela ha estado sin energía y hemos podido medir, pese a las exageraciones conque cada bando cuenta lo que sucede, los efectos negativos de la falta de suministro de electricidad durante más de 96 horas, pienso no solo en la capacidad de dirección y ordenamiento que poseemos en Colombia para los servicios públicos, sino en lo terrible que podría ser para todos el que por cualquier razón (distinta a la del descuido y desgreño evidente de Venezuela) nos llegara a faltar la energía en nuestra patria.

Como después del apagón de Gaviria el país aprendió la lección, hemos desarrollado nuestros avances sobre la base de que si no tenemos fluido eléctrico por las represas lo tenemos por el gas de nuestras entrañas o por el importado a través de las regasificadoras o de la interconexión, y nos creemos a salvo de un colapso como el que sufre el derruido templo del castrochavismo. ¿Pero que tal Bogotá, Cali o Medellín tres o más días sin energía? ¿De cuál tamaño serían las congestiones vehiculares si no funcionan los semáforos? ¿Y tendríamos suficiente combustible para mantener funcionando las plantas eléctricas de los edificios de más de 10 pisos para que los ascensores sigan prestando el servicio? ¿Y cómo harían los bancos y los cajeros y las facturas electrónicas? ¿Y dónde se podrían cargar las baterías de los celulares? ¿Y cómo llenar los tanques de los vehículos si los surtidores de gasolina se mueven por electricidad? ¿Y en ciudades como Cali y Barranquilla, que bombean su agua potable, dónde serían los centros de acopio para el líquido vital?

Agradezcamos que tenemos una clase dirigente previsiva y un país ordenado y un pueblo con imaginación para salir de ese y cualquier otro percance.

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