El Jodario: Duquedesidia @eljodario

 

Por Gustavo Alvarez Gardeazábal (foto)

Desidia es negligencia, falta de cuidado. Tengo un ejemplo concreto: el 31 de este mes se cumplen 12 meses desde cuando la firma de ingenieros Solarte, por razones de todos conocida, se vio obligada a entregar las concesiones con las cuales hacía el mantenimiento de varias carreteras del país, las cuales, hay que decirlo a pulmón, funcionaban debidamente y lograban, con la plata de los peajes, mantener en muy buen estado las  que tenían a su cargo, como la Vía Panorama, la carretera a Buenaventura o la que va de Santander de Quilichao hasta Buga. Por esa misma fecha también se dio por terminada la concesión de mantenimiento de la recta Cali-Palmira y la de Puerto Triunfo a Santuario.

Desde hace un año, por negligencia o falta de cuidado, es decir por desidia, el gobierno del señor Duque no ha adjudicado los nuevos contratos de mantenimiento y, lo que es peor, se ha hecho a la plata de los peajes pero las carreteras en mención se encuentran desbaratadas. La disculpa inicial de este régimen era que la plata de los peajes de agosto a diciembre no había sido incluida en el presupuesto de Santos del año 2018 y, como tal, tampoco existía la manera de llevarla al gasto para el mantenimiento, por cuenta del Invías. Dicen que toda esa plata se fue al fondo común del Tesoro Nacional.

Pero llegó el 2019 y como  ya sonaba muy feo echarle la culpa al anterior gobierno y el presupuesto fue aprobado cuando ya la duquedesidia regía en Colombia, estamos evidenciando que lo que no han existido son ganas o tan siquiera responsabilidades para arreglar ese problema y evitar el deterioro mayor de tales carreteras. Ahora se vuelve a dar el caso, Sims Tech. Desmontará el 31 de agosto las 140 cámaras que vigilan las vías de este país y como es la desidia y no el señor Duque quien nos gobierna, no hay plan B para reemplazarlas.

CANARIOS PERSEGUIDOS

Los  británicos crían canarios en jaula desde 1580, las épocas de Isabel I reina de Inglaterra.

Los llevaron de Portugal, donde ya adornaban domesticados los corredores y ventanales de muchas casas señoriales. Desde entonces hay canarios en casi todos los países del mundo, donde cantan, enamoran, se reproducen y alimentan sus crías en jaulas.

Quienes han intentado levantarlos y mantenerlos en espacios más grandes, han fracasado. Acostumbrados a tener el agua y la comida a la mano, a estar tapados en las noches, el hambre y el frio los mata. En Colombia los hay amarillos silvestres y ha sido tradición en la Costa asimilarlos a los europeos y enseñarles a cantar, primero colocándoles jaulas paralelas y, en los últimos tiempos, usando las reproducciones de los distintos timbrados que facilita por horas el youtube.

Por estos días, sin embargo, quienes hemos sido hechos en hogares donde hubo canarios y hemos seguido hasta la vejez oyendo cada mañana sus trinos y hemos leído y hemos visto videos y sabemos cuánto se ha progresado en sus cruces, alimentación y estudios, no podemos entender el absurdo que entre histéricos animalistas revestidos de poderes medioevales y uniformados aplicadores del nefasto Código de Policía, han decidido volver clandestino el placer de tener canarios y de trastear con ellos para exhibirlos y ponerlos a competir, como todavía se hace en muchas barriadas barranquilleras.

Yo, que cuando fui electo alcalde dos veces de mi pueblo monté 16 jaulas en mi despacho para que el trino de los canarios me espantara a los politiqueros pedigüeños y desconcentrara a quienes iban a tratar de hacerme caer en sus trampas, pienso en el lio en que me habría metido entonces donde un policía o  un sicario ambientalista hubiesen aparecido con tales normas prohibitivas a decomisarme mis pájaros. Ahora, apenas garrapateo estas letras para unirme al dolor de las víctimas de la estupidez y sentar mis trinos de protesta.

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