El adiós de Gardy

@eljodario

Por Mario Fernando Prado

Publicado en El País de Cali.

Unos días después de la tenebrosa inauguración -si así se le puede llamar- del mausoleo donde reposarán sus cenizas en lejanas tierras antioqueñas y luego de que lo echaran en vida del camposanto, diré campoprofano de Circasia en donde lo iban a enterrar parado, el escritor, novelista, orquidiota político y mil cosas más, ha dicho adiós a sus columnas periodísticas autocolgándose per saecula saeculorum de una práctica o mejor un vicio en el que llevaba más de medio siglo de ininterrumpido ejercicio.

Así lo escribió el pasado 29 de noviembre en el periódico ADN y lo replicó a sus miles de seguidores en las redes sociales, generando alegrías y tristezas entre sus lectores que diariamente recibían en El Jodario las opiniones de uno de los periodistas independientes más versátiles de este país.

Y es que Gustavo bien podía descuartizar por igual al superguau del momento como a cualquier funcionarillo de quinta categoría. Todos, sin distinción alguna, recibían los azotes de su pluma y los dardos que repartía a tirios y troyanos muchas veces con sevicia y otras con sus perversas vergajadas, produciendo heridas de difícil sanación. Y claro, eso de pisar callos y señalar lo que otros callaban, le fue granjeando enemistades y odios, manejables a nivel nacional porque ese cantador de las tablas desafiaba a los dueños del más encumbrado poder pero a nivel parroquial producía tales urticarias que más de una vez estuvo amenazado y debieron, tras un severo estudio de seguridad, asignarle escoltas, blindajes, protección de la Policía y otras medidas totalmente incómodas para él.

La gota que rebosó la copa fueron unos comentarios que le valieron el no poder volver a su natal Tuluá y refugiarse en su finca en donde lo cuidan centenares de gansos que con su algarabía anuncian la presencia de extraños y con esa boletiada no hay quién se acerque a pegarle su pepazo.

La verdad, Gustavo ya estaba curado de espanto sobreviviendo a peores situaciones que esta última. Pero lo cogieron cansado y según él, ya viejo y a punta de chupar gladiolo, con solo 75 octubres a cuestas y dijo “no me jodan más” y colgó ‘El Jodario’ sin más ni más.

Y no es por culillo porque -repito- por peores había pasado y ese cosquilleo le es muy familiar, sino porque se cansó de librar tantas y tantas batallas que ignoró el aceitado sistema que nos rige, convirtiendo sus escritos en un diálogo de sordos que según él, ya ni sonaba ni tronaba, cosa que no es así.

Sus columnas, una de las más leídas en este país en donde ya nadie lee, a más de veraces, valientes y muy entretenidas nos hacían saber que había quien pusiera el dedo en la llaga y quien dijera lo que éramos incapaces de señalar como él lo hacía, con ese dedo acusador irreverente e implacable.

Pero parece que la decisión está tomada y no se trata ni de una pataleta más ni -ojalá- de una estrategia del novelista para luego salirnos con quien sabe qué locura de esas con que nos ha sorprendido a lo largo de sus muy bien vividos años. Pueda ser que Gardy recule, método en el que no es un experto, para que su Jodario solamente deje de sobar cuando desde el más allá lo llamen a rendir indagatoria y no pueda hacerse el dormido.