27 octubre, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

El bienestar es un derecho para todos

Claudia Posada

Por Claudia Posada 

La legislación en Colombia pareciera inspirarse en evitar el bienestar económico del pueblo colombiano y más bien empeñarse en fomentar el creciente porcentaje de necesitados pues los niveles de pobreza van acercándose cada vez más a la hambruna. Las carencias de las clases socio-económicas de niveles medios hacia abajo, crecen en la misma medida en la que decrecen los ingresos por familia, las oportunidades laborales y el acceso a una buena educación con igualdad de oportunidades. Es de la mayor vergüenza -y da rabia- descubrir las maniobras del Congreso cuando algún proyecto de ley pretende, por ejemplo,  equilibrar la balanza inclusión-exclusión social, pretendiendo disminuir el desequilibrio infame que parece importarle tan poquito a quienes tienen el deber de resolverlo; igual se escurren cuando  se busca castigar severamente a los corruptos, indiscutiblemente culpables del desangre financiero que algunos distinguidos economistas quieren arreglar empeorando las condiciones de muchos colombianos. (Ni en lo más mínimo seguidores de las teorías “Desarrollo y Libertad” del Indú Amartya Sen). 

Para disminuir el riesgo de pobreza en Colombia, y que cada vez se ofrezcan más oportunidades y recursos para que toda la gente que lo quiera pueda participar en la vida económica, social y cultural, alcanzando un nivel de bienestar reconocido en la sociedad en la que se está inserto, tendríamos que tener legisladores responsables ante las comunidades, respetuosos de la Constitución del 91 y éticos. Es importante llamar la atención con respecto a la indiferencia con la que la gran mayoría de congresistas responden a situaciones coyunturales tan sumamente graves como el reciente estallido social en el país, el que, entre otros, evidencia la ausencia de gestión pública encaminada a elevar los estándares de satisfacción individual y colectiva que se lograría si se trabajara con interés permanente por mejorar y enriquecer la vida de todos. 

Los pronunciamientos airados y la gran mayoría de voces que se alzaron desde las distintas esferas de poder, así como en  cuentas de personalidades de la vida pública,  en los recientes caos, lo hicieron para estigmatizar, deslegitimar derechos, agraviar e ignorar las realidades de una Colombia que obliga enfrentar con liderazgo lúcido, las crisis y violencias de larga historia en nuestro país, para lo que es perentoria una inmensa capacidad  de superar barreras con toda la transparencia, que inspire confianza y credibilidad. Estamos en espera de ese buen líder. 

Pero lo más desalentador, es comprobar que no solamente a instancias como la rama legislativa, se asumen con negligencia los compromisos que les son de su competencia. Aunque de otra manera, digamos, menos comprometedora a nivel personal o individual que en el Congreso; sí, institucionalmente, hay responsabilidades que tampoco se atienden previendo que afectan de alguna forma, desde lo más simple de la cotidianidad, hasta lo más grave e irreparable como es una vida.  Por estos días se supo del accidente de una adolescente de 13 años, Yuliza Adarve, al zafarse de la garrucha que remplaza el puente destruido en la contingencia de Hidroituango, consecuencia de las afectaciones por el aumento del caudal de agua en aquellos días hace tres años. Al presentarse el derrumbe de la estructura, la misma comunidad lo resolvió de la única manera que podían hacerlo para cruzar el Río Cauca y así los habitantes de Briceño pudieran cumplir sus desplazamientos. Fue el caso en particular de las familias en la Vereda Palestina, en donde vivía la niña que tristemente el propio papá localizó sin vida. Las comunidades de estas zonas, según los mandatarios locales, hicieron a través de ellos llamados constantes a EPM para que construyera el puente requerido y garantizar un paso seguro. A dos años de la contingencia, es decir, hace más de un año, el gerente general del ente autónomo en ese entonces, dijo:  

“En estos dos años de contingencia nuestra Empresa no ha ahorrado esfuerzos ni recursos para disminuir los riesgos de las poblaciones localizadas aguas abajo del Proyecto…” Y en la misma información, en lo pertinente a los “Avances Sociales y Ambientales”, en cuanto a transporte y accesibilidad, se lee: “… Los puentes El Turcó y Palestina ya tienen los diseños definitivos para su construcción y EPM sigue a la espera de algunos permisos ambientales por parte de Corantioquia para comenzar trabajos”.  Cómo así ¿se fue la vida de una niña que cruzaba de manera insegura y posiblemente con mucho miedo el río en una garrucha artesanal, ella en cumplimiento del compromiso de llevar un almuerzo para alguien al otro lado del río, y la noticia pasa como tantas que suman tragedias evitables? Resulta entonces que el puente no existe porque se está a la espera de un trámite a tres años de la promesa de responder por los daños que comprometen la vida de las personas. ¿Cómo se puede llamar esa y muchas situaciones similares que afrontan las comunidades que no son atendidas porque no son la prioridad de ciertos sectores? Leyes, normas, decretos, promesas que pretenden cobijarlas, son letra muerta.  

Todo ser querido vale en su familia, sea del estrato que sea; viva en el campo humildemente o en abundancia; pertenezca a la ciudad en opulencia o al barrio marginado; sea de ilustrados o no; alcancen una profesión con facilidades y privilegios, o con sacrificios; o se trate de una familia cuyo objetivo es alcanzar el poder y mantenerse en él para beneficio propio. Las tristezas no pueden ser solamente para los “de ruana”, mientras la felicidad para unos cuantos “vivos” solamente. Son muchos años de un pueblo sumiso y aguantador. Busquemos el bienestar que es un derecho de todos; y el bienestar es vivienda, empleo, salud, educación, recreación…No se trata de mansiones iguales, ni que todos sean capataces o gerentes, ni matricula cero para asistir a pie a los establecimientos más encopetados; no, se trata de democratizar el bienestar y tomar consciencia del servicio público con mentalidad solidaria. Estamos hartos de oír tanta desfachatez estigmatizante.