El Jodario: Armar la guardia indígena

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Por Gustavo Alvarez Gardeazabal

La posibilidad de restablecer el equilibrio en el Cauca debería comenzar por integrar seriamente a los indígenas a la vida nacional. Resulta imposible que ese equilibrio se dé mientras los guardias indígenas  tengan únicamente un bastón de palo como arma para ejercicio de su autoridad y defensa de sus gentes. Si la Guardia Indígena, sin perder ni su dignidad ni su misión, ingresa cohabitando al Ejército Colombiano y hace parte de nuestras Fuerzas Armadas teniendo un comandante indígena que haga parte de las estructura nacionales y garantice el régimen especial que la Constitución del 91 les dio, habremos dado un gran paso para buscar la solución a los problemas que hoy azotan con terror al  Cauca.

Todos sabemos que los problemas por la tierra, el desprecio racista, el narcotráfico y el desequilibrio social han sido elementos permanentes durante décadas allí. Para nadie es un secreto que mientras las Farc, los elenos y hasta los paracos estuvieron por esas tierras, la relación de sometimiento o  de aparente tolerancia hizo sospechar a más de uno que a los indígenas o les tocaba una partecita del botín o una garantía de seguridad. Pero se disolvieron las Farc, se quedaron los narcos que compran la coca que se produce en la región y aparecieron los disidentes faruchos y todo parecería venirse abajo porque los guardias indígenas, tan simbólicos como desarmados, no pueden parar el monstruo de siete cabezas que se devora estructuras, campos y vidas.

Probablemente esta propuesta hará temblar los cimientos de las casonas hidalgas de Popayán y hacer poner pies en polvorosa a los pocos latifundistas que allá quedan, pero los faruchos disidentes, los narcos mexicanizados y los indígenas sentirán inmediatamente que se habrá restablecido el orden  que la ausencia del estado ha sido incapaz de garantizar y mucho menos pretendiendo hacerlo con 2.500 soldados.

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