El Jodario: Los recicladores @eljodario

 

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (foto)

En este mar de pesimismo que nos baña a todos, dos fundaciones caleñas han emprendido, desde ángulos diferentes, el esfuerzo de reciclar. La una recoge y procesa las botellas de licor, la otra los envases plásticos. Dotada cada una de su máquina seleccionadora y trituradora, revierten esas materias primas adecuándolas al usuario final que requiere peloticas de plástico para ingresar en otros productos o vidrio molido para volver a fabricar botellas.

Los de la Fundación K,” Natalia Botero”, recoge las botellas vacías de licores que las industrias departamentales o los importadores abandonan en manos de los bebedores, ayudando a que unos y otros cumplan con las órdenes gubernamentales que impusieron un plazo a todos ellos para recoger las botellas vacías en pro de evitar su ulterior utilización en la fabricación de adulterados.

Recicloplas es un emprendimiento donde los dueños son los mismos recicladores caleños, financiados y asesorados por Carvajal Empaques y la Fundación Carvajal  y trabajan con mucho empeño captando de los basuriegos o de las cooperativas de recicladores más de la mitad del material que transforman. Ya se está consolidando otro proyecto en Buenaventura con los mismos apoyos y las mismas ilusiones, liderado por una pequeña empresaria.

Si a los recicladores de plástico les impulsaran con una norma tan estricta como la que ya está empezando a regir para los productores e importadores de licores, y que ahora los obliga a disminuir las bolsas , muy probablemente  los envases plásticos de único destino podrían ser recogidos en un alto porcentaje y la pujanza de Recicloplas se expandería. De la misma manera si las secretarías de Hacienda departamentales y la misma DIAN hicieran un esfuerzo publicitario para generar la entrega de las botellas vacías de parte de la comunidad, hasta los ingresos por hipoconsumo de licores aumentarían. No es mucho lo que hay que hacer, pero a veces se puede y  hay que destacarlo.

EL LAUREANISMO

En Colombia siempre han existido fanatismos siguiendo a quienes nos dirigen y cuando se han polarizado al extremo, nos llevaron a llenar de cruces los cementerios de la patria. En el siglo pasado, desde 1921, cuando armó la tremolina recién estrenado en el Congreso y tumbó al presidente Marco Fidel Suárez, hasta 1965 cuando murió, Laureano Gómez levantó una fanaticada mayúscula con la que consiguió hacer temblar al país, despertar amores irracionales y odios mucho peores.

Ser laureanista era algo más que una enfermedad. Hablar contra Laureano (y en ese tiempo no existía el libertinaje de las redes sociales) podía llegar a ser un delito político que solo se pagaba con la muerte o la persecución. Las nociones absolutas de derecha, la defensa de la fe católica y de los obispos, pero sobre todo la capacidad de estigmatizar a quienes les enfrentaban uniformándolos con el ropaje general de “comunistas” les permitió dividir al país y llevarnos, cuando por fin Laureano pudo ser presidente en 1949, a una guerra civil no declarada llamada “la violencia”.

Por supuesto Laureano y sus seguidores instrumentalizaron el poder solo para ellos y cuando no les alcanzó, buscaron la fórmula de  convocar una Asamblea Nacional Constituyente estructurada entonces por el sistema corporativo, al estilo de las Cortes Españolas que el generalísimo Franco había instaurado en su país después de la cruenta guerra civil de 1936 a 1939.

Todo ello, más la imagen de monstruo que le generaron con sevicia los periódicos liberales (que eran los únicos de circulación nacional), sirvió para que sus fanáticos laureanistas se volvieran una casta de furiosos, muchas veces cercanos al irracionalismo, no un batallón de defensores de la moral pública que Laureano cual Catón enarboló toda su existencia con atrevimiento y ejemplo de vida privada. (La historia en Colombia como nos negamos a enseñarla, se repite).

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