El Oasis de la vida

Por Luis Carlos Correa Restrepo (foto)

LAS TRES PREGUNTAS MÁS IMPORTANTES

Había un rey que pasaba sus días reflexionando sobre tres preguntas de suma importancia en este mundo: ¿qué persona es la más importante? ¿Qué cosa es la más importante? y ¿cuál es el momento crucial para actuar?.

Ninguno de sus consejeros era capaz de respondérselas. Hasta que un día, en uno de sus paseos de incógnito llegó a un lugar alejado y buscó albergue en la casa de un venerable anciano para pasar la noche.

Un ruido lo despertó de madrugada, y vio que un hombre cubierto de sangre irrumpía en la casa del anciano. El hombre dijo:

-Me vienen siguiendo.

El anciano respondió: será mejor que entres y te escondas.

Al rato llegaron los soldados perseguidores que preguntaron al anciano: ¿Has visto a un hombre que pasaba corriendo? A lo que el anciano contestó que no sabía y los soldados siguieron el camino.

Poco después el hombre perseguido dijo unas palabras de agradecimiento y se marchó.

A la mañana siguiente, el rey le preguntó: ¿Es que no temes que caiga sobre ti alguna desgracia? ¿Cómo te atreviste a dejar entrar a aquel hombre del que nada sabías?

El anciano respondió sin inmutarse:

-Es que no hay en el mundo persona más importante que la que en este preciso instante necesita ayuda; no hay cosa más importante que prestar esa ayuda de inmediato; no hay momento más importante que este momento.

Las tres preguntas del rey quedaron contestadas.

EL ANILLO DEL REY

Una vez un rey citó a todos los sabios de la corte, y les informó:

– “He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo”.
Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.
El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.
El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:
– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”
– “¿Cómo lo sabes preguntó el rey”?
– “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.
En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.
– “Pero no lo leas”, dijo. “Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.
Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.
Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.
Caer por él, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.
Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento…
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARÁ”.
Del Libro “Cuéntame un cuento inolvidable”. Biblioteca Luis Carlos Correa Restrepo. Páginas 36 y 69. LEGIS