Por Jorge Mario Gómez Restrepo*
Dos escenarios, dos discursos y una misma pregunta ¿quién gobierna el mundo cuando las reglas ya no importan?
En tiempos de incertidumbre se reclama un liderazgo responsable, capaz de anteponer el interés colectivo al económico y al personal. Sin embargo, lo que emerge con más fuerza no es ese ideal, sino discursos que normalizan el sacrificio social mientras blindan privilegios. El colapso del orden mundial no ha sido igual para todos, y tampoco lo ha sido la forma de enfrentarlo.
La primera voz es la del primer ministro canadiense Mark Carney, quien habló desde uno de los escenarios más simbólicos del poder global, el Foro Económico Mundial de Davos. No fue una intervención diplomática ni tranquilizadora. Fue una advertencia directa. Desde ese espacio, históricamente asociado a la élite financiera y política, sostuvo que el orden internacional basado en reglas, tal como lo conocimos tras la Guerra Fría, ya no existe.
Dos de sus frases condensaron con crudeza ese diagnóstico. La primera, “si no estás en la mesa, estás en el menú”, una síntesis brutal de cómo el poder global volvió a operar por exclusión. La segunda, cuando afirmó que “la economía dejó de ser un espacio de cooperación para convertirse en un frente de seguridad nacional”. No se trató de juicios morales ni de llamados al consenso, sino de la descripción funcional de un mundo donde la fuerza -económica, tecnológica o militar- volvió a imponerse sobre las reglas compartidas.
La segunda voz apareció en un escenario radicalmente distinto. Fue la de Bad Bunny, el artista puertorriqueño que convirtió su presentación en el Super Bowl en algo más que un espectáculo musical. Sobre el escenario no hubo discursos ni proclamas formales, pero sí una puesta en escena cargada de símbolos. Allí se reivindicó la historia latina en Estados Unidos, recordando que la migración latinoamericana no es un cuerpo extraño, sino una fuerza constitutiva de la identidad norteamericana.
En un contexto marcado por políticas de exclusión, deportaciones masivas y la expansión del discurso de persecución institucional -encarnado en la actuación del ICE-, el mensaje fue inequívoco no se puede borrar a quienes han construido buena parte de la sociedad que hoy se pretende defender.
Ambas intervenciones, tan distintas en forma y contenido, dialogan con una reflexión clásica de Max Weber sobre el liderazgo. Weber distinguía entre la autoridad propia de las instituciones, y la autoridad carismática, que emerge cuando las reglas dejan de convencer y las personas buscan sentido, identidad y reconocimiento. Carney representa la primera, la voz del poder institucional que, aun reconociendo el derrumbe del sistema, busca administrarlo desde dentro, apelando a la disciplina, la seguridad y la adaptación estratégica. Bad Bunny encarna la segunda, una autoridad simbólica que no gobierna, pero que moviliza emociones colectivas frente a la exclusión y el miedo.
Ambos tipos de liderazgo son respuestas diferentes a un mundo donde las reglas tradicionales pierden fuerza y la gente busca nuevas formas de sentirse representada. El contraste es revelador, uno gestiona el colapso; el otro lo expone. Uno habla de poder; el otro de dignidad.
El punto crítico no está en elegir entre uno u otro, sino en asumir la responsabilidad que ambos discursos implican. Si el orden mundial ya no existe como promesa compartida, la pregunta no es solo cómo se administra su ruina, sino para quién se hace. Y si la identidad y la cultura se convierten en refugio frente a la exclusión, el riesgo es que la emoción sustituya a la transformación estructural.
Weber advertía que todo liderazgo auténtico conlleva responsabilidad. En un mundo donde las reglas se erosionan y las emociones se intensifican, esa responsabilidad es doble, evitar que el miedo se convierta en política permanente y que la indignación se quede en espectáculo. Entre la advertencia fría del estadista y la reivindicación simbólica del artista, el desafío sigue siendo el mismo, construir un orden que funcione, pero para ello no debemos creer que observar es neutral, cuando en realidad también es una forma de elegir.
- Abogado Universidad Libre, especialista en instituciones jurídico-penales y criminología Universidad Nacional, Máster en Derechos Humanos y Democratización Universidad del Externado y Carlos III de Madrid, Diplomado en Inteligencia Artificial. Especialista en litigación estratégica ante altas cortes nacionales e internacionales. Profesor Universitario.


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