11 mayo, 2021

Primicias de la política, empresariales y de la farandula

Educación y formación ciudadana para una ética planetaria sobre el Cambio Climático

Por Enrique E. Batista J., Ph. D. 

https://paideianueva.blogspot.com/

El Acuerdo de París sobre el cambio climático entró en vigor en noviembre de 2016, con un propósito central: Reducir la emisión de gases de invernadero y detener el calentamiento global con sus efectos perniciosos sobre la calidad de vida en el planeta. Algunos líderes políticos en el mundo, a contrario sensu, han difundido la falsa idea de que no existe tal calentamiento global y que, por tanto, las emisiones de gases a la atmósfera no son responsables del cambio climático.  

El Acuerdo de París ha sido firmado por 196 países. Mediante el mismo se reconoce la necesidad de una respuesta eficaz frente a la urgencia del cambio climático apoyada en conocimientos científicos. Se pactó facilitar el acceso equitativo al desarrollo sostenible, erradicar la pobreza, salvaguardar la seguridad alimentaria, acabar con el hambre y la vulnerabilidad de los medios de producción de alimentos debido al cambio climático. Se reconoció y aceptó que el cambio climático es un problema de toda la humanidad y que, por lo tanto, los países adquieren obligaciones relativas a derechos humanos, el derecho a la salud, protección de los migrantes, de los niños, de las personas vulnerables y al derecho al desarrollo. Se acordó, además, detener el aumento de la temperatura por debajo de 2 grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales, buscando limitarlo a 1.5 grados. Se aceptó reducir los efectos negativos y adversos del cambio climático, promover la resiliencia frente al clima y una emisión baja de gases de efecto invernadero para que no se comprometa la producción de alimentos. 

Se denominan gases de invernadero aquellos que se elevan en la atmósfera, forman un techo y retienen el calor. El principal es el dióxido de carbono (CO₂) con más del 80%, seguido por el metano, el óxido nitroso y los gases fluorados (estos últimos afectan la capa de ozono que protege la vida en la tierra de los de mortíferos rayos ultravioleta). 

Con el antecedente del presidente Trump de retirarse del Acuerdo de París, el presidente Biden reingresó a su país al mismo y convocó a una cumbre virtual de líderes políticos, económicos y ambientales en el mundo con la intención de darle fuerza y consolidar compromisos frente al Acuerdo. La reunión virtual no fue de poca monta; participaron 40 países desde los más avanzados hasta otros de menor nivel de desarrollo; asistieron países que contaminan al planeta en mayor grado y otros que sufren el efecto de los gases de invernadero generados más allá de sus fronteras.  

En esta cumbre se reconoció que el calentamiento global y los cambios climáticos que produce es una crisis que requiere la unión y colaboración de todos los gobernantes, líderes políticos, sectores productivos y de la totalidad de los habitantes del mundo. La superación de la crisis ambiental generada por el calentamiento global, por efecto de los gases de invernadero, requiere, como lo propuso y se convino en el Acuerdo de París, unión y voluntades globales por encima de las divergencias políticas, ideológicas y de los intereses económicos de los diversos países.  

En el evento virtual, realizado en abril de 2021, Jair Bolsonaro, presidente de Brasil cambió de rumbo frente a sus actitudes y acciones previas con respecto al cambio climático; se comprometió con el Acuerdo indicando que protegerá a la selva amazónica, la misma frente a la cual había sostenido que ella era mucha tierra para tan poquita gente. Le será obligatorio a él, por el Acuerdo, proteger también a las comunidades indígenas que en ella habitan.  El Primer Ministro de Japón, subió el compromiso de su país de emisión de gases del 26% que tenía como meta previa al 46% para 2030 y llegar a cerca de cero emisiones hacia 2050. Por su parte, el primer ministro de Canadá subió la meta de reducción de emisiones del 45 % a 50% para 2030 en comparación con el 2005, con una visión de cero emisiones en 2050. 

El presidente Putin de Rusia se comprometió en reducir en su país la emisión de dióxido de carbono y de metano, que es más potente que el primero, y bajar los efectos de los gases de invernadero en las tres décadas próximas. Reafirmó que el bienestar, la calidad de vida de todos y la suerte del planeta dependen de los esfuerzos mancomunados. El presidente de China Xi Jinping reveló la meta de alcanzar el máximo de emisiones antes de 2030 y ser neutral en la huella de carbono hacia 2060.  

El presidente Biden, además de revincular a los Estados Unidos al Acuerdo de París, afirmó que su país estará en el centro de las acciones para combatir el cambio climático y reducirá la emisión de gases de invernadero a 50 – 52 % hacia 2030. La presidente de la Comisión Europea precisó el deseo de que Europa sea el primer continente, hacia 2050, neutral en cuanto al cambio climático. (https://rb.gy/cimy0thttps://rb.gy/tdipmk). Presentaron sus propuestas los demás países invitados, entre ellos los de América Latina y el Caribe: Antigua y Barbuda, Argentina, Colombia, Chile, Jamaica y México, así como varios representantes del sector de la economía y de organizaciones medioambientales. 

Se reconoce en el Acuerdo de París la importancia de los procesos educativos para alcanzar las metas y compromisos fijados en el mismo  y en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (https://rb.gy/dy5n7f),  en la cual se definieron los «efectos adversos del cambio climático» como aquellos producidos en «el medio ambiente físico o en la biota resultantes del cambio climático que tienen efectos nocivos significativos en la composición, la capacidad de recuperación o la productividad de los ecosistemas naturales o sujetos a ordenación, o en el funcionamiento de los sistemas socioeconómicos, o en la salud y el bienestar humanos». 

Esa importancia de los procesos educativos en la mitigación de las emisiones mundiales de gases de invernadero se enfatiza en el artículo 12 del Acuerdo de París, en el que se resalta la necesidad de cooperación para mejorar la educación, así como la  imprescindible sensibilización y participación de todas las personas a las cuales se le garantizará  información transparente, oportuna, exacta y precisa sobre el cambio climático.  (El lector puede encontrar el texto del Acuerdo de París aquí: https://rb.gy/n7ob61).  

Basados en las prioridades educativas del Acuerdo de París conviene su conocimiento y aplicación en el trabajo educativo, desde preescolar hasta la universidad, así como la formulación de proyectos multidisciplinarios que aborden las ideas, principios y valía de las áreas protegidas existentes (preservación de cuencas hidrográficas, selvas y manglares, reservas naturales, santuarios de flora y fauna, parques nacionales, y de la creación y mantenimiento sostenible de muchas más). Los proyectos enfatizarán, entre otras líneas de acción, la resiliencia energética, la restricción al uso de combustibles fósiles, el empleo de las energías limpias que hacen uso de recursos naturales inagotables, renovables y no contaminantes como la solar, eólica, geotérmica, la de biomasa y biogás, la implementación de sistemas de transportes con cero emisiones de gases de invernadero, generalización de la agricultura y la ganadería sostenibles, compra y consumo inteligentes, y eliminación de la dilapidación ambiental con plásticos.  

La educación formal y la ciudadana requieren procesos formativos para la «4R» del reciclaje: Reducir, Reutilizar, Reciclar y Recuperar. A estas algunos agregan el Repensar, o sea la actualización de cocimientos y el cambio en las actitudes y comportamientos frente al medio ambiente, la salud del planeta y de todos los seres vivos, con el convencimiento de que los gases de invernadero envenenan y los desechos contaminan, enferman y matan. Repensar, a la vez, que la mitigación del impacto ambiental negativo conlleva la reducción de las carencias que tienen millones de personas para llevar una vida saludable. Consideración que está bien presente en los Objetivos de Desarrollo Sostenible donde se incluyen, entre otras acciones por el clima: poner fin a la pobreza, alcanzar la meta de hambre cero, salud, bienestar, agua limpia y energía no contaminante asequible para todos para una vida en ciudades y comunidades sostenibles. 

A las escuelas, universidades y demás centros de formación les corresponde ser líderes para convertirse en instituciones eficientes en el uso de energías y para conducir proyectos educativos y de investigación sobre el cambio climático y el derecho a la vida en un medio ambiente sano, con miras a alcanzar una sociedad más sostenible, regida por principios de una ética planetaria que armonice con el bien común.