El 27 de julio se abren telones

 

Por Claudia Posada (foto)

¿Por qué en esta etapa de precampaña electoral, se siente en el ambiente político más ansiedad de lo común? Hay un afán un poco prematuro por saber, entre tantos candidatos para gobernar al departamento de Antioquia, y entre tantos otros que aspiran llegar a gobernar a Medellín, quiénes son los de mayores posibilidades para competir en la recta  final y cuáles sus promesas de campaña.

¿Será porque miles de electores que en Antioquia depositaron su voto por Iván Duque para la Presidencia de Colombia, están desilusionados, o mejor, arrepentidos con esa elección? ¿O será porque en Medellín algunos dicen que la administración de Federico Gutiérrez no llenó sus expectativas en lo esencial? ¿O tal vez porque los antioqueños sienten que al gobernador Luis Pérez le faltó prudencia en cuanto a la exposición de asuntos internos que podrían manejarse desde su asiento en las juntas directivas en las que él tiene por derecho propio preferencia? ¿O es porque se cree que al mandatario de los antioqueños le sobran egos que pudieron afectar su imagen hasta el punto de no querer en Antioquia otro mandatario regional que salga con sus mismos aspavientos a mandar correspondencia que, saltándose innecesariamente el protocolo oficial, parecieron más bien cartas abiertas a la opinión pública?

En todo caso, por estas razones o cualesquiera otras, el interés ciudadano con respecto a quiénes quieren gobernarnos, es muy conveniente. Tal vez ese afán, poco usual, por saber más sobre los candidatos, animará a cada uno de los equipos de campaña y a los mismos personajes en contienda, a definir su “ADN o perfil electoral”, en el marco de un sincero análisis que arroje el diagnóstico más acertado posible, para emprender el 27 de julio la campaña que pondrá frente al potencial elector, el discurso con el que buscan apostarle al triunfo.

En este momento, de ninguna campaña puede decirse que está quieta, quedada o desinflada, bien sean de aspiraciones respaldadas en un movimiento significativo de ciudadanos, o con el aval de un partido político. Esta es la etapa de los acomodos, los ajustes, las negociaciones y coaliciones. Hay candidatos cuyas maniobras de acercamiento precoz en busca de reconocimiento – con prácticas lícitas algunas, irregulares otras- piensan ellos, pueden darles ventaja frente a sus contrincantes.

En el juego político no siempre tales triquiñuelas garantizan beneficio; generalmente, cuando se tantea la opinión pública como estrategia que no obedece a un plan de campaña bien estructurado, no hay tal tiempo a favor. Pasarán cosas al interior de los equipos de aspirantes, que seguramente la propaganda en espacio público a partir del 27 de julio, y en medios de comunicación desde el 28 de agosto (igual que en redes sociales pagadas) nos va a sorprender; gratamente o no, pero será entonces cuando el escenario abre los telones para que salgan los actores definitivos y reciten el libreto que han preparado para cautivar.

Es entonces cuando, en esos espacios ahí sí, dilucidemos posiciones e interpretemos propuestas; analicemos acuerdos -políticos y programáticos- que nos ayuden a decidirnos por el candidato que represente afinidad con nuestros propios intereses, porque como electores, individualmente, aportamos un voto que vale mucho para el bien colectivo.

Desliguémonos de aquellas presiones ajenas a nuestro propio querer; es hora de poner más votos “bien informados”, que a favor de los maliciosamente sugeridos. En ese objetivo hemos ganado terreno, no retrocedamos. El proceso electoral debe valorarse ejerciendo el derecho al voto de manera libre. No más el simplismo absurdo: “Eso es lo mismo por cualquiera, todos son iguales”.  ¡Ni riesgos! Conecte cerebro y corazón, y el resultado será su propio convencimiento de la diferencia que usted libremente encontró.