1 marzo, 2021

Educación para la sexualidad en tiempos del coronavirus: Amor, afecto y ternura

Por Enrique E. Batista J., Ph. D.

https://paideianueva.blogspot.com/

Lo que se ha llamado “educación sexual” en estos momentos abstrusos, intrincados e insoportables precisa de sustancial reorientación. No es el amor en tiempos del cólera. No será formación en la anatomía y fisiología de los humanos, que usualmente acaba en educación para el sexo. Será una educación para el amor, el afecto y la ternura en la era del coronavirus y más allá. 

Entre los componentes esenciales de una adecuada socialización está la «educación sexual», la que sería más apropiado llamarla formación para el amor, el afecto y la ternura, dimensiones que van muchísimos más allá de la biología del sexo, de la procreación, de las enfermedades de transmisión sexual y  de los embarazos prematuros y no deseados. Se trata de una reorientación formativa para adquirir conocimientos, actitudes y valores para una sexualidad sana y segura, componentes que están asociados al desarrollo de las denominadas habilidades socioemocionales, o esenciales, esas que son necesarias para amarse a sí mismo y a otros, rechazar la discriminación, apreciar y cuidar la belleza de la naturaleza, gozar del arte y demás manifestaciones culturales, ser un buen ciudadano en el Estado Social de Derecho, ser miembro meritorio de su grupo familiar y social y tener un desempeño exitoso en el mundo laboral. 

Bien es sabido que concitar interés sobre el sexo genera en muchos, prevención y la invocación de tabúes moralistas. Plantear una propuesta de “educación sexual” guiadas a niños y jóvenes puede conducir a discusiones marcadas por sesgos ideológicos, políticos, culturales, sociales o religiosos, las cuales crean un trasfondo difícil para el funcionamiento y efectividad de cualquier programa de formación hacia una sexualidad sana y segura. No es un campo fácil para los educadores sexuales, en especial cuando las familias tienen, en su derecho, la opción de aceptar o no la orientación que tenga el programa.  

Sexo, sexualidad y sus manifestaciones en la diversidad de comportamientos sexuales han generado desde los más remotos tiempos abundantes cantidades de lo que hoy se denominan fake news (noticias falsas de amplia circulación), como parte de una  infodemia que ha maleducado y llevado a que el sexo, la sexualidad y sus diversas expresiones sean considerados pecaminosas (que en algunos casos se les señala como un camino seguro hacia las puertas de la condena eterna). 

Son prejuicios bastante generalizados, expresiones ideologizadas que hacen de las normales expresiones del comportamiento sexual dimensiones vergonzantes que deben esconderse con recato, suma cautela y evidente pudor. Son tabúes, y también acoso pseudo moralista, que no hacen bien, distorsionan y mal educan en la dirección y concepción del sexo y del género con la connotación de maldad pecaminosa.  

Todavía están vigentes algunas reglas heredadas desde los más remotos tiempos en dónde las decisiones sobre matrimonio y procreación no van ligadas a ninguna expresión previa de afecto o de amor, como es el caso de los ordenados por familias por variadas razones de conveniencia. 

La ONG por la infancia «Save the Children» (https://www.savethechildren.es/) estimó que comoconsecuencia de la pandemia más de 2.5 millones de niñas en el mundo se casarán en los próximos cinco años. La predicción, sólo para 2020, es que un millón más quedarían embarazadas, incrementando el total de matrimonios de niños y niñas obligados a contraer matrimonio ese año a 12.5 millones. Esa misma organización señaló que 10 millones de niños (en especial las niñas) podrían no regresar a las escuela, quedando ellas en riesgo de preñez. Se reconoce que en las niñas entre 15 y 19 años los partos son la causa principal de muerte.  (El lector puede acceder el informe Global Girlhood Report 2020 aquí:https://bit.ly/3aE6TkN.  

La pandemia ha puesto en contexto y bajo consideraciones especiales la educación sexual en las escuelas. Se ha indagado por la validez y efectividad de la formación en las actitudes y el comportamiento sexual en sus diversas dimensiones, biológicas y espirituales, mediante el acceso remoto. En las acciones pedagógicas implementadas de súbito en la actual emergencia esta dimensión formativa no ha sido una consideración visible, excepto entre algunos grupos de educadores sexuales. Como antecedentes hay hoy, y desde antes, algunas experiencias, recursos y propuestas para considerar que ese propósito es viable sin que se prescinda de una formación presencial. 

Como parte esencial de la identidad humana se precisa reconocer que sexo y género no se refieren sólo a la dimensión biológica; la biología determina el sexo. En la página web de Mujeres en Red Sara Berbel precisa: “El sexo viene determinado por la naturaleza, una persona nace con sexo masculino o femenino. En cambio, el género, varón o mujer, se aprende, puede ser educado, cambiado y manipulado”. (http://www.mujeresenred.net/spip.php?article33).  

La democratización o el fácil acceso a información en distintos formatos (videos, fotos, chats, blogs, redes sociales, páginas de porno, spam erótico – sexual y otros) no significa una ayuda o una ventaja, más bien puede ir en contravía  de los efectos formativos escolares, por lo que, de manera presencial o virtual,  cabe el principio  y la meta pedagógica de formar en la habilidad  para acceder y validar información y no caer en las trampas de páginas maliciosas que pueden afectar la integridad física, psicológica y moral de niños y adolescente desprevenidos ante abusadores sexuales y otros peligros en la Red. Es claro que en esta intención es imprescindible la guía y orientación de padres y de maestros. (https://rb.gy/8f8nkm). 

Formar en el amor, el afecto y la ternura es el énfasis que tendrá la educación de los escolares, más allá de la muy corta en alcance que ha tenido la denominada «educación sexual». Sin esa formación no hay, ni habrá, espacio para una vida social y sexual productiva, segura, gratificante, esencial para el buen vivir y el pleno y sano desarrollo de la personalidad. 

Si la pandemia del coronavirus abre el camino a la transformación de modelos y prácticas educativas anquilosadas, paralizadas, congeladas en el tiempo y sin un norte fijo, no podemos esperar menos que también haya cambios sustanciales que permitan alcanzar en todos, incluidos los adultos, una formación en las dimensiones humanas y humanizantes del amor, el afecto y la ternura.