El Jodario: Las 3 del tintero

 

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (foto)

Los congresistas son sastres remendones

La labor que ha estado realizando el Congreso frente al proyecto de REFORMA MISERABLE que ha pretendido el gobierno hacer pasar como ley de la república, es apenas igual al de los sastres remendones. Mientras más pasan los días y las horas, las comisiones y subcomisiones creadas no han hecho sino encontrar los defectos con que el ministro Carrasquilla presentó la mal llamada ley de financiamiento. Pero si sobre la base de todos los datos equivocados y pesimamente, cuando no falsamente presentados (como el del tal déficit), los congresistas hubiesen sido rotundos y devuelven el proyecto al gobernante, la amenaza sobre el país se hubiese eliminado. Pero no. Los congresistas prefirieron sacar aguja y dedal y, como cualquier sastre de otrora, han remendado la ley hasta volverla un colcha de retazos que solo garantiza que se trata de una REFORMA MISERABLE.

El edificio babilonia orgullo de la ingeniería

Por cuenta de una apelación a la medida tomada hace un mes, en manos del doctor Bedoya, alcalde de Itagüí, se encuentra nuevamente la decisión de tumbar o no tumbar el edificio Babilonia que hace parte de los 16 edificios enfermos que en los últimos años se construyeron en el Valle de Aburrá. Este edificio, como casi todos los otros que se han visto caer, derruir, desocupar o remendar, sufre serias fallas estructurales que no garantizan la seguridad habitacional a quienes lo adquirieron. Las culpas se las pasan entre el curador, los constructores, los inversionistas, los diseñadores y los calculistas pero, en el fondo, es otro ejemplo de la crisis de la ingeniería en Colombia que a toda costa debe ser revisada desde su nacimiento en las universidades. No se puede seguir negando al fenómeno ni continuar con las disculpas. Son demasiadas obras de ingeniería, a más de los edificios del Valle de Aburrá,las que han demostrado lo que de verdad está pasando.

Hasta que se le salió la piedra

El espectáculo, ante las cámaras de video, que brindó el alcalde de Bucaramanga mientras alegaba con el concejal John Claros resultó como todo lo que el terco, cascarrabias pero eficiente administrador ha hecho a lo largo de su mandato: confundir su despacho de alcalde con el de empresario y como el concejal resultó tal vez más insistente que él, se le salió la piedra y le pegó. Como hombre de negocios ya lo resolvió presentando excusas, pero como su ejercicio de burgomaestre ha sido tan cuestionado, sus enemigos tenían derecho a banquete por la vía del autoservicio y por esa razón o por otra,pero para ganarse el show, el Procurador Carrillo lo suspendió vertiginosamente en la mañana del viernes. Otro alcalde más que hace capilla y otra palada al monumento de la desconfianza que el colombiano común toma sobre quienes administran el estado.