El agujero negro de la JEP

 

Por José Alvear Sanín (foto)

Por inercia, el país se está acostumbrando a la JEP, y esta, por tanto, es cada vez más osada. Como engranaje estalinista dentro de la rama jurisdiccional, para ella no existe el derecho colombiano, donde imperaban ciertos principios seculares como la imparcialidad y apoliticidad de los jueces, la presunción de inocencia, la ley preexistente al delito, el debido proceso, la doble instancia y la igualdad de los ciudadanos…, que para ese cuerpo espurio seguramente son futesas, resabios apenas de la democracia formal…

Pues bien, como en la JEP todo es inaudito y peculiar, también hay que disculparles todo. Apenas nos enterábamos de la connivencia con Santrich, cuando otro escándalo como el de la nómina paralela lo opacará. El periodista Luis Carlos Vélez descubrió que en 2019 la JEP nos costará 292.000 millones de pesos, dentro de los cuales hay 43.000 millones presupuestados para “supernumerarios”, no solo abogados, oficiales y secretarios, porque el Manual de Funciones de la tenebrosa entidad ha sido modificado —por ellos mismos— para permitir la vinculación de personal en “bellas artes, arquitectura y urbanismo”, extrañas profesiones en un cuerpo parajudicial, ¡a menos que sea cierto que proyectan la construcción de su propia sede palaciega!

Cogidos in flagranti, su presidente salió con una peregrina negativa, declarando que nunca habían solicitado esa partida, que se debía a un error involuntario del Ministerio de Hacienda. A continuación, obedeciendo al razonable temor que la JEP inspira, el gobierno aceptó esa torcida excusa, y solo le faltó pedirle rendidas disculpas a la Linares.

Nunca en la historia de la humanidad un ministerio de Hacienda ha aprobado gastos no solicitados. La misión de esos despachos ha sido siempre la de recortar las solicitudes de los distintos organismos para tratar de balancear ingresos y egresos. No olvidemos que al presupuesto se lo llama budget, tanto en francés como en inglés, vocablo que da idea de economía, y que, en alemán se designa como Haushalt, término que refleja la idea de frugalidad que debería inspirar el gasto público. (Lea la columna).