28 noviembre, 2020

Primicias de la política, empresariales y de la farándula

El virus que desnudó al neoliberalismo

Por Jorge Alberto Velásquez Betancur 

La ética no es precisamente un plato que guste al neoliberalismo, el mismo que ha demostrado no tener una base ética en su proceder.

El turismo, ícono de la globalización y bandera del neoliberalismo, es el motor expansivo de la nueva plaga global.

Los paradigmas del neoliberalismo fueron destronados en el breve lapso de dos meses, tras la tragedia causada por un virus expandido con tanta fuerza y velocidad que puso a tambalear el sistema económico mundial y sumergió a los gobernantes del mundo en un mar de dudas.

Vamos al grano:

  1. El primer propósito del neoliberalismo, que en Colombia tan dócilmente adoptaron los constituyentes del 91 por imposición del FMI, fue el desmonte del Estado de bienestar y la privatización de todos los servicios públicos, para dar prioridad a la iniciativa privada y ceder el mando a la llamada “mano invisible del mercado. ¿Ante la avalancha de contagios y muertes a quién le tocó asumir el manejo de la situación? Al Estado. ¿Con qué recursos? Con créditos de los bancos centrales o compra de deuda, como llaman a lo que en palabras más claras significa emisión de moneda sin respaldo, lo que, en el futuro, cuando despertemos de esta pesadilla, significará inflación desmesurada y extensión de la pobreza. ¿Por qué? Porque los Estados no tienen ahorros ni generan recursos más allá de los cada vez más altos impuestos al trabajo y al consumo y porque la generación de riqueza está en el sector privado, que, de nuevo, en su gran mayoría, hace “mutis por el foro” y, en otros, se limita a hacer donaciones al sistema de salud, obviamente privatizado.

  1. El segundo paradigma del neoliberalismo es el “Déficit cero” o austeridad en la inversión pública, dogma impuesto en las constituciones de los Estados europeos a raíz de la crisis económica de 2008. El mandato del “déficit cero” celosamente vigilado por el FMI y por las instituciones comunitarias con sede en Bruselas, llevaron al recorte de la inversión social en Europa, como ya habían hecho en América Latina desde finales de los años 80. Cierre de hospitales y escuelas públicas, reducción de personal, menor compra de equipos y dotación para los hospitales, privatización de la salud, como ocurrió en Madrid, España, que ahora padece el mayor número de contagios y muertes por coronavirus (visto el efecto hay que buscar las causas) y traspaso de la educación y la atención de ancianos al sector privado mediante la fórmula de colegios y centros concertados. Los resultados de la crisis sanitaria actual dejan bien clara la ineficacia de estas medidas. En América Latina ya conocemos la situación real del sistema de salud y podemos prever las consecuencias de esta política.

  2. El tercer paradigma del neoliberalismo es la libertad de comercio y las fronteras abiertas. Con base en esto, Occidente delegó en China –una dictadura donde no rigen los Derechos Humanos- la producción de bienes de consumo, medicamentos y equipos de toda clase para ahorrar costos, aprovechando los bajos salarios que allá pagan y, con ello, acabar con el empleo local, el trabajo decente y los sindicatos. El tristemente célebre virus SARS CoV-2, que provoca el covid-19, surgió en Wuhan, en el centro industrial chino. A esta ciudad llegaban comerciantes de todo el mundo para formalizar sus pedidos de mercancía, facilitando la expansión del virus hacia otros países de Asia y de Europa. El libre comercio se trastocó en el libre transporte del virus que contagió a la humanidad. Adicionalmente, la parálisis impuesta en la provincia china de Hubei dejó a los demás países desabastecidos. La crisis puso en evidencia esta dependencia y convirtió a los países de Occidente en víctimas de su propio invento.

  3. En Europa los primeros contagios se presentaron en el norte de Italia, alrededor del núcleo industrial y financiero de Milán, ciudad turística por excelencia. Fueron los turistas los encargados de expandir el virus por los otros países de Europa y de América. La trazabilidad de los contagios, en cuanto a Colombia respecta, indica que de Italia pasaron a España y a Estados Unidos, entre otros, que son la fuente principal de los contagios importados en nuestro país. Tres de los grandes centros turísticos del mundo: Italia, España y Nueva York, son hoy los principales focos de infección. El turismo, ícono de la globalización y bandera del neoliberalismo, es el motor expansivo de la nueva plaga global. De motor económico pasó a ser el motor que impulsó la transmisión del virus.

  4. No es un paradigma neoliberal, aunque lo parece: la desigualdad cada vez más notoria en el mundo hace que las medidas de protección aplicadas, como el confinamiento general de la población, no tengan el efecto deseado. ¿Por qué? Porque medidas de esta naturaleza parten de una percepción equivocada de la realidad: no todos los ciudadanos tienen un empleo en oficinas que puedan trasladar a sus casas, no todos tienen un empleo fijo y un salario decente, no todos se transportan en vehículos particulares, no todos tienen las provisiones aseguradas, no todos tienen uno o dos o tres computadores en su casa, no todos tienen servicios públicos, en fin, la lista de privaciones de los grupos vulnerables se haría interminable. En estas condiciones, el confinamiento obligatorio se convierte para estos grupos, que son la mayoría de la población del tercer mundo, en una condena a muerte.  La igualdad es un Derecho Humano que no ha saltado de las constituciones a la vida real. Tuvo que venir el maldito coronavirus desde los confines del mundo para demostrarlo.

  5. La ética no es precisamente un plato que guste al neoliberalismo, el mismo que ha demostrado no tener una base ética en su proceder. Es inaudito que ante el derrumbe del sistema y la precarización de la mayor parte de la población, el Estado corra a llenar de dinero a los bancos para que puedan prestarles dinero a los ciudadanos empobrecidos, en vez de entregar ese dinero a los ciudadanos para que no sean devorados por los bancos, los prestamistas y las empresas de servicios públicos, que seguirán tirando sus facturas debajo de la puerta, como si el mundo no hubiera cambiado en solo dos meses, dos terribles y dolorosos meses, que espero dejen suficientes lecciones que obliguen a cambiar el orden de las cosas.