El Oasis de la vida: Origen de la putrefacta oligarquía colombiana

Por Luis Carlos Correa Restrepo (foto)

Aquí no importa que sea de origen Libanés, Escoces, Alemán, Español, Indígena o Italiano etc. En Colombia los políticos vienen de dos mujeres que se apretaban los senos para resaltarlos y se ponían corsé para aplanar sus estómagos lascivos y sus vientres ávidos.

Su apellido Ibáñez eran dos hermanas “putas reputas” que utilizaron sus partes  con fines políticos y dejarnos esta escoria de mandatarios que nos gobiernan por años.

Miren esto: Juan Manuel Santos, Rafael Pardo Rueda y Clara López Obregón tuvieron en común algo más que su deseo de ocupar la primera magistratura de la Nación.

Los tres son tataranietos de dos de las hermanas Ibáñez que enloquecieron a Bolívar y Santander, desabrochados que murieron tísicos de tanto sexo con ellas y con otras.

Nicolasa y Bernardina. He aquí la historia de Colombia entre sudores, miasmas y peos.

La descendencia (Nicolasa y Bernardina) de Manuel Ibáñez Vidal y Manuela Jacoba Arias es un poderoso clan por el que los colombianos hemos votado desde hace siete generaciones para elegir seis presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes de Bogotá y muchos congresistas.

Originaria de Ocaña Norte de Santander, esta es una de las familias con mayor vocación de poder político en Colombia.

Como oportunistas con un nido en su seno conviven las ideologías más dispares encarnadas en el fundador del partido Conservador, José Eusebio Caro, hijo de Nicolasa. Es su tataranieto, el expresidente del partido liberal colombiano Rafael Pardo Rueda. Su tataranieta Clara López Obregón, mujer burgués, sobrina de Alfonso López Michelsen, quien milita en la izquierda como presidente del Polo Democrático, y más a la izquierda cofundadora del M 19, disfrazada de comunista para conseguir el poder ayudada por las masas.

¿Pero quiénes eran Nicolasa y Bernardina, las integrantes más famosas de la familia Ibáñez? Nicolasa tenía 19 años cuando coloca en Ocaña sobre las sienes de Bolívar la que será su primera corona de laurel. Ya estaba comprometida con el realista Antonio José Caro, preso en Mompox por las tropas patriotas de Bolívar, quien lo libera y el matrimonio se efectúa.

No sin antes Bolívar cobrar la noche de pernada.

En 1815 aparece en Ocaña el coronel Francisco de Paula Santander, de 23 años, jefe de los ejércitos del norte y se convierte en amante de Nicolasa.

Los celos de Santander por Nicolasa fueron comidilla pública y generaron muchos escándalos, entre ellos uno muy grave cuando era presidente de la República.

Nicolasa, todavía hermosa cumplía 41 años y su cabello y sus senos abultados atrajeron al vicepresidente José Ignacio Márquez quien le llevó un regalo hasta su casa. El general Santander apareció como por arte de magia y por poco mata al vicepresidente, quien en venganza se le opone en las elecciones del 37 y lo vence. El episodio se considera como el origen de los partidos políticos corruptos. Nacidos de los cucos sucios manchados y apetecidos de esta gran puta.

Quien fue amante del Santander, abuela del expresidente Miguel Antonio Caro, abuela política del presidente Carlos Holguín, y bisabuela política del presidente Roberto Urdaneta.

Su hermana nace en 1803 y en 1819 fue escogida para coronar con la corona de laurel a Bolívar después de la batalla de Boyacá. Bolívar tenía 36 años, Bernardina 16 y desde ese instante la asedió con sus requiebros amorosos. Le levantó la falda en el patio y le hizo el amor en la alcoba de la guardia, luego de hacer huir a los centinelas.

Bolívar prendado de su juventud y pasión le escribe: “No pienso más que en ti, y en cuanto tiene relación con tus atractivos. Te escribo mil veces pero tú, ingrata, no me respondes”.

Bernardina violada y con dudosa virginidad desdeñó a Bolívar porque estaba enamorada del coronel Ambrosio Plaza. Dicen que para separarlos, Santander por orden de Bolívar lo mandó al frente de combate y lo mataron en la batalla de Carabobo, lo que hizo que Bernardina odiara a Bolívar.

Años más tarde, como puta refinada, se rinde al seductor más conocido de la época y progenitor de 180 nietos, el multimillonario Miguel Saturnino Uribe Santos, Socorrano, pariente de Antonia Santos.

De esa unión nace Carmen Uribe Ibáñez, a quien como fruto del pecado se le encierra en el convento de las monjas de la calle 17 con séptima en Bogotá bajo la protección de su padre. Para lavar la honra de Bernardina, el procurador General de la Nación, Florentino González la desposa.

Al paso de los años Carmen Ibáñez se casará con el cónsul Danes Carl Michelsen. Su nieta María se casará con Alfonso López Pumarejo  y la hará bisabuela del presidente Alfonso López Michelsen.

Muchos son los presidentes de la familia, pero el resto de parentela no es desconocida. Entre ellos el gran maestro de la logia masónica de Colombia Álvaro López Holguín, María Mercedes López, Angela María Holguín, los ex ministros  Ángela Montoya Holguín, Miguel Urrutia Montoya, el ex senador Miguel Santamaría Dávila, El ex alcalde de Bogotá Diego Pardo Koppel y una gran cantidad sin fin de bastardos de abolengo criollo.

En resumidas cuentas, de estas dos mujerzuelas que se acostaban con quien tuviera poder político. Variaban de amantes y de partidos políticos como los políticos de hoy en día. Bueno la historia… seguirá en otro capítulo.

Aporte de Carlos Pulido.