El Jodario: Martha Lucía

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Por Gustavo Alvarez Gardeazábal

Por estos días tan aciagos que pasa Colombia, he estado pensando en Martha Lucía Ramírez. Quienes la conocemos desde hace tanto rato y le hemos oído sus planteamientos, tal vez demasiado largos pero no por ello irrazonables, podríamos hasta creer que en las actuales circunstancias del país ella es una reserva inmediata que podría servir muchísimo para salir del atolladero. El hecho de que haya sido elegida vicepresidente del país no le puede resultar un estorbo para que los colombianos la oigan no haciendo eco a lo que ella sabe que no funciona, sino tomando la bandera que todos queremos en el fondo que alguien ondee con responsabilidad y buen tino.

Ella sabe de política. Se ha curtido en esas lides yendo y viniendo del éxito a la derrota, de la vida juvenil de modelo a la de ministra de la Defensa Nacional. Ella ha recorrido el país, conoce sus intríngulis y las variedades temperamentales de que gozamos por pisos climáticos los colombianos. Por supuesto el país la conoce, sabe quién es ella, qué piensa y, sobre todo, sabe cómo actúa en situaciones difíciles o ante problemas inverosímiles. Ella es reconocida por quienes ocupan escaños en el Congreso porque todos afirman que conoce y practica el lenguaje circunstancial de sus oficios.

A más de hablar muy largo y de no tener un buen modisto ni un buen peluquero, puede tener defectos como todos los seres humanos y quizás hasta se enrede sola. Pero como los disimula bien y ha corregido algunos con el paso de los años, existe una tendencia nacional a compararla con el primer mandatario y su despistada manera de ejercer el oficio asignado y, obviamente, ella sale ventajosa porque basta con tener un solo dedo de frente para reconocer que la colección de actitudes intonsas que comete quien nos gobierna, ella no las repetiría y nos podría sacar exitosamente adelante.

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